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Geopolítica de un cambio histórico

 Por Paola Bianco *

Después de 53 años de la interrupción de relaciones, que siguió al bloqueo más extenso de la historia iniciado durante la presidencia de Eisenhower apenas transcurridos dos años de la revolución, Barack Obama y Raúl Castro concluyeron el histórico acuerdo que devino de negociaciones secretas propiciadas por mediación del papa Francisco.

El motivo directo del diálogo de alto nivel fue un intercambio de prisioneros, aunque éste implicó per se un giro radical en la política norteamericana hacia Cuba, a partir del reconocimiento de su soberanía en una instancia diplomática, negada por todos los gobiernos anteriores. Luego sobrevino el acuerdo de restablecimiento de relaciones bilaterales, lo que generó la reacción del ala neoconservadora más dura, integrada tanto por republicanos como por demócratas, que ya adelantaron que intentarán dificultar la derogación del bloqueo en el Congreso de Estados Unidos. Pero, ¿por qué la administración Obama planteó este giro radical del enfoque de la política exterior hacia Cuba? ¿Qué procesos históricos desencadenaron este cambio? Y ¿qué intereses se jugaron en la reorientación de la política norteamericana hacia la isla?

El restablecimiento de relaciones, que tiene como propósito el fin del bloqueo por parte de Cuba y también por parte de Estados Unidos, busca poner fin al agobio económico al que dio lugar esta política de guerra en “tiempos de paz”, al igual que las medidas de apertura implementadas por La Habana en los últimos años, tendientes a ceder competencias al mercado en una economía centralmente planificada, que ya propició el surgimiento de medio millón de cuentapropistas.

Ahora bien, estos cambios, que implican una redefinición de la última experiencia del socialismo real, se produjeron en un contexto histórico en América latina en el que se erigió una alternativa al neoliberalismo, sustentada en la reconstrucción del Estado regulador y, en algunos países de la región como los del bloque del ALBA, integrado por Cuba, en la experiencia de un nuevo socialismo que promueve una economía mixta en la que coexisten empresas públicas y formas de cooperativismo con inversión extranjera. La alternativa latinoamericana se sustenta, además, en un socialismo aggiornado basado no sólo en la participación, sino también en la democracia representativa, a la par que promueve políticas distributivas. El paradigma socialista del siglo XXI explica muchos de los cambios producidos en Cuba en el último período, incluido el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, ya que el socialismo cubano, si bien ha garantizado los índices más altos de alfabetización y de salud, enfrenta muchas dificultades en la economía, obviamente también por el bloqueo.

El ascenso de nuevos actores con capacidad de desafiar la hegemonía norteamericana, como China y Rusia, que en los últimos años han incrementado su presencia en la región y, con ello, desafiado la hegemonía de Estados Unidos en el hemisferio, sobre todo a partir de la inversión en áreas estratégicas de la economía y del creciente comercio, a la par de la profundización de los vínculos políticos con Latinoamérica, que se expresa en posturas coincidentes en los organismos internacionales tendientes a la multipolaridad, completan el cuadro de aislamiento de Estados Unidos en una región que se ha integrado en la última década.

La salida del aislamiento, que implica terminar con un bloqueo condenado por todos los países latinoamericanos y por el mundo ante la ONU, y los intereses de empresarios norteamericanos que buscan hacer negocios en Cuba, constituyen los motivos del nuevo enfoque de Estados Unidos hacia la isla. Pero el giro de la administración Obama se inscribe en una estrategia geopolítica más amplia que aspira a restar influencia mundial a sus rivales, a partir de sanciones económicas a Rusia por su intervención en Crimea y de medidas como la promoción de la baja del precio del petróleo, determinada a partir de la negativa de Arabia Saudita, miembro de la OPEP, mayor exportador de petróleo y aliado de Estados Unidos en el organismo, de disminuir las cuotas de producción, lo que impactó en la economía rusa y china. La baja del precio del petróleo también influyó en la búsqueda de negociaciones de Cuba con Estados Unidos, por el impacto que tiene en Venezuela, que abastece de petróleo a la isla a cambio de servicios de salud y educación, una cooperación que no está garantizada frente esta crisis que podría terminar de agravar aún más el bloqueo.

Los procesos descriptos están dando origen a una era en la que el eje de la política mundial gira cada vez más en torno de la antinomia hegemonía o multipolaridad, ya que países emergentes como Rusia y China vienen cuestionando el predominio norteamericano, del mismo modo que la alternativa latinoamericana. Por ello, si bien el restablecimiento de relaciones implica un enorme de-safío para el proyecto socialista cubano, del mismo modo que las medidas de apertura, la redefinición de un socialismo a tono con el siglo XXI constituye no sólo una necesidad sino una oportunidad de fortalecer la alternativa al neoliberalismo, que es también una alternativa al unilateralismo instaurado desde el derrumbe soviético, cuyo reverso es la hegemonía del capitalismo financiero.

* Analista internacional, Flacso.

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