EL MUNDO › LA CONFRONTACIóN MILITAR DESATó UNA CRISIS HUMANITARIA EN LIBIA

Exodo para huir de la guerra

Luego de haber abandonado sus ciudades para huir de los brutales conflictos de la guerra civil, muchos libios saben que no tienen forma de escapar de las privaciones que deben afrontar como refugiados en su propio país.

 Por Kim Sengupta

Desde Sauhat

La anciana mujer estaba sentada de piernas cruzadas sobre una alfombra negra y dorada, un remedo de carpa que intentaba ser lo más parecido a un hogar para ella y su familia, en el medio del estéril páramo en el que terminaron. “Khadafi se me acercó. Yo le dije: ‘Somos tus vecinos, pero no recibimos nada. Hace veinte años que tu revolución reina en Libia, pero nosotros no tenemos electricidad, no tenemos agua”, recordó Malez Mohamed, de 84 años. “Al mismo tiempo, Khadafi nos dio trabajo y construyó caminos de asfalto. Pero ahora se volvió loco. Sus perros llegaron al barrio y empezaron a matar. Esa es la razón por la que debimos huir de nuestros hogares”, continuó.

Más de 300 personas acampan alrededor de Malez y su familia, luego de haber abandonado sus ciudades para escapar de laos brutales conflictos de la guerra civil. Y saben que no tienen forma de escapar de las privaciones que deben afrontar como refugiados en su propio país. La penuria continuará, suponen, hasta que acabe el conflicto.

“No hay agua, no hay conexión eléctrica y tenemos poca comida.” Malez Mohammed sacudió su cabeza. “Muchos niños están enfermos, pero nosotros no sabemos dónde podemos llevarlos para que los curen. Sin ir más lejos, una mujer dio a luz a su hijo en la carpa en la que se refugia, sin ningún tipo de asistencia médica”, remarcó.

Mientras el mundo pone el foco en la campaña militar y en las maniobras diplomáticas que caracterizan el conflicto en la actualidad, una grave crisis humanitaria comenzó a desplegarse sin que la comunidad internacional haga mucho por solucionarla.

El Programa de Alimentos de las Naciones Unidas empezó a distribuir asistencia, pero la mayoría de su equipo de voluntarios, casi todos extranjeros, se estableció en Benghazi, debido a la falta de seguridad por fuera de la capital del gobierno rebelde.

Las áreas cercanas a la línea de frente de combate son, inevitablemente, las más afectadas. Los habitantes de Sauhat fueron forzados a escapar de su ciudad luego de que misiles volaran sobre sus hogares y muchísimos hombres jóvenes de la comunidad fueran asesinados o gravemente heridos. Las tropas de Muammar Khadafi cortaron el suministro de electricidad, mientras que la reserva de agua se secó luego de que se robaran la bomba extractora.

Los habitantes de Sauhat abandonaron sus casas tan rápidamente como pudieron, a bordo de sus jeeps o camellos. Su “nuevo” hogar, en un reseco claro de campo, ofrece poquísimas posibilidades de alimentos o agua.

No hay carne disponible, por lo que ya empezaron a matar sus manadas para proveer a sus familias de carne, ocasionalmente, en sus comidas, que casi siempre consisten en pan y algunos pocos vegetales.

El gobierno provisional de la oposición necesita probar a sus sponsors occidentales que ellos pueden cuidar de su gente. En Benghazi, representantes de ese gobierno sostienen que están mandando comida y otros elementos de necesidad primaria a aquellos que lo necesitan. pero en el principal centro de distribución en Ajdabiya, la otra ciudad que mantienen los rebeldes bajo su control, nunca es suficiente. Saleh Mohammed, un policía que trabaja como voluntario, sostuvo: “Tenemos cientos de personas que esperan aquí por lo que podamos darles. Nosotros distribuimos todo lo que tenemos, pero finalmente debemos rechazarlos porque ya no tenemos más que repartir. ¿Qué más podemos hacer?”.

Los pocos negocios que aún permanecen abiertos en la ciudad mantuvieron los precios de sus productos bajos y no hubo ningún intento de lucrar con una desgracia que afecta a todos. Pero en un país en el que una abrumadora proporción de la población trabajaba en el Estado, hace meses que la mayoría de la gente no recibe un salario.

Sauhat se emplaza tan sólo a 25 kilómetros de Ajdabiya, pero con el cambio de manos del control de la ciudad, que osciló entre los rebeldes y los leales a Khadafi al menos cuatro veces, y el bombardeo diario a los caminos, la asistencia humanitaria llegó a cuentagotas.

Mohammed Aregeh apuntó: “Ahora estamos aún más lejos de Ajdabiya y tenemos que traer todo, incluso agua, campo traviesa. Pero no queremos volver a nuestro barrio porque todavía no es seguro, así que tenemos que permanecer aquí, aun sabiendo que hay 50 hombres durmiendo en sus carpas solos”.

“Sin embargo, como ahora los hombres de Khadafi están presionando en Brega, es la oportunidad que tiene nuestra gente en Benghazi de enviarnos comida. Están enviando armas al camino todos los días así que, tal vez, puedan enviar también alimentos”, concluyó Aregeh.

Sarhim Bel Qassim se pregunta si llegará ayuda para ellos. “Tenemos ayuda francesa, inglesa y estadounidense en la guerra. Pero somos civiles y sería bueno que recibiéramos ayuda humanitaria. Las cosas están demasiado complicadas”, reflexionó.

En el campamento, los chicos no tienen escuela a la que asistir. Los establecimientos educativos fueron cerrados por el gobierno provisional debido al peligro que corrían los alumnos allí dentro. Ahmed Ibadullah, de 17 años, quiere unirse a los rebeldes: “Traté de llegar a la línea de frente de combate, pero por estos días están frenando a todo aquel que no tenga un arma. Lograré conseguir una y me iré con ellos. ¿Por qué no? ¿Cuál es el sentido de vivir así? Es mejor morir luchando”.

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Un grupo de rebeldes saluda el arribo de un barco turco que llega para recoger heridos.
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