EL PAíS › PANORAMA POLíTICO

Festival de Cannes

 Por Luis Bruschtein

El Festival de Cannes de este año estuvo dedicado a la Argentina y nadie avisó, nadie dijo nada, y es probable también que nadie se diera cuenta. Tampoco es cuestión de echarles la culpa de todo a los grandes carteles mediáticos, que es lo que haría Robin Hood, el ladrón de los bosques británicos. Bueno, en esa época no existían los grandes carteles mediáticos, pero según Russell Crowe, eso es lo que haría ahora si viviera el simpático bandolero. La película Robin Hood abrió el Festival de Cannes, una superproducción, la enésima con la romántica historia que, si se hubiera desarrollado en Argentina, el desaparecido Roberto Carri la hubiera incluido en su libro Formas prerrevolucionarias de la violencia. Russell Crowe, el mismo de Gladiador, es la estrella principal. Sorprendido en la alfombra roja cuando se disponía a ingresar a la proyección del film, les dijo a los periodistas, quizá pensando en las tormentas psicotóxicas que soportan los argentinos, que su teoría es que “si Robin estuviera vivo ahora, miraría a la monopolización de los medios de comunicación como su gran enemigo”. Y ya en el papel del héroe mítico que defiende pobres y castiga villanos, increpó a sus interlocutores: “Yo les preguntaría a ustedes, los periodistas, cómo se ganan la vida y a quiénes tienen que obedecer para llevarse el sueldo a casa a fin de mes”. No fue un momento fácil, pero como estaban sobre la alfombra roja, todos sonrieron como si fuera la chifladura de otro mediático, porque siempre es más aceptable un mediático que alguien que use la cabeza.

En el Festival de Cannes todavía no se había conocido que la Justicia dictaría el procesamiento del jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, en la causa por espionaje. De lo contrario, las palabras de Crowe hubieran tenido otro sentido evidente. Porque la única manera de que Macri pasara como carmelita descalza, haciéndose la víctima y tuviera un mínimo gramo de credibilidad, fue por la actitud concesiva de los medios y de los periodistas que son tan incisivos cuando se trata de un funcionario nacional. Hubo dos días con la imagen de Macri hasta en la sopa, pidió ir a cuanto programa hubiera, y en todos con un discurso que evidenciaba su debilidad argumental en el desesperado afán de responsabilizar de cualquier cosa a la Casa Rosada. Como todo el mundo sabe, todas las ineficiencias de su gobierno son responsabilidad de los desaforados Kirchner.

Diez días atrás, Macri fue citado a declaración indagatoria por el juez Norberto Oyarbide. Al salir del trámite, el jefe de Gobierno dijo que había estado seis horas preguntándole, él al juez, si tenía “un solo dato” que lo vinculara con la causa. A ningún periodista le pareció raro que fuera el acusado el que interrogara durante seis horas al juez y no al revés, como sucede en las declaraciones indagatorias. “Me pasé todas esas horas –afirmó–, se lo pregunté desde el principio hasta el final y me fui sin un solo dato.” Una crónica tan burda pone en evidencia la intención de ocultar, pero los periodistas no se lo preguntaron. Macri agregó entonces que esa “falta de datos” demostraba que la causa estaba “direccionada” por los Kirchner.

Durante el interrogatorio judicial, Macri se fue convenciendo de que sería procesado y corrió a la desesperada tras los medios. Y lo primero que se le ocurrió fue responsabilizar al gobierno nacional. Otro mecanismo donde los grandes medios han sido tan parciales. Porque en ese caso, la afirmación resulta absurda. Es absurdo que el gobierno nacional haya metido en el gobierno de la ciudad a Fino Palacios y que lo haya puesto a espiar a otras personas. Es absurdo que el gobierno nacional haya operado para que el ministerio porteño de Educación contratara a Ciro James con un sueldo de ñoqui de lujo. Eso no es una explicación de inocencia, eso es desesperación por desviar la atención y hubiera quedado mucho más claro si los grandes medios y sus periodistas lo hubieran planteado “con independencia y objetividad”.

