EL PAíS › ARIEL SCHIFRIN EXPLICA EL LANZAMIENTO DEL PRESUPUESTO PARTICIPATIVO

“Participar así es más eficiente”

El secretario de Descentralización de la Ciudad es responsable del programa de presupuesto controlado por los vecinos a través de 43 delegados electos que asumieron su puesto el sábado.

Ariel Schifrin es secretario de Descentralización porteño y responsable del Plan de Presupuesto Participativo, el proyecto que elaboró el Gobierno de la Ciudad con el objetivo de integrar a la comunidad en la toma de decisiones acerca del destino de los fondos públicos. “Alrededor de 10 mil personas han participado durante el primer año de la iniciativa, discutiendo y votando las prioridades presupuestarias”, afirmó el funcionario. Y advirtió que “nosotros ahora tenemos la responsabilidad de llevar a la práctica lo que ellos planificaron. Cuando eso suceda, se va a demostrar que el Presupuesto Participativo es más eficiente que los funcionarios que concentran las decisiones entre cuatro paredes”.
–¿En qué etapa está el Presupuesto Participativo?
–Ya se hicieron los foros a nivel local, donde se establecieron las prioridades presupuestarias. Ahora se están estableciendo los acuerdos entre los 500 delegados de los foros con los funcionarios del Poder Ejecutivo. También acabamos de designar a los integrantes del Consejo Asesor provisorio, que está formado por delegado de los 43 foros, y que tiene por objetivo controlar que se incluyan todas las prioridades votadas por la comunidad en el proyecto de ley que el Poder Ejecutivo va a mandar a la Legislatura. O sea que ya pasamos la etapa barrial y estamos haciendo los acuerdos finales para cerrar el presupuesto del año que viene.
–¿Cómo evalúa la participación de los vecinos en el proyecto?
–A partir de diciembre los vecinos de la ciudad han estado muy movilizados, y por eso Buenos Aires fue la ciudad que tuvo mayor cantidad de participantes durante el primer año. Hace 11 años, cuando esto se inició en Porto Alegre, participaron 1350 vecinos, y muchos menos participaron en Montevideo en el primer año. Justamente, por esta dinámica social y urbana, en Buenos Aires participaron muchos más. Que hayan participado casi 10 mil vecinos, y que 5500 hayan votado en los plenarios de cierre las prioridades, es un paso inicial muy importante. También hay que destacar que una parte de los vecinos que volvieron a participar de actividades colectivas a partir de diciembre, finalmente se fue incorporando (con algo de temor y desconfianza al principio) a este plan.
–¿Qué diferencias existen entre lo que se está haciendo acá y la experiencia de Porto Alegre?
–Hay una diferencia: ellos tienen 11 años de experiencia. Ya tienen toda un cultura en el manejo del presupuesto, hay miles de vecinos que conocen las técnicas presupuestarias, fue cambiando la mentalidad de la administración pública, que es lo que nosotros esperamos lograr acá. Hay que cambiar la cultura de los funcionarios para que este proceso progrese. Pero lo principal es que en Porto Alegre el proyecto creció porque se ejecutó lo que los vecinos presupuestaron, y nosotros ahora tenemos la responsabilidad de llevar a la práctica lo que los vecinos planificaron. Cuando eso suceda, se va a demostrar que el presupuesto participativo es más eficiente que los funcionarios que concentran las decisiones entre cuatro paredes.
–¿Cuáles fueron los logros del proceso?
–Creo que ésta es la única experiencia actual en que el Estado intenta reconstruir su lazo con la sociedad civil a partir de una idea de ampliar la democracia. Frente al reclamo lícito de “que se vayan todos”, hubiese sido un facilismo decir “menos democracia”, pero nosotros hicimos lo contrario. Otro de los logros es haber tomado conciencia de la heterogeneidad de la experiencia: en algunos lugares fue masivo y en otros lugares no lo fue tanto. En algunos lugares los funcionarios de los Centros de Gestión y Participación tuvieron una gran capacidad para convocar masivamente a los vecinos y dejarse llevar por la dinámica de la participación popular, y en otros lugares se dio un paso adelante pero sin tanta amplitud. También es notable que entre los 43 consejeros hay viejos dirigentes vecinales y nuevos líderes urbanos, muchos provienen del movimiento de asambleas.
–¿Qué porcentaje del presupuesto se discutió hasta ahora? –El método que utilizamos este primer año para que el proceso fuese transparente fue el de una matriz presupuestaria, en la cual las iniciativas de los vecinos se fueron acumulando de acuerdo a qué jurisdicción de la ciudad tiene que resolverlas. La metodología de la matriz no pone techo presupuestario, y obliga a transformar la administración pública, es la garantía de que se asignen los recursos para los proyectos votados por los vecinos.
–¿Cómo va a evolucionar este proyecto en el futuro?
–Esto ya creció muchísimo en los primeros meses que hemos trabajado, por eso es tan heterogéneo y tan plural. Todos estamos de acuerdo en que no hemos bastardeado al presupuesto participativo sino que hemos dejado a salvo su pequeño prestigio. Creo que el año que viene, en vez de 10 mil personas van a participar 20 mil, y progresivamente puede sumarse más gente. Es un proceso que tiende a crecer, poco a poco vamos subiendo el techo de la masividad y de la posibilidad de acercar a más vecinos a la propuesta.

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“Ahora tenemos la responsabilidad de llevar a la práctica lo que planificaron los vecinos.”
Para Schifrin, la participación popular no sólo es cuestión de transparencia sino de eficacia.
 
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