EL PAíS › NéSTOR KIRCHNER SE PUSO A LA CABEZA DE SU TROPA EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

Un conductor para los K porteños

El ex presidente decidió intervenir en forma directa en el distrito. Entre sus interlocutores no figura Alberto Fernández. También dejó en claro que no cuenta a Aníbal Ibarra como aliado. Las opciones de Carlos Heller y Jorge Telerman.

 Por Santiago Rodríguez

Néstor Kirchner empezó esta semana a poner un poco de orden en el kirchnerismo porteño, desorientado desde la salida de Alberto Fernández de la Jefatura de Gabinete, y trazó el camino a seguir hacia las elecciones del año que viene: trabajar en la construcción de un espacio “plural y diverso”. Pero esa diversidad tiene sus límites, porque el ex mandatario dejó en claro que esta vez no cuenta entre sus posibles aliados electorales a Aníbal Ibarra. En los contactos que mantuvo para marcarle el rumbo a su tropa, Kirchner también dejó afuera al propio Fernández, hasta ahora su principal operador político en la Ciudad de Buenos Aires e impulsor de la sociedad con el ex jefe de Gobierno.

Con el 2009 ya a la vuelta de la esquina y sin Fernández en un lugar clave de la estructura de poder K, los kirchneristas porteños anduvieron el último mes y medio a la deriva. Desde el desenlace del conflicto con el sector agropecuario, el espacio que todos estos años vino cobijándose bajo el ala del Gobierno comenzó a exhibir, además, síntomas de dispersión. Los que sostienen que “hay que resistir en el kirchnerismo en las próximas elecciones y dedicarse a recomponer el espacio con miras al 2011” se encuentran ahora con otros que plantean escenarios post-kirchneristas, tanto por izquierda como por el lado del PJ.

Kirchner tomó nota de esta situación y decidió intervenir en forma directa en el distrito, cosa que pocas veces hizo en los últimos cinco años y medio, en los que siempre dejó esa tarea en manos de Fernández, a la vez presidente del PJ porteño. El jueves pasado convocó a Olivos al senador Daniel Filmus, su último candidato a jefe de Gobierno; a quien entonces fue su compañero de fórmula, Carlos Heller; y al legislador Juan Cabandié, su hijo predilecto en la política porteña. Fue allí que esbozó cómo debía armarse el kirchnerismo porteño de cara a las elecciones del año que viene.

Cuando terminó esa reunión, Kirchner también llamó a Víctor Santa María y le dijo que lo fuera a ver así lo ponía al tanto de sus planes para la Capital Federal. Como el dirigente del sindicato de encargados de edificio –cuya estructura se ha convertido en el principal sostén del PJ porteño– viajaba al día siguiente a la ciudad española de Murcia, quedaron en juntarse a su regreso.

Las próximas elecciones porteñas serán para los kirchneristas las más difíciles de todas las que enfrentaron desde el 2003 en adelante. La Ciudad de Buenos Aires siempre fue esquiva para los peronistas, que bajo el formato K sólo lograron imponerse de la mano de Ibarra y en segunda vuelta el mismo año que Kirchner llegó a la Presidencia. Desde entonces, todas fueron derrotas y en esta oportunidad suman, además, el desgaste que implicó el enfrentamiento con los ruralistas.

Mauricio Macri se inclina hoy por desdoblar las elecciones y llamar a votar legisladores porteños antes que diputados nacionales, con el propósito de plebiscitar su gestión. Los kirchneristas descuentan el triunfo del macrismo, pero evalúan que ése sería el escenario más favorable para ellos. Calculan que con un buen candidato en el plano local pueden llegar a sacar tres legisladores y se dan por satisfechos con obtener después dos bancas en la Cámara baja. Analizan que peor les iría si Macri decide que los comicios sean en un único día. “En una elección contra (Gabriela) Michetti y (Elisa) Carrió, en la que también se va a presentar Pino Solanas, el panorama es complicadísimo”, señalan.

Del armado electoral que en la Capital Federal sirvió de base para la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner sobresalen Diálogo por Buenos Aires –el espacio conducido por Ibarra, Heller y Miguel Bonasso– y el Frente para la Victoria. Kirchner no tiene en cuenta hoy al ibarrismo; no le perdona a Ibarra que en medio del enfrentamiento con el sector agropecuario haya cuestionado las retenciones móviles y criticado también al secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Cuando se les menciona a Bonasso, los kirchneristas porteños responden: “El año que viene no hay lugar para el kirchnerismo crítico; eso va a terminar siendo oposición”.

El trato con Heller es diferente: Kirchner no sólo lo invitó a Olivos para hablar de la política en la ciudad, sino que además lo tiene como posible candidato a diputado.

Los dirigentes del Frente para la Victoria –que básicamente se nutre del PJ, Nueva Dirigencia y el Partido para la Victoria– se vienen reuniendo todos los martes en la sede de Caras y Caretas. Allí debaten ahora la forma de retomar la iniciativa.

En ese espacio hay quienes siguen atendiendo lo que dice Fernández –como el jefe del bloque K en la Legislatura, Diego Kravetz– y otros que se preguntan hasta qué punto el ex jefe de Gabinete mantiene su condición de conductor político del distrito. Estos últimos destacan el hecho de que no haya participado de la reunión del último jueves y que Kirchner haya dicho ese día “Alberto es mi amigo”. “Cuando le preguntaron por él contestó eso y no que es quien maneja la política en la ciudad, como decía antes”, remarcó a PáginaI12 uno de los que dudan del papel que ahora juega Fernández. Contó también que Santa María le preguntó a Kirchner si lo invitaba a Olivos junto al ex funcionario y la respuesta fue “no”. El miércoles pasado, Fernández decidió a último momento participar de una recorrida que la dirigencia del PJ organizó en el edificio adquirido como nueva sede del partido y no lo recibieron del mismo modo en que lo hacían mientras ocupaba el despacho contiguo a la Presidencia.

Quienes frecuentan a Fernández en su departamento de Puerto Madero admiten que desde su salida del Gobierno sólo habló con Kirchner dos veces y por cuestiones vinculadas con la gestión sobre las que el ex mandatario necesitaba interiorizarse. Incluso, marcan el detalle de que Cristina Fernández haya llamado a Alfredo De Angeli después su accidente de avión y que ni ella ni su esposo tuvieran esa misma deferencia con el ex jefe de Gabinete mientras estuvo internado días atrás en el Sanatorio Otamendi, tras ser operado de una flebitis.

Conocido es el enfrentamiento de Fernández con Jorge Telerman, a quienes muchos kirchneristas –sobre todo los vinculados con el PJ– impulsan para encabezar la lista de legisladores. La postulación del ex jefe de Gobierno es una alternativa que ni el propio Kirchner descarta. Sus fogoneros argumentan que “si las elecciones locales son antes que las nacionales, es el mejor candidato porque ya está instalado en el electorado y el macrismo y la Coalición Cívica no tienen figuras conocidas para competir”.

Kirchner prefiere por ahora no hacer nombres para no acotar su armado político, pero al final decidirá personalmente las candidaturas. “Será quien defina, porque el año que viene la pelea es nacional y, además del carácter simbólico que tiene la Capital Federal, los votos que se puedan agregar acá van a ayudar. Una mala elección en 2009 sería dramática para nosotros”, coinciden, sin distinción, los kirchneristas porteños.

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El ex mandatario ya empezó a pensar cómo enfrentar las próximas elecciones porteñas.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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