EL PAIS › HABLAN EL JEFE DEL BLOQUE PRO EN DIPUTADOS, FEDERICO PINEDO, Y EL LEGISLADOR MARTIN HOUREST

Dos visiones de un mismo conflicto

La oposición cuestiona al Gobierno por su manejo de la crisis con el sector agropecuario, pero lo hace desde diversos ángulos. En diálogo con este diario, un hombre del macrismo y otro vinculado con la CTA fijan las posiciones de sus respectivos espacios.

 Por Werner Pertot

FEDERICO PINEDO, DIPUTADO PRO

“Tendríamos retenciones, pero serían moderadas”

Con la mayoría de los dirigentes centrados en la gestión porteña, la voz que más se escucha a nivel nacional de PRO es la de Federico Pinedo. El jefe de la bancada de Diputados apuntaló día a día la oposición a las políticas del Gobierno. En este reportaje con Página/12 señala que “toda la rebelión fue contra el hecho de que cinco personas no pueden decidir qué impuesto se cobra y en qué se gasta la plata”.

–¿Cómo ve esta impasse en el conflicto del campo?

–Las entidades del campo y la gente han demostrado un espíritu constructivo y democrático muy importante, mucha seriedad y razonabilidad.

–¿Y del lado del Gobierno?

–Veo una actitud cerrada, de cinco personas que gobiernan sin oír.

–¿A pesar de que accedieron a dialogar el viernes pasado?

–El viernes pasado intentaron imponer su punto de vista y como no estuvieron de acuerdo, rompieron la negociación.

–Lo que el Gobierno diría es que las entidades rompieron el diálogo porque volvieron al lockout el sábado pasado.

–Los productores analizaron la posición del Gobierno y decidieron volver al paro. Ahora levantaron el paro para negociar por 30 días, por lo que le están dando una oportunidad al Gobierno de hacer las cosas bien.

–¿Qué piensan en PRO de los cortes de ruta?

–No es un mecanismo bueno de protesta el corte de ruta.

–Sin embargo, Macri prácticamente los justificó el sábado pasado.

–No, justificó el reclamo, no la metodología.

–¿Cómo ve la política del Gobierno de no reprimir los cortes?

–La vemos bien, en tanto no se abuse de eso. Hay un punto donde el poder del Estado democrático tiene que imponerse sobre la voluntad de los particulares.

–Si no lo conociera, diría que acabo de escuchar un argumento a favor del Gobierno...

–Es un argumento oficialista según a quién tienen enfrente. Cuando el que está enfrente es amigo, tienen la posición contraria. La posición nuestra es coherente, la de ellos ha sido esquizofrénica.

–¿Qué política tendría PRO con las retenciones?

–Toda la rebelión fue contra el hecho de que cinco personas no pueden decidir qué impuesto se cobra y en qué se gasta la plata. Las retenciones son una herramienta constitucional. Es inadmisible que las fije el Ejecutivo.

–¿Las tendría que fijar el Parlamento?

–Sin ninguna duda, está en el artículo 75 de la Constitución.

–Todavía no me respondió qué política tendrían ustedes...

–Seguramente tendríamos retenciones, pero serían moderadas y no serían cambiadas; acá se cambiaron cuatro veces en los últimos dos meses. Es imposible vivir en un país así. Tiene que haber políticas estables y a largo plazo.

–¿Esa idea la comparte su ex candidato presidencial, Ricardo López Murphy?

–No tengo idea.

–El planteó que se trata de un impuesto distorsivo.

–Es cierto que son un impuesto distorsivo, pero están en la Constitución y son un buen mecanismo para cobrar el impuesto a las Ganancias.

MARTIN HOUREST, LEGISLADOR DE LA CTA

“Hay que diseñar un plan nacional agropecuario”

Por W. P.

Martín Hourest es el referente porteño del espacio que lideran Claudio Lozano y Pino Solanas. En diálogo con este diario, el legislador plantea que en los cacerolazos tuvo mayor incidencia la inflación que “la solidaridad con la oligarquía ganadera”. El dirigente de Proyecto Sur le pide una autocrítica al Gobierno por “la sojización y la concentración de la tierra”. “Parece loco que, por efecto de la política del Gobierno, tengas en un mismo palco a (Luciano) Miguens y a (Eduardo) Buzzi. Tendrían que preguntarse qué pasó”, sostiene.

–¿Las retenciones móviles son una herramienta de redistribución de la riqueza?

–La retención es un instrumento muy rústico, típico de la emergencia. No se le puede pedir que sirva para suplir un tratamiento diferencial para grandes o pequeñas exportaciones. Sí modera (modera, digo) los efectos negativos de un país que exporta alimentos que consume, pero no puede superar la concentración de toda la cadena agropecuaria. La Argentina tiene un proceso de sojización hace diez años. Y hace cinco se da con tipo de cambio favorable y precios internacionales en alza.

–¿El Gobierno favoreció la sojización?

–Le pongo un ejemplo: ¿Con quién fue Kirchner en el avión a Venezuela y lo presentó como el gran empresario argentino? Grobocopatel. En lugar de denunciar la concentración de tierras, deberían hacerse una autocrítica. Cuando la escucho a Cristina hablar del capitalismo nacional en un contexto de extranjerización, veo que genera un estatuto imaginario que no tiene entidad real. ¿Con quiénes se hace? ¿Dónde está Gelbard?

–¿Cómo analiza esta impasse entre el campo y el Gobierno?

–Espero que esto efectivamente les dé tiempo para ponerse de acuerdo en un plan nacional agropecuario. Y que no se genere esta lógica de hermanamiento de sectores que no tendrían por qué estar hermanados. Parece loco que, por efecto de esta política del Gobierno, tengas en un mismo palco a Miguens y a Buzzi. Tendrían que preguntarse qué pasó, qué hicieron mal, porque el que tiene más poder tiene más responsabilidad.

–¿Es factible la reforma agraria?

–No, una reforma agraria no. Hay que diseñar un plan nacional agropecuario. En este contexto, sería lo mismo que decir que sería buena la socialización de los medios de producción. No hay un actor social dispuesto a eso, pero sí lo hay para trabajar en un plan nacional agrario, contra la extranjerización de las tierras, contra la sojización, contra los pools de siembra.

–¿Cómo analiza los cacerolazos en la Capital?

–Para ciertos sectores porteños, la lógica de “me peleo con el sector agropecuario” es defender a Moreno y la política del Indec, que fue un fracaso. No es que la gente se solidariza con la oligarquía ganadera, sino porque le tocan el culo con el precio en los supermercados. Hay un estado de beligerancia por muchas cosas con el Gobierno y no creo que sea una cuestión de corte de clase, como dice D’Elía.

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