EL PAíS › LLEGO ANOCHE Y HOY SE VERA CON EDUARDO DUHALDE Y CON ANIBAL IBARRA

Un mar de banderas rojas para recibir a Lula

En su primera visita al exterior, Lula se pronunciará hoy en privado y en público a favor de fortalecer la integración con la Argentina y relanzar el Mercosur que maniataron Domingo Cavallo y la crisis financiera. Pocos ministeriables en su comitiva. El papel de Marco Aurelio Garcia, figura clave para la Argentina.

 Por Martín Granovsky

Un mar de banderas rojas recibió anoche a Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente electo de Brasil. Su fuerza, el Partido de los Trabajadores, justamente tiene como bandera un paño rojo donde se recorta una estrella blanca de cinco puntas. Lula llegó a Buenos Aires poco después de las diez de la noche, cuando los hinchas de Independiente aún tenían a Buenos Aires convertida en la ciudad más roja del mundo. Pero Corintians perdió con Fluminense y entonces no será el fútbol el tema de Lula hoy en Olivos con Eduardo Duhalde. La obsesión se llamará, más bien, Mercosur. Otro Mercosur. Tan otro que parecerá nuevo.
Durante la campaña, Lula había prometido que la primera visita externa sería a la Argentina. El proyecto del PT es fortalecer un eje Brasilia-Buenos Aires y convertir luego al Mercosur en algo más que un esquema comercial. Lula se propone negociar con los Estados Unidos desde una posición de mayor fuerza relativa, y para eso necesita una Argentina cercana y reconstruida. Lo primero para aumentar el poder de negociación. Lo segundo para no tener una retaguardia políticamente vulnerable. La Argentina tiene los mismos intereses –y acentuados: no es la décima economía del mundo–, pero Brasil ya tiene presidente electo y la Argentina carece de certidumbre política alguna.
El triunfo de Lula fue tan arrollador, con su votación de más de 50 millones de personas, que incluso un gobierno tan provisorio como el de Eduardo Duhalde se esperanza con el hecho sorprendente de que la Argentina es prioridad de política exterior para alguien en el mundo. Hoy lo comprobará en Olivos, donde se reunirá y almorzará con el ex dirigente sindical de los metalúrgicos. La expectativa creada por la situación brasileña supera cualquier cálculo. Un ejemplo es Carlos Ruckauf, que cuando era gobernador vivía despotricando contra los productos brasileños y ahora, como canciller, hasta interrumpió su diplomacia clandestina para recibir a Lula.
La delegación brasileña no quiso consagrar a ninguna fuerza del arco de centroizquierda, pero el ganador de hecho en esa franja será Aníbal Ibarra. Su posición como jefe de Gobierno porteño le permitirá otro acercamiento a Lula (el último fue en la primera vuelta de las elecciones brasileñas) cuando le entregue las llaves de la ciudad.
Naturalmente habrá visita al Congreso, pero sobre todo recepción esta noche en la embajada brasileña, donde el dueño de casa José Botafogo Goncalvez, parece haberse asegurado la continuidad: es más bien un desarrollista y conoce como pocos los temas del Mercosur. Lula no tendría por qué sentir la necesidad de cambiarlo.
El mayor interés de los medios brasileños por la visita, sin embargo, no se centra en lo que suceda aquí hoy y mañana en Chile sino en la ansiedad por que la visita termine rápido. Lula dijo antes de dejar Brasil, en un jet nuevo que la empresa estatal Embraer quiere promocionar, que a la vuelta anunciará su gabinete.
¿Hay algún ministeriable en la comitiva que llegó anoche? No lo es su esposa Marisa, porque a cargo de la política antihambre estará casi con seguridad el experto José Graziano. Tampoco el senador electo Aloizio Mercadante, que difícilmente vaya al Ejecutivo después de sus diez millones y medio de votos. Luiz Dulci, el secretario general del PT, podría quedarse en el PT. También se quedaría Ana María Stuart, la rosarina del equipo petista. Ideli Salvati, senadora electa por Santa Catarina, irá al Senado. André Singer será vocero, como ahora. Queda Marco Aurelio Garcia, el verdadero diseñador de la política hacia Mercosur, quien dice últimamente que nunca las agendas de la Argentina y Brasil fueron tan parecidas. Los dos países ya devaluaron y ahora tiene por delante la reindustrialización y la baja de la pobreza y la indigencia.Los diarios brasileños dan a García como un posible canciller, pero últimamente la publicación especializada Valor lo ubicó dentro del equipo de asesores directos que Lula tendrá en el Planalto. Si es así, el próximo presidente tendrá al lado suyo a un convencido de que Brasil y la Argentina tienen más chances si la integración alcanza también a la política, la economía real, la cultura y las imágenes. El jueves, Lula y García vieron juntos a Celso Amorim, un diplomático de carrera que ocupa la embajada en Londres. Durante la campaña, Amorim calificó de estupidez la idea de que Lula era el caos y José Serra el orden. Bien podría ser él el canciller, dentro de un gabinete donde la curiosidad suprema se llama Luis Palocci. Será ministro de Economía o de Planeamiento y no es economista sino médico. Pero, ex intendente de Riberao Preto, sobre todo es político.

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Luiz Inácio Lula da Silva llega a Aeroparque en su mejor momento: con las elecciones ganadas y todavía sin el desgaste del gobierno.
 
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