EL PAíS › LO QUE DEJó EL ENCUENTRO DE PRESIDENTES IBEROAMERICANOS EN EL SALVADOR

Una cumbre con frágil equilibrio

En el encuentro de presidentes que cerró el viernes, no se trató directamente el veto a la candidatura de Kirchner a la Unasur. Pero sí se habló de la relación entre la Argentina y Uruguay. Los tironeos entre España y Brasil.

 Por Martín Piqué

Desde San Salvador

Que las cumbres tienen padrinazgos distintos ya no es ninguna duda. Cuando el foro es iberoamericano, el impulso principal proviene de España, qué duda cabe. Y cuando la convocatoria agrupa a la flamante Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), el padrino es nada menos que Brasil. Si de Unasur se trata, la cumbre que finalizó el viernes en esta ciudad dejó en suspenso una de las versiones que circularon en lo días previos. Que el encuentro de tantos presidentes iba a facilitar el debate público de la candidatura de Néstor Kirchner a secretario ejecutivo del bloque sudamericano. Al final, no se habló de la postulación de Kirchner pero sí se trataron, aunque en forma indirecta, las resistencias que su figura produce en el gobierno uruguayo.

El gran obstáculo para la asunción de Kirchner como referente de Unasur es, está dicho, Uruguay. Quizá para evitar una controversia abierta, Tabaré Vázquez decidió permanecer en Montevideo y no asistió a la cita en San Salvador. Uruguay estuvo representado por el vicepresidente, Rodolfo Nin Novoa. En la delegación argentina no descartaban que Nin Novoa, u otro miembro de la comitiva oriental, planteara una queja pública contra la Argentina por los cortes del puente binacional de Gualeguaychú. Eso, incluso, habían dejado trascender desde cerca de Tabaré Vázquez. Al final no hubo queja, pero igualmente el diferendo argentino-uruguayo fue comentado en la cumbre.

El tema fue tratado en una reunión de los organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Banco Mundial y la OEA. Quien puso el asunto en la agenda fue el secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza. Cuando citó los conflictos latentes de la región, Insulza mencionó la relación entre Buenos Aires y Montevideo. Incluso atribuyó la ausencia de Tabaré Vázquez en la cumbre a esas diferencias. Insulza incluyó los diferendos entre los dos estados del Río de la Plata en una lista de cuatro conflictos potenciales de Sudamérica: mencionó también el trance diplomático y casi armado que enfrentó a Colombia y Ecuador cuando militares colombianos mataron al jefe de las FARC Raúl Reyes en territorio ecuatoriano y habló de una puja “potencial” entre Paraguay y Brasil por culpa de los terratenientes brasileños de la soja que avanzan sobre la frontera paraguaya.

Acerca del último caso que enumeró, la crisis política interna de Bolivia, el secretario general de la OEA comentó con satisfacción que el problema parecía solucionado. En ese conflicto intervino, por primera vez y con éxito, una comisión de Unasur. El bloque sudamericano es impulsado principalmente por Brasil, cuyo peso en Sudamérica es indiscutible por razones geopolíticas y económicas. Aunque Luiz Inácio Lula da Silva estuvo en la cumbre iberoamericana –llegó acompañado por su principal asesor en política exterior, Marco Aurelio García, y el canciller Celso Amorim– tampoco se quedó hasta el final de las actividades. Estuvo en El Salvador menos de 24 horas: llegó a la capital salvadoreña en la madrugada del jueves y se fue en las primeras horas del viernes.

El tiempo que una delegación oficial le dedica a una cumbre no es un hecho fortuito ni casual. Por algo la delegación de España –que se considera una de las organizadoras de cualquier convocatoria iberoamericana– permaneció hasta el final. Incluso, Zapatero fue uno de los pocos presidentes que ofrecieron una conferencia de prensa cuando terminaron las actividades de la agenda oficial, casi una tradición para estos eventos. Esa silenciosa competencia por el liderazgo y la influencia –Brasil dentro de Unasur, España con las convocatorias anuales que comienzan con el prefijo “ibero”– tendrá un nuevo capítulo en la próxima cumbre del G-20, que está organizando George Bush en Washington.

En ese encuentro estará Brasil. También formarán parte México y la Argentina. Por decisión del mandatario estadounidense, España se quedará afuera. Durante la cumbre en San Salvador, el gobierno de Lula les expresó su respaldo a los enviados de Madrid en su pelea por estar presentes en ese foro de las 20 principales economías del mundo. Por el peso de su economía y por formar parte del famoso BRIC (Brasil, Rusia, India y China) que encarna el ascenso de los principales países emergentes ante el debilitamiento estadounidense, Brasil pretende encarnar una voz fuerte que represente a todas las naciones de América latina. En ese foro Brasil volverá a apoyar la aprobación de la Ronda de Doha de la OMC, que la Argentina rechazó en su última edición.

Las competencias y las pujas entre terceros países son parte de la diplomacia. De hecho, a veces hasta se explotan esas rivalidades en beneficio de los intereses propios. Quizás eso fue lo que pasó en El Salvador, donde los diplomáticos argentinos tuvieron más de un roce con Brasil pero se quedaron otra vez sorprendidos por el nivel de coincidencias y buena sintonía que encontraron en la comitiva española. Sobre todo con Trinidad Jiménez, secretaria de Estado para Iberoamérica, y Bernardino León Gross, secretario general de la Presidencia y ex secretario de Asuntos Exteriores.

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La presidenta Cristina Kirchner, al igual que Lula, no se quedó para el cierre de la cumbre.
Imagen: AFP
 
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