Macri fue procesado como “partícipe necesario” en una asociación ilícita que se dedicaba a espiar personas. Eso es lo que tiene que explicar el jefe de Gobierno de la ciudad. El Fino Palacios también dice que no tiene nada que ver con las escuchas telefónicas. Pero Ciro James era empleado de Palacios y Palacios de Macri. Hay testigos que describen esa relación aún antes de que Macri se lanzara a la política, cuando estaba al frente de Boca. Macri lo llevó a Palacios a trabajar con la seguridad del club y Palacio lo llevó a James. Y después, en el gobierno de la ciudad se produjo el mismo proceso. Macri quería a Palacio como jefe de la Metropolitana, a pesar de los cuestionamientos de los organismos de derechos humanos, y en especial de los familiares de víctimas del atentado a la AMIA. Sergio Burstein, el que detecta las escuchas que le hacían, es miembro de esa asociación y era escuchado cuando cuestionaba a Palacios y a Macri. Pero además, otro de los escuchados es un cuñado de Macri indispuesto con la familia. En una entrevista en el diario La Nación, Macri padre asumió indirectamente la responsabilidad por esa última escucha. Más razón para deducir que Macri hijo estaba enterado de esas actividades. Macri estuvo residiendo en Misiones, donde realizó muchos negocios cuando Ramón Puerta era gobernador. Y es en Misiones donde se armó el esquema judicial policial para realizar las escuchas. El misionero Humberto Schiavoni, que fue jefe de campaña de Macri, también fue ex ministro de Hacienda de Puerta. Y además es hijo de un miembro de la Suprema Corte misionera. Macri estaba ligado a una fuerte trama de poder en Misiones, donde fueron detenidos dos policías y dos jueces que “blanqueaban” las escuchas que se hacían en Buenos Aires.

“No sé qué estoy haciendo aquí”, repitió hasta el cansancio y con intento frustrado de cara inocente –Macri no iría nunca a Cannes por buen actor–. Lo que debía estar haciendo allí, no lo hacía. Simplemente tenía que explicar todas esas relaciones suyas con el delito y los delincuentes. Todo el afán por defender a Palacios y nombrarlo en el gobierno de la ciudad. O por qué si sabía que Palacios había sido expulsado de la Policía Federal, que aplicaba métodos que no eran legales, lo llevó a Boca y después contra viento y marea al gobierno de la ciudad, donde estaría ahora como jefe de la Policía Metropolitana, si no hubiera sido por esta causa de espionaje.

Macri puede pensar que los buenos policías son los que recurren a cualquier método para que triunfen los buenos. Si lo piensa que lo diga, que no mienta para ocultarlo. Los golpistas de la dictadura también pensaban así. Y así le fue al país. Los que usan esos métodos, nunca son los buenos.

Este circo de Macri haciéndose la víctima pese a que había puntos tan claros que lo involucraban en el escándalo de las escuchas fue posible por la buena disposición de los grandes medios. No hicieron investigación, no hicieron repreguntas, no fueron incisivos y hasta se hicieron cómplices –medios y periodistas– de la furiosa acusación al gobierno nacional para desviar atención y responsabilidad. Habrá que ir a ver la película Robin Hood, que según Russell Crowe se hubiera indignado por estas situaciones y se hubiera convertido en el principal enemigo de los monopolios mediáticos.

Para seguir con el tema del Festival de Cannes dedicado a la Argentina. Con pocos días de diferencia, primero los diputados Martín Sabbatella y Carlos Heller presentaron aquí el proyecto de Ley para las Entidades Financieras y esta semana Oliver Stone presentó en el Festival de Cannes, pero fuera de competencia, la segunda parte de la película Wall Street. Si no fue todo coordinado, lo pareció, porque alguna de las declaraciones de Michael Douglas y de Stone, sobre la actividad de los organismos financieros y la libre especulación, parecen extraídas de los fundamentos del proyecto de Sabbatella y Heller que acá fueron ignorados por los grandes medios.

Douglas vuelve con su personaje mítico de los años ’90, el especulador financiero cínico y exitoso Gordon Gekko. Lo muestra un poco más golpeado que en la primera parte, pero sigue siendo el mismo Gekko de siempre. “La codicia no ha cesado –explicó Michael Douglas–, lo que ha ocurrido es que en el primer film el tema era que la codicia estaba aceptada como algo bueno y ahora es que la codicia es legal.” Las declaraciones de Stone fueron más duras: “En 1987 yo pensaba que el capitalismo iba a mejorar, iba a corregirse, pero eso no ha sucedido, ha empeorado, parece que se ha vuelto loco”. Suerte que el Festival de Cannes le da importancia a lo que aquí los grandes medios ignoran.

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