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40.000 millones de pesos que saltan el alambrado

 Por Claudio Scaletta

Desde hoy, alrededor de 22 mil millones de pesos de cajas de ahorro y cuentas corrientes podrán ser retirados de los bancos. En un plazo promedio de 30 días también vencerán los plazos fijos realizados con fondos de depósitos a la vista acorralados, los que completan los cerca de 34 mil millones del total del corralito. Si se suma el dinero de los plazos fijos libres, los depósitos disponibles rondarán los 40 mil millones de pesos. Y aunque el Gobierno anunció su decisión de desalambrar como una gran noticia, para los depositantes no habrá diferencias significativas. En rigor, las restricciones se levantan cuando mantenerlas había perdido sentido.
En el último trimestre la gente volvió a confiar en los bancos. Más precisamente, en las jugosísimas tasas de interés pagadas por las entidades financieras, las que habrían despertado la codicia del mismísimo Santo Tomás. Salir del sistema financiero pasó de ser urgente a convertirse en un mal negocio. El bajo costo que tuvo que saltar el corralito, por ejemplo comprando dólares con cheque, determinó que salieran todos quienes así lo desearon. El dinero que hasta hoy permaneció atrapado era en gran medida “transaccional”, esto es, capital de trabajo de las empresas y salarios de los empleados.
El fantasma de que toda liberación de fondos correría al dólar ya fue conjurado por los hechos. El tipo de cambio y la liquidez del sistema financiero no fue afectada ni por los 10 mil pesos en Cedros ni por el aumento de 1200 a 2000 pesos en la disponibilidad de las cuentas a la vista. El dólar se mantuvo estable a pesar de que “los mercados” debieron digerir tanto el alejamiento de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional como el default con el Banco Mundial.
Los restantes indicadores de liquidez del sistema financiero también se mantienen estables. En los últimos tres meses la salida de fondos por amparos se estabilizó en torno de los 1000 millones de pesos mensuales. Además, las devoluciones fueron realizadas por los bancos con fondos propios, es decir, sin recurrir a la asistencia del Banco Central.
Estos datos despertaron el optimismo de los hombres del equipo de Roberto Lavagna, quienes consideran que los números muestran una normalización creciente del sistema financiero. En este contexto, sostienen, la liberación de depósitos se traducirá en un impulso para la reaparición del crédito interno.
Sin embargo, aunque en la superficie las aguas parezcan calmas, los escollos de fondo permiten prever futuras turbulencias. Un reciente informe de la consultora KP&M, que dirigen los economistas Leonardo Perichinsky y Alejandro Marcó del Pont, destaca también otros datos inquietantes sobre las variables críticas del sistema financiero.
- Frente al aumento de liquidez, las tasas de interés imposibles comenzaron a bajar por debajo del 20 por ciento anual para colocaciones a 30 días. Si se deja de lado la masa transaccional (22 mil millones de depósitos a la vista), existe una masa especulativa superior a los 17 mil millones de pesos (entre plazos fijos del corralito y libres –ver cuadro–), monto que en un escenario de mayor incertidumbre podría correr al dólar. Este dinero representa la mitad de las reservas del BCRA. ¿Estará el Central dispuesto a perderlas a costa de mantener la paridad?
- Los pasivos del sistema financiero, sin contar los depósitos reprogramados, rondan los 66.700 millones de pesos, casi el doble de las reservas del Central.
- En diciembre aumenta la demanda de efectivo por los pagos de medio aguinaldo y vacaciones. A partir de enero, además, deben comenzar a pagarse los Cedros. En consecuencia, es posible que se verifique o un aumento en las tasas de interés pagadas por los bancos o un aumento en el tipo de cambio.
- Aun en caso de que el grueso del dinero disponible quede dentro del sistema financiero, no hay indicios de que ello signifique una recuperación del crédito. La estrategia actual de los bancos es aumentar sus niveles de liquidez para afrontar el pago de depósitos reprogramados y los amparos.
El corralito se implantó el 3 de diciembre de 2001 y se anunció para tres meses. Podría decirse que sólo duró cuatro veces más y que, después de casi un año exacto, finalmente terminó. Sin embargo, a pesar de los múltiples desfasajes provocados por la devaluación, con sus fabulosas transferencias de ingresos y el festival de bonos compensatorios, el sistema financiero desalambrado sigue caracterizándose por su fragilidad.

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