EL PAíS › PLUTARCO SCHALLER, EX PRESO POLíTICO Y FUNDADOR DE EL INDEPENDIENTE DE LA RIOJA

“Para reflotar la memoria”

Hace veintidós años que vive en Cuba y vino a Buenos Aires para presentar la investigación Argentinos sin nombre, 2860 fojas de servicio en la que recopiló la historia de represores, anécdotas de la cárcel y de la militancia.

 Por Adriana Meyer

Una nueva presentación de la investigación Argentinos sin nombre, 2860 fojas de servicio era la excusa de los compañeros para homenajearlo y mimarlo un poco. Es que Plutarco Schaller, periodista y ex detenido, lo terminó hace casi una década y lo llama libro, aunque nunca fue editado en papel. Dejó La Habana por unos días para presentar su obra en La Rioja, y decidió venir a Buenos Aires a pedido de sus amigos, que lo llaman “Chacho”, y porque “cualquier excusa es buena para reflotar la memoria”. Su presencia coincide con los cincuenta años de la publicación del primer ejemplar del diario El Independiente de La Rioja, del que fue socio fundador.

El exhaustivo documento de Schaller –en formato digital sobre 2860 represores argentinos, cómo y dónde actuaron, anécdotas, vivencias y poesías desde el interior de las cárceles argentinas durante la dictadura– fue presentado en la Asociación Argentina de Actores, con la convocatoria del Colectivo de ex presos de Rawson y la colaboración del Instituto Espacio para la Memoria. Los represores están divididos por la fuerza a la que pertenecieron, Ejército, Gendarmería, Fuerza Aérea, entre otras, y el último capítulo está dedicado a los “obedientes represores”. El propio autor lo define como “un mamotreto” de 800 páginas, basado en 10 mil fichas de “personajes”. La Conadep identificó a 1300 represores, pero no publicó la nómina en el Nunca Más, de 1984. El periodista Alipio Paoletti ubicó a 1579 genocidas y dio a conocer sus nombres en Como a los nazis, como en Vietnam, en 1987. Schaller amplió la lista. “Los hemos denunciado por radio, en libros, nunca los llamaron a declarar por la tortura. Kirchner ha hecho mucho por traer un poco de justicia, pero no es suficiente”, dijo hace dos años a Juventud Rebelde.

Este hombre flaco de mirada amable vive hace veintidós años en Cuba, fue preso político durante la dictadura y fundador de la primera cooperativa gráfica de América, Copegraf. Pero en su vida transitó los oficios y las ocupaciones más variados: hizo pozos para obtener agua, plantó mil quinientas plantas de olivo en el desierto y fue chofer de Vialidad, entre otros trabajos. Schaller cruzó los Andes a caballo, fue auxilio de turismo carretera, integró la filial riojana de la CGT de los Argentinos y participó del grupo de laicos que trabajó con el obispo Enrique Angelelli. En 1971 había sido fundador de la cooperativa que pasó a editar El Independiente, pero la dictadura cívico-militar le quitó su calidad de socio, al igual que al resto de sus compañeros. Intentó recuperarla, pero como los dueños le ofrecieron una solución individual la rechazó con el argumento de “volveremos todos o ninguno”.

En Argentinos sin nombre hay historias como la del general Ernesto Arturo Alais, represor del regimiento de Monte y de la brigada de Infantería de Comodoro Rivadavia, cuñado del general Carlos Guillermo Suárez Mason y representante de Argentina en los Décimos Juegos Panamericanos de Indianápolis como parte del equipo de tiro.

–¿Argentinos aún no existe como libro en papel?

–Está en Internet, no lo he podido editar, hace como ocho años está terminado, he dado vuelta allá (en Cuba) y acá y no he podido. Es decir, si tengo 10 mil dólares sí me lo publican mañana. Pero no los tengo.

–¿Ni siquiera en este momento en que los temas de derechos humanos han ganado terreno en lo institucional?

