EL PAIS › LA CONFRONTACION DE MOYANO CON EL GOBIERNO EMPIEZA A GENERAR DUDAS EN LAS FILAS DEL GREMIALISMO

Con un camión atravesado en el hall de la CGT

El conflicto de los Camioneros orientado hacia una confrontación con el Gobierno parece convertirse en otro paso de una escalada. Desde el gremialismo niegan el enfrentamiento y otros dudan de sus consecuencias.

 Por Nicolás Lantos

El conflicto del gremio de camioneros que se originó en una empresa privada, pero cuyas medidas de fuerza apuntan contra el Gobierno, es interpretado cerca de la Casa Rosada como parte de la escalada de Hugo Moyano. El endurecimiento de posiciones aleja cada vez más a dos antiguos aliados y empieza a generar desconcierto y dudas entre las filas del gremialismo moyanista. El taxista Omar Viviani, un hombre de la mesa chica del titular de la CGT, lo puso en evidencia: “Hay algunas cuestiones en las que tiene potestad el secretario general –dijo– y a lo mejor no representa al conjunto de la CGT; en este caso hay alguna división, porque algunos compañeros no están de acuerdo con enfrentar al Gobierno”. Una ruptura definitiva con la Casa Rosada implicaría desmantelar una alianza que tiene expresiones en el andamiaje del PJ en todo el país, en bloques legislativos y hasta de gestión. Pero además se debería recomponer todo el escenario gremial.

Mientras Moyano, secundado por su hijo Pablo –adjunto del Sindicato de Camioneros–, aparece como el más decidido en este nuevo perfil de actos con críticas al Gobierno y cruces duros con ministros, muchas veces potenciados por sus viejos enemigos de los grandes medios, otras expresiones del moyanismo tratan de hacer encajar esta espinosa relación en el mismo marco de alianzas con la Casa Rosada. Un intento que por momentos aparece como bastante difícil.

El titular de Canillitas y diputado nacional, Omar Plaini, buscó bajar el tono a las diferencias: “Siempre hubo corrientes hacia el interior de la CGT. Eso se discute hacia adentro, después sacamos una conclusión y actuamos todos en consecuencia”, explicó, en diálogo con Página/12. Desde el Gobierno evitan opinar “para no empiojar la cancha” y advierten que, en todo caso, se trata de una cuestión interna de la conducción sindical, aunque en el entorno moyanista circula el fantasma de que el Gobierno estaría operando para desplazarlo en la elección del nuevo titular de la central obrera en junio próximo.

El paulatino distanciamiento de Moyano con el Gobierno que encabeza Cristina Fernández de Kirchner pasó un punto de inflexión con el acto que convocó en el estadio de Huracán, a fines del año pasado, coinciden tanto en la Casa Rosada como en Azopardo. Desde entonces, la dinámica interna de la CGT comenzó un lento reacomodo, cuyos movimientos comienzan a transparentarse ahora, al calor de las incipientes paritarias anuales y del conflicto entre el gremio de camioneros y el Correo Argentino. Cada sector atiende su juego: los moyanistas, los “independientes” (asociados a los gremios industriales, aliados de Moyano, pero actualmente más cerca del Gobierno), incluso los gordos, más ligados a las empresas privatizadas y alejados hace rato de la conducción, todos quieren acrecentar su cuota de poder después del recambio.

Con el proceso de paritarias ya iniciado en algunas ramas de la economía, y a cinco meses del congreso que votará a las próximas autoridades de la central obrera, Viviani se mostró optimista de poder superar los actuales obstáculos y arribar a una salida consensuada. “Siempre hay tiempo para poder reconciliar las partes, para acercar posiciones; el diálogo es fundamental, es importante ver de qué forma se les encuentra solución a los problemas sin tirar todo por la ventana”, analizó. La nueva estrategia de Moyano no le dio hasta ahora mucho rédito. Los hombres que lo acompañan desde los tiempos del combativo MTA en la época de Carlos Menem se plantean dudas. En cambio, viejos adversarios como el gastronómico Luis Barrionuevo y el estatal Pablo Micheli le hicieron llegar sus apoyos.

“Comparto con Viviani que hay mecanismos para llegar a conseguir el objetivo que uno busca cuando está defendiendo a los trabajadores”, se posicionó ayer el metalúrgico Carlos Gdansky, uno de los pocos hombres de extracción gremial que tuvo un lugar en las listas de octubre del año pasado y que hoy ocupa una banca en la Cámara de Diputados. Ante la aceleración de la escalada verbal, convocó a “atemperar los ánimos” y tener “un poco más de reflexión”, mientras sugirió que “se tenga en cuenta que hace muy poquito hubo una elección y que el voto soberano de la gente le dio el 54 por ciento de los votos a la Presidenta”. Un argumento de peso que esgrimen los que no entienden el sentido de las escaramuzas moyanistas.

Ese dato no pasa desapercibido cerca del camionero, donde, sin embargo, hacen una lectura distinta. “Con el apoyo que tuvo el Gobierno en octubre es el momento de discutir algunas herramientas con las que la Presidenta gobierna, que vienen de la dictadura genocida, como la Ley de Entidades Financieras”, propuso Plaini, que aclaró: “Nosotros no somos ni antagónicos ni enemigos de este proyecto, pero tenemos una agenda propia”. Los diputados que responden a Moyano, incluyendo a su hijo Facundo, y que entraron al Congreso con las listas del FpV, están obligados también a hacer equilibrio en su relación con el oficialismo y con el titular de la CGT.

Entre los items que la central quiere traer a la mesa de discusión, según enumeró Plaini, están el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, una reforma tributaria, la actualización de las asignaciones familiares, la “grave” situación de las obras sociales y la participación en las ganancias de las empresas por parte de los trabajadores. En muchos de esos temas hay coincidencias con la Presidenta y en otros se tratan de posiciones negociables, no resultan novedosos. “El modelo se profundiza con debate, aunque algunos crean que no es así”, apuntó Plaini, que reconoció que “hay tensiones” con la Rosada, pero –aseguró– se reducen a las “diferencias de agenda”.

El canillita prefiere diferenciar el rol de la CGT en “tres niveles”: el primero es “el proceso político, que comenzó en el 2003 y en eso los trabajadores han dado sobradas muestras del apoyo, hasta en los peores momentos”, definió, ante la consulta de este diario. “Después está el plano de la agenda de la CGT y en ese plano tenemos reivindicaciones que se pueden negociar, pero que nunca dejaremos de lado”, y, por último, “el tercer plano es lo que sucede al interior de cada organización y en los lugares de trabajo”, adonde circunscribe el actual conflicto de Camioneros.

“La CGT no ha hecho una cuestión política” de sus reclamos, sostiene Plaini, para quien los reclamos de Moyano en Huracán se encuadran en los otros dos “niveles” de discusión. “Se equivocan los que creen que le discute poder a Cristina, nosotros no estamos haciendo un planteo político”, aseguró. Plaini también lea restó entidad a las versiones que indicaban que la CGT tomaría medidas de fuerza contra el Gobierno asociada con otras entidades sindicales y políticas opositoras, como el ala disidente de la CTA. “No hubo charlas concretas con Pablo Micheli ni con su gente”, aclaró el dirigente cegetista.

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Hugo Moyano, en otros tiempos, con el titular de los taxistas, Omar Viviani, un hombre de su mesa chica.
Imagen: Télam
 
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