ECONOMíA › SE MANTIENE EL INTERéS EN NEGOCIAR CON EL MERCOSUR

No todo son alimentos para Europa

 Por Cledis Candelaresi

A pesar de la molestia que algunos embajadores europeos acusaron frente a la decisión argentina de limitar informalmente las importaciones de alimentos, tal restricción no comprometerá el objetivo de avanzar con el acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. La medida oficial no sólo reviste escaso impacto en el comercio que el país tiene con el bloque sino que para los europeos no justificaría resignar un tratado que, entre otras ventajas, le permitiría acceder al apetecible mercado de las licitaciones estatales brasileñas.

Esto no implica que la instrucción verbal que el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, impartió a los supermercados locales para que suspendan provisoriamente las compras de alimentos procesados en el exterior no haya irritado. Tal como lo manifestaron el jueves ante Diputados los embajadores de algunos países miembros de la UE, en esas naciones no cayó bien la noticia, de la que no tuvieron ninguna comunicación formal. Aun así, los diplomáticos están forzados a asumir la defensa de los intereses de sus empresas.

Moreno difícilmente podría haber impartido aquella instrucción por escrito. De hacerlo, se vería forzado a seguir ciertos procedimientos que exige la Organización Mundial de Comercio (OMC), so pena de que el país sea sancionado. La OMC hoy no permite restringir unilateralmente las importaciones, a menos que hubiera una razón sanitaria o fitosanitaria específica. Y, en ese caso, el importador tiene que comunicarle al exportador su decisión y sus causas en ciertos plazos.

A pesar de su informalidad, la medida argentina hizo que el bloque la cuestionara a través de un comunicado, advirtiendo que existen mecanismos legales para resistirla. Pero también dio pie para que los países europeos más reacios a abrir sus mercados a los competitivos agroalimentos argentinos, con Francia a la cabeza, se hayan expresado en contra de avanzar en el acuerdo de la Unión Europea con el Mercosur, como eventual represalia. Sólo fuegos de artificio.

La Comisión Europea ya decidió lanzar formalmente la reanudación de esas negociaciones, que quedaron congeladas hace seis años, y aunque un grupo de naciones como Francia, Irlanda, Grecia, Hungría y otros del Este, alentados por el lobby agrícola (ver Página/12), cuestionan las negociaciones interbloque, desde el punto de vista formal no hay nada que hacer: la mecánica legal de la UE les impide torcer aquella decisión, que se tomó por mayoría y sin posibilidad de veto de algún miembro.

Las ventas de alimentos europeos a la Argentina son insignificantes en relación con las compras de esos mismos bloques que hace el Viejo Continente, especialista en proteger su producción. Valgan de ejemplo los 365 dólares cada 100 kilos –adicional a los aranceles– que deben tributar las carnes que llegan a Europa fuera de la Cuota Hilton. Pero más importante que esa poca relevancia económica es que los europeos necesitan mayor penetración en otros mercados, en particular con el estallido de su propia crisis. Y uno de los anzuelos para avanzar con el Mercosur ha sido la disposición de Brasil a discutir la participación europea en sus millonarias licitaciones de obras públicas y energéticas pendientes. Difícil que se sacrifique esto por defender la venta de quesos y tés.

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