CONTRATAPA

Diría la señorita Diana

 Por Luis Novaresio

"Sólo se vive por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ese es el ideal". José Ingenieros.

Uno: "En todo este tiempo apenas si he tratado de enseñar. No de instruir". José Ingenieros decía que se instruye enseñando las destrezas de las ciencias y, quien más quien menos, sabe sumar, dividir, regla de tres simple, isobaras e isohietas y sujeto, verbo, predicado. Lo más talentosos, se animan con el sujeto tácito y los números imaginarios. Los que se creen sabihondos, distinguen golfo, pólder y rías sin dudar ni mirar hacia otro lado. Eso es sólo instruir. Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan. "Yo quise enseñar. Y enseñar, mis queridos alumnos, es mostrar que en la educación lo que vale, sobre todas las cosas, es aprender a desarrollar la imaginación que sirve para perseguir los ideales". No me voy a cansar de citar aquel libro de este ejemplo ítalo﷓argentino que en 1910 demostraba que las certezas de hoy son los ideales de los que nos precedieron. Creí que ella iba a leer. Porque sostenía con convicción una hoja blanca, doblada en dos. Y no leyó. "Más ha hecho la imaginación construyendo sin tregua que el cálculo destruyendo sin descanso". Sentí que se le iba a quebrar la voz. Pero dijo. "La excesiva prudencia de los mediocres, de los que apenas si se preocupan por instruir, ha paralizado siempre las iniciativas más fecundas".

La señorita Diana se alisó el guardapolvo y contempló emocionada la ovación de los que fuimos sus alumnos. Hace casi 40 años ella nos enseñó a sumar, a restar y a escribir m antes de b. Ahora entiendo que, además y principalmente, supo enseñar. Esta semana, la homenajeamos, más canosos, con más panza, con la ausencia de algunos, por el día del maestro.

Dos: Ya no debería sorprenderte. Y, sin embargo, me asombro. Una amenaza anónima es la más prístina expresión de la cobardía humana. En realidad, de la escala viviente. Porque no se conoce ni león ni rata que jure muerte o daño sin poner su piel para hacerlo. Raro animal el que manda nota, finge voz en el teléfono o usa mail con casilla fraguada para amenazar al que no quiere. Digo que no sorprende porque la escoria es natural pero no por masiva quita el gesto de lo inesperado del que la huele. Digo que no sorprende porque de lo que se trata en este caso es de debatir desde cuándo y hasta cuándo es que dura esta gran incógnita que es la vida. Ya te dije (y no pienso aburrirte) que si decimos que la vida es la sola unión celular, la muerte es el fin de la última célula. O si no, si es la conformación del sistema cerebral que nos distingue hasta de los monos, la muerte es el fin cerebral. La amenaza al Profesor doctor Rafael Pineda por estar en contra de la despenalización del aborto es una expresión más de la cobardía, es cierto, pero sobre todo es un gesto contundente que viene a demostrar cuánto perturba animarse a un debate sobre el origen de la vida y, permítaseme que insista, sobre el momento de la muerte. Es, otra vez, persistir en instruir y no en enseñar.

Pongamos que al reconocido profesional no le importe nada el mensaje de muerte. Supongamos que uno debe estar acostumbrado a bancarse la bajeza cuando se anima a meterse en estos temas. Lo que me parece es que no debe evitarse concluir que tanta violencia camuflada en un Hotmail vergonzoso es la clara demostración de cuánto joroba hablar de este tópico que implica sentarse a debatir en serio y pensar sin perjuicios. Digo debatir pensando que el que está enfrente puede tener una parte de la verdad y admitir, sin dogma, que de lo que se trata es de dirimir lo más justamente posible el derecho al otro a pensar de manera distinta sin que se afecte el derecho de terceros. Y te lo digo, sentado en la vereda de enfrente de Pineda por quien, no obstante, estoy dispuesto a quebrar una lanza para que diga lo que piensa y el resto lo escuchemos con intención de pensar.

La señorita Diana hubiera dicho que se es idealista persiguiendo las quimeras más contradictorias, siempre que ellas impliquen un sincero afán de enaltecimiento. Hay que ser, diría ella, indisciplinados contra los dogmáticos de cualquier signo.

Tres: El Instituto Nacional contra la discriminación INADI mandó notas a los comerciantes que declararon personas no gratas a los diputados nacionales de Santa Fe que apoyaron el proyecto oficial de retenciones al campo. No dejar entrar a un restaurante a un representante del pueblo con legitimidad de urnas porque no vota como a mí me gusta, es una enormidad. No sirve el "escrache" en la casa de un legislador ni tampoco en la del dirigente de cualquier sector. El derecho de admisión en un sitio abierto al público no existe. Es censura física. Tanto como no dejar entrar a un boliche bailable al que es más morocho que los deseos de prosperidad de su dueño. El debate que se plantea (o debería plantearse, máxime desde quien dice defendernos de las discriminaciones) es saber qué derecho tiene un ciudadano de a pie para no esperar, por comodidad o por imposibilidad jurídica, dos o cuatro años hasta que lleguen las próximas elecciones y manifestarse apoyando o censurando.

La titular del INADI Santa Fe Stella Maris Vallejos mandó notificaciones oficiales para que los comerciantes cesen de discriminar a los diputados y saquen los carteles que muchos pegaron considerándolos, con toda exageración, traidores. Hasta ahora ella misma no sugirió cuál es el modo de mejorar la calidad del vínculo que une a un diputado con sus electores. Es cierto que parece que también se olvidó de mandarle nota similar al piquetero que vino a patotear al Monumento a la Bandera a los que no pensaban como él. Pero ése es otro tema. Quizá sería bueno reservar el debate (el que admite que el de enfrente puede tener parte de razón) de ideas de la república a los lugares en donde ella se expresa. En el Congreso, en los Concejos o es los palacios de gobierno. El caso es que, hasta hoy, las plataformas políticas, de uno u otro lado, son apenas muestrarios prolijos de datos instructivos pero con cero cumplimiento de los ideales que podría abrazar quien los vota. Y otra vez la señorita Diana: lo único malo de tratar de hacer cumplir los ideales es que uno se esclaviza a las contingencias de la vida práctica que van cambiando según la coyuntura.

Cuatro: "Los ideales son formaciones naturales. Aparecen cuando la función de pensar alcanza tal desarrollo que su imaginación puede anticiparse a la experiencia". Eso dice Ingeniero en El Hombre mediocre. No hay futuro mejor si no hay presente con ideales. El único modo de cambiar lo que no está bien es construirlo mejor en la imaginación de hoy.

La señorita Diana representa a los docentes que esta semana pensaron el día del maestro como la posibilidad de enseñar. Raros y maltratados congéneres que han venido soportando ser el pilar de instruir, alimentar, despiojar, contener, ayudar, asistir a los pibes de un país que fue sumido en la noche de los ideales. Y, hasta hora, salvo ellos, maestras y maestros, pocos son los que quieren ver el alba.

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