EL PAíS › OPINION

Los que saquen la venda

 Por Julián Axat* y
Guido Croxatto *

El Derecho se vuelve claro de una sola manera: defendiendo la identidad. Restituyéndola allí donde fue robada. Sin entender esto, no se puede entender la democracia. Sin Hijos, no hay Estado de Derecho. No hay nada. Sólo un vacío. Lo que caía al mar durante el Proceso no eran sólo los cuerpos olvidados de la verdad. Lo que caía desde esos aviones era el Derecho argentino. Un Derecho destruido que todavía estamos reconstruyendo. Levantando del piso. Sacándolo de la negación. Llevando el Derecho a la palabra. Llevando y buscando a los Hijos, entrelazándolos, reconociéndonos como tales.

Buscamos al Derecho como detectives salvajes, los Hijos. Lo hacemos vivir otra vez en esa búsqueda desenfrenada, maravillosa. Donde ya una vez fue negado la romántica, nace de nuevo en los rostros de los jóvenes como potencia, fuerza, energía, voto y lucha. Puede decirse que detrás de todos los derechos que han avanzando estos años hay uno (un Derecho) que los engloba a todos y los antecede y les da forma: el derecho a la identidad. El derecho a la identidad fue el gran derecho de estos años, el derecho de los Hijos. Una democracia que reconoce a los otros es una democracia que comienza a reconocer la(s) identidad(es): matrimonio igualitario, Ley de Salud Mental, identidad de género, asignación universal, etcétera.

Hoy vemos a Estela, y vemos el rostro de Guido. Sabemos que cuando esas dos personas se abracen la democracia va a profundizarse. Esa es la división. El robo. El asesinato. La búsqueda de Estela. Todos los jóvenes abogados salimos del vientre de Laura y lloramos porque vemos aún sus brazos extenderse a nosotros. Buscando Hijos nacimos y ahí vamos rumbeando. Entonces el Derecho para nosotros debe volverse claro, transparente, firme, necesario para los necesitados. Por eso apelar a la palabra justa para renovar el Derecho es apelar a la palabra para vencer la “oscuridad”, para generar un derecho comprensible para todos, que no niegue a nadie. El deber de las nuevas generaciones termina siendo el de escribir y generar un (Nuevo) Derecho que no hubiera sido enseñable durante el Proceso. Un nuevo proceso constitucional cuyo espíritu sea la pregunta: ¿Podemos escribir Derecho luego de la ESMA? Claro que podemos.

Aquello que el Viejo Derecho primero negaba, luego presentaba como “exceso”, hoy es visto como “estructura”. Impunidad por dominio mediato, organizativo y funcional. Vencer la oscuridad es renovar la palabra que lo nombra para acercarlo a las cosas y su transformación justa. Renovar el lenguaje diseñado para no ver: “Entonces vi a esa mujer que llevaba los ojos vendados / sobre gradas de un templo de mármol / Grandes multitudes que pasaban frente a ella alzando sus rostros implorantes / En su mano izquierda la balanza y en la derecha una espada que hería / a veces a un niño otras a un obrero un demente o fugitivo / pero solo se salvaban aquellos que arrojaban sobre la balanza monedas de oro / una toga negra leía en secreto un manuscrito el mecanismo seguro para arrojarlas / hasta que un joven salió de la multitud saltó a su lado y le arrancó la venda a la mujer / Entonces todos vieron los parpados viscosos pestañas carcomidas por el pus / y dos profundos pozos putrefactos y sin fondo por el que el joven proyectó / la llegada de otra mujer” (el poema nos pertenece).

El Derecho debe volver a escuchar esa palabra (no dicha). Volver a los ojos (no vendados) de los abogados pharresiastas que dicen (al Derecho) la verdad del débil. (Nussbaum dice en Justicia Poética, ver a los ojos al más vulnerable, precisamente hacer lo que el Derecho no hace, ver lo que el Derecho no ve, decir lo que el Derecho no dice). Apelamos a la palabra y a la acción, porque es lo que nos dejaron los desaparecidos-silenciados por el Viejo Derecho. El Nuevo Derecho es la memoria puesta al futuro. Construyendo el porvenir de los otros.

De algún modo, todos los jóvenes argentinos son, en esta hora decisiva, Hijos. Hijos de la democracia, de la Historia compleja, de una trama de conquistas y fracasos. Todos por herencia o puente generacional, en busca de la justicia social que a la vez buscaban nuestros padres. La misma rosa, o la palabra que busca a la rosa. Porque a todos (incluso a los que no habíamos nacido) la dictadura nos quitó la identidad. Nos quitó la palabra. Allí donde muchos ven “el pasado”, nosotros vemos “el futuro”. La dignidad. Donde muchos no ven nada, vemos la potencia de una reparación a los débiles de la Historia. Ahí están los Hijos, por ahí marchan unidos, organizados, solidarios con la otredad de la patria. De los vuelos de la muerte caía el Derecho argentino. Pero la ceniza perdura. Está en nuestras manos.

* Defensor juvenil.
* * Asesor de la Secretaría de Derechos Humanos.

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