–Ahora en La Rioja están viendo por una ley del libro, pero es difícil no estando en el país. Cuando lo terminé fui a ver a las Madres de Plaza de Mayo, y por ahí no le gustó a Hebe de Bonafini porque yo había cobrado lo que pagó el Gobierno a los que estuvimos presos a disposición del PEN. No me lo dijo, pero yo sabía que pasaba eso.

–¿Qué lo motivó a hacer esta investigación?

–Más que motivación era una obligación nuestra, mía. Había que denunciar a esta gente ante el pueblo argentino. En Cuba encontré una parte del archivo de 2860 fichas. Fue una cosa privada, alguien lo dejó y pude acceder, de casualidad. Ya estaba trabajando sobre eso y se me amplió mucho el panorama. Significó más años de trabajo, verificar que cada tipo existiera, probar los datos, investigar cada una de las fojas.

–¿Como define a Argentinos sin nombre?

–Lo presenté en el Centro Pablo de la Torriente Brau, que no reciben materiales extranjeros y sin embargo lo premiaron. Lo pusieron como testimonio, tiene al final un listado sintético, es más bien un libro de consulta. Es muy grande para hacerlo en papel, y hoy con las maquinitas...

–El libro existe igual.

–Claro, pero no sé quién lo puso en Internet, yo no fui. Un día buscando datos de un hijo mío que se llama igual que yo apareció mi libro. Lo empecé con una máquina de escribir y nunca he dado una dirección para que me contacten, es una cosa que anda flotando.

–¿Cómo son sus días en Cuba?

–Estuve trabajando hasta mayo en el consulado argentino. Ahora estoy en la embajada armando una biblioteca para los residentes argentinos en Cuba. En La Habana nos juntamos todos los martes a las 6 a jugar al truco, somos “el grupo del truco”, se habla de política, de fútbol, se saca el cuero a algunos amigos, nos enteramos de si fulano está enfermo y hay que ir a verlo. El grupo regaló una computadora con todos los chiches para hacer el libro, y ya más de la mitad del libro está en la computadora.

–Usted se fue a Cuba en 1987, ¿pero cómo fueron los años previos?

–Me detuvieron la noche del golpe y salí con la amnistía de Alfonsín, pasé toda la dictadura preso, primero en La Rioja, a los siete meses nos trasladaron a Sierra Chica, después vine a la cárcel de Devoto y de ahí de nuevo a La Rioja, donde estuve trece meses y medio desaparecido en un centro clandestino; éramos rehenes del Mundial de Fútbol.

–¿Cómo fue eso?

–Muy bravo, no figurábamos en ninguna parte. Ahora que estoy con un juicio pedí informes a la cárcel a ver en qué fechas entré y salí. Ahí fui torturado. En el Mundial sacaron gente porque tenían miedo de que los subversivos hiciéramos lío durante el campeonato. Entonces nos decían “por cada uno que nos maten a nosotros vamos a matar cinco de ustedes”. Luego nos llevaron a la cárcel de Paraná, después a La Plata y por último a Rawson. Después de eso con libertad vigilada a la casa. A la semana ya estaba trabajando en el diario La Voz, de Pompeya.

–¿Antes de la dictadura ya era periodista?

–No, nunca fui periodista. Era un caradura que hice de periodista. Fotógrafo sí. En el diario El Independiente hice mucho periodismo, pero porque me animaba a escribir y me lo aceptaban.

–¿En qué agrupación militaba?

–Habíamos creado en La Rioja un grupo llamado Movimiento Revolucionario Che. Teníamos buenos contactos con Montoneros, el ERP, los Tupamaros, nos sentábamos a discutir con Montoneros, por ejemplo, que no estábamos peleando para que volviera el General.

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Plutarco Schaller presentó su trabajo rodeado de los ex presos de Rawson.
Imagen: Pablo Piovano
 
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