EL PAíS › LA CAUSA CONTRA LOS REPRESORES RUBEN BUFANO Y ARTURO SILZLE

El juicio a los secuestradores

Ex agentes del Batallón 601, Bufano y Silzle están acusados por las privaciones ilegales de la libertad de los financistas Alberto Martínez Blanco y su cuñado Ricardo Tomasevich, en 1980. La causa fue elevada a juicio oral.

 Por Alejandra Dandan

Rubén Osvaldo Bufano pasó inadvertido durante años. Usó otros nombres y cuando fue necesario hasta presentó un certificado de defunción de su padre, que llevaba su mismo nombre. Bufano había sido integrante del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército durante la dictadura y experto en secuestros extorsivos. A fines de los ’90 se instaló en San Juan camuflado de empresario. Tuvo una agencia de seguridad y, entre sus principales clientes, a la minera Barrick Gold. En mayo de este año, el juez federal Sebastián Casanello ordenó su detención. En ese momento, el prestigio de Bufano en San Juan era tal que al juez le preguntaron: ¿está seguro? A varios meses de aquello, y con Bufano ya preso, el juzgado ahora elevó a juicio oral la causa en la que se lo investiga por dos secuestros extorsivos del año 1980. Junto con Bufano, el juzgado elevó al último acusado pendiente por ahora: otro ex 601 detenido este año, Arturo Ricardo Silzle.

El “expediente Bufano” parece tener por lo menos dos núcleos. Por un lado, da cuenta de lo que pasó durante los últimos años con represores que intentaron reciclarse. La “sobrevida” de Bufano salió a la luz este año cuando el primer tramo de la investigación por los secuestros ya se estaba cerrando con un solo imputado. En ese momento, una fiscal se dio cuenta, revisando la causa en la que se lo había dado por muerto, de que el muerto no era él sino su padre. El otro nudo de la causa está en el “pasado”: el procesamiento ilumina la relación de las bandas de secuestros extorsivos, la figura del “terrorismo económico” y la estructura represiva.

Bufano y Silzle están acusados por el secuestro de los financistas Alberto Martínez Blanco y su cuñado Ricardo Tomasevich el 19 de septiembre de 1980. Además de Bufano y Silzle, el expediente investigó a otros dos pesos pesado de Inteligencia: Leandro Angel Sánchez Reisse y Luis Alberto Martínez, el “Japonés” de la

SIDE. Los dos del 601, y el Japonés, ex integrante de los grupos de tareas de Coordinación Federal, operativo en El Olimpo. Bufano y Silzle acaban de ser elevados a juicio oral. Sánchez Reisse ya había sido “elevado” y el Japonés Martínez, en cambio, fue “suspendido” de la causa por un cuadro aparente de insania, que no está firme y, como tiene características de “simulador”, está siendo sujeto a revisión.

El juzgado señala que son responsables de “haber conformado en su carácter de personal de inteligencia integrante del Ejército Argentino una organización criminal destinada a la comisión de delitos en el marco del aparato represivo instaurado por la dictadura militar”, que “tuvo por objetivo llevar a cabo secuestros extorsivos respecto de empresarios y financistas a los efectos de obtener recursos económicos aplicados en beneficio de sus integrantes y superiores jerárquicos y para financiar actividades desarrolladas con motivo de dicho ataque”.

El secuestro de Tomasevich ocurrió en 1980. La causa empezó a ser investigada formalmente recién en 2005, pero ya antes había sido trabajada en relación con el secuestro del banquero uruguayo Carlos Koldobsky, propietario de Cambio America S. A., ocurrido en 1981, y por el que fueron investigados, procesados y condenados los integrantes de la misma banda. La relación entre uno y otro caso también es eje de esta causa. Los dos secuestros tuvieron características similares. Los secuestradores se presentaron como policías, usaron torturas, picana, apelación a la figura de la “subversión” o “terrorismo económico”. Y –lo más curioso– para el cobro del rescate usaron un sistema de comunicación conformado por “postas” de “latas”, en las que iban dejando instrucciones con mensajes. La participación de la banda en el caso Koldobsky se descubrió rápidamente. Todos fueron detenidos en Suiza, adonde viajaron a cobrar el rescate.

