SOCIEDAD › OPINIóN

Diez años de ausencias

 Por Jorge Eduardo Lozano *

Se cumplen diez años de aquella noche trágica en Plaza Once que conmovió y oscureció al país. Murieron muchos. No son números. Son historias, anhelos, sueños, vínculos, familias, proyectos... Pérdidas y ausencias en hogares, aulas, oficinas, talleres, clubes, barrios... Pérdidas irreparables en el más estricto sentido de la palabra.

Para familiares, amigos y sobrevivientes la vida continuó como pudo porque el reloj no se detiene. Algunos retomaron los estudios y obtuvieron sus títulos. Hubo casamientos, nacimientos que devolvieron sonrisas y fiesta. Otros la siguen peleando sin muchos logros palpables, aunque continuar remando no es poco.

Para todos, en sus distintos procesos, la vida nunca será igual.

Quisiera que nos detengamos en las familias y la sociedad. Cada uno ha ido recorriendo un camino interior. Sanar las heridas requiere un doble proceso, de adentro hacia afuera, y a la inversa. Desde el interior está la propia voluntad, el cariño hacia el resto de la familia, el deseo de sobreponerse, la gracia de Dios. Los caminos son el diálogo, abrirse a los demás, la oración, salir a pasear, visitar y dejarse visitar, grupos de autoayuda. No todos han dado los mismos pasos.

Las heridas también sanan (o no) desde afuera. Hay cosas que resultan bálsamo que calma y otras que producen el efecto de limpiar heridas con sal gruesa y viruta. Esto último suele venir de las actitudes de la sociedad, de la cual todos somos parte. Me animo a decir que, para la enorme mayoría de la gente, Cromañón es algo que les pasó a otros. Incluso hasta con algún dejo de responsabilidad, si no de culpa.

El cardenal Bergoglio solía lamentarse de que “Buenos Aires no ha llorado lo suficiente por la muerte de sus hijos”. Actitudes individualistas y consumistas hacen pasar de largo ante el dolor de hermanos que es visto como “ajeno”.

La empatía social generalizada de los primeros días y semanas, al año tuvo fecha de vencimiento y fue reemplazada por indiferencia e indolencia. Se agregó sal a la herida.

Es cierto que se generó más conciencia social acerca de las normas de seguridad en lugares públicos. Colegios, bares, clubes se fueron adecuando a normativas nuevas o antiguas. Sin embargo, la corrupción sigue teniendo tolerancia social. Coimas y sobornos logran que las ordenanzas municipales y las leyes no se cumplan. Desde la venta de alcohol a menores en almacenes y supermercados, al consumo de todo tipo de bebidas y drogas en la vía pública, a cualquier edad, en las diversas horas del día.

Tampoco se cuida adecuadamente a los jóvenes que salen a divertirse. Se les ofrece cualquier mezcla de sustancias alcohólicas, pastillas varias como si fueran licuados de frutas. Muchas veces hay enfrentamientos entre grupos a la salida del boliche o la cancha, que provocan lesiones, si no muertes.

Es bueno destacar el lugar importante que han tenido los diversos credos en el acompañar el dolor con el cariño y la oración. Una presencia firme, estable, comprometida. Dios tiene una Palabra que se hace carne en la cercanía con toda condición humana.

Los que murieron en Cromañón son los nuestros, también son los tuyos.

* Obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.

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