“Las coincidencias entre uno y otro permiten presumir que detrás del planeamiento de ambos se encontró la misma banda”, señala el texto del juzgado. Recuerda que las víctimas de los dos hechos reconocieron a Martínez. Que Koldobsky estuvo secuestrado en un inmueble alquilado a nombre de “Mariano Mendoza”, uno de los alias que usó Bufano. La relación entre los dos casos estructura otro dato: la relación de la banda con la jerarquía orgánica de la dictadura. El hecho es importante técnicamente porque le da al delito carácter de lesa humanidad, pero además arroja luz para pensar el rol de las patotas dedicadas a los secuestros de empresarios. En ese contexto, la elevación retoma el informe que presentó este año la Comisión Nacional de Valores.

“El secuestro y desapoderamiento de algunos empresarios y financistas locales constituían una pata de la implementación del plan económico de la dictadura basado en la desarticulación del aparato industrial y que precisaba del terrorismo de Estado para lograr el disciplinamiento social”, señala. Y con una mención a Rodolfo Walsh indica: “En suma, el objeto de la organización criminal investigada, secuestro de empresarios y financistas, formaba parte del terrorismo de Estado, no sólo como método de disciplinamiento en sí sino también como forma de incidir brutalmente en la modificación de las estructuras económicas, algo que recuerda a aquella frase de Rodolfo Walsh acerca de que la explicación de los crímenes de la dictadura debía buscarse en su política económica”.

Bufano usaba otras identidades. Además de Mariano Mendoza, otra era Oscar Brañas. Este año, en los allanamientos se encontraron documentos y credenciales bajo el nombre de Mendoza. La investigación en Suiza arrojó abundante información sobre sus características. Hizo cursos en seguridad nacional, espionaje y sabotaje. Hacia 1979 entró al Batallón 601. Participó de misiones secretas en Chile y Brasil. A mitad de 1980 fue a la “Compañía de Ejecución B”, donde su “trabajo” consistía en “coleccionar información sobre actividad política, sindical” pero también aparece como supervisor y en vigilancia de oficiales de alto rango de Ejército.

Silsze también fue detenido este año. Eduardo Barcesat es el abogado querellante de Tomasevich y Blanco y hace unos meses aún estaba sorprendido del modo en el que había logrado esconderse durante años. Silsze en la causa aparece como parte del “Grupo de Empleo Inmediato”. En una casa que se allanó este año se secuestró “un revólver, un handy de los utilizados por la policía, un cargador de baterías para dicho aparato, credenciales y cédulas a nombre de Angel Rubén Sarriez, apodo usado por Silzle en su calidad de agente de Inteligencia”. Además, portacargadores de pistola 9 mm, munición para el arma, un cargador para arma calibre 22 largo, llaves de un Ford Falcon, un par de anteojos pintados de negro, diversos sellos y una venda blanca con cinta adhesiva en sus extremos.

Martínez fue detenido por última vez en mayo de 2012 en el marco de las causas por la masacre de Fátima y el circuito Atlético-Banco-Olimpo. Sus antecedentes son amplios. Experto en intimidaciones, detenciones, torturas. Estuvo detenido en Suiza también por el secuestro del financista Fernando Combal, en ese momento dijo haber participado en los “hechos” para la SIDE. En el allanamiento también le encontraron todo un arsenal: pistolas, ametralladoras, silenciadores, granadas, accesorios para artefactos explosivos, máscaras y diversas credenciales con sus fotos.

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Bufano (izquierda) se había reciclado con una agencia de seguridad. Silzle también está detenido.
 
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