EL PAíS › OPINIóN

Memoria, historia y derecho

 Por Guido Croxatto *

La historia del derecho (también la historia del derecho argentino) es una historia marcada por el dolor, la diferencia y la desigualdad. El derecho no se realizó nunca como una concesión fácil a los desclasados, a los oprimidos, a los sin derecho. A los sin voz. Todos los que la historia ha colocado en un margen (Hegel habla de pueblos sin historia, esto es: pueblos sin derechos, sin palabra, sin identidad) han debido recorrer complejos y arduos caminos para conquistar su derecho. Conquistar un derecho es conquistar un lugar en la historia. El reconocimiento y la identidad van de la mano. El reconocimiento de la propia identidad es el primer paso de todo derecho. La base de las políticas de la memoria fue recuperar todas las identidades negadas. Silenciadas. Desaparecidas.

La Argentina era en cierto sentido, hasta entrado el 2003, un pueblo sin una parte de su historia. Con una parte trascendental de su historia reciente negada. Ir a saber toda la verdad negada, desaparecida, fue salir a buscar un derecho. La Justicia y la Historia son inseparables.

Desaparecido es un ser sin palabra, decía Viñas y también Duhalde, también sostenían que el genocidio del indio debe ser nombrado y no visto como un “paso civilizador” en la constitución de la República. Allí también hubo un crimen. Un pueblo sin historia (un pueblo sin derecho, se conquistaba un “desierto”, se masacraba el “desierto”) es un pueblo sin acceso a la Justicia. Justicia e historia van pues de la mano. Donde no hay justicia no hay historia, y donde no hay historia, no hay justicia. Respecto del Proceso, había en la Argentina una justicia simbólica, pero no había una justicia real, vivíamos en un derecho simbólico, no efectivo, sin acceso a las víctimas, sin condenas reales, sin justicia real, solo “simbólica”, pero ningún país se funda con una justicia simbólica, la república necesita una justicia real, de testimonios concretos, de acceso a la verdad, a conocer la historia, a saber de verdad todo lo ocurrido, cómo fue, dónde están los padres, dónde están todos y cada uno de los hijos, alcanzar la justicia es alcanzar pues un lugar en la historia y la historia sólo se completa cuando la justicia termina y hace bien su trabajo, donde no hay justicia no hay, no puede haber, historia, sino parcialidad, expoliación, robo, abuso, y falsedad. De allí la importancia de saber conservar lo ganado. Y de avanzar. Porque todo derecho por elemental que parezca emerge de un reclamo, de una reivindicación, de complejas luchas. Los derechos no son un privilegio. Por eso deben ser honrados. Porque los derechos no caen del cielo. Porque detrás de cada derecho hay vidas.

Lo que hemos aprendido en esta década es que no hay diferencias entre tener historia y tener derecho. Los pueblos sin historia son los pueblos sin derecho. El porvenir del derecho es el porvenir de la historia. La integración regional (la estatua de Juana Azurduy obsequiada al pueblo argentino, por ejemplo) y la memoria fueron esa toma de conciencia en la región. En los últimos diez años se promovió el derecho y también (no casualmente) se promovió la integración latinoamericana. La memoria surgió en todos los países de la región sin “historia”, que recuperaron su historia, es decir, su identidad. Su derecho. Su voz. Su patrimonio. Su arte. Curioso que algunos como Todorov vean aquí, en países como Argentina (y no en los conquistadores que expolian países devastados) un “abuso”. Un “abuso” de la memoria. En la memoria no hay abuso posible. Porque todo lo que se diga sobre la memoria será siempre poco en comparación con lo que se hubiera debido decir (Semprún). Con lo que aún debe decirse. La Argentina está aún en ese camino, donde la memoria debe seguir construyendo. Donde la memoria aún es futuro. No pasado. La memoria no se puede vaciar. El destino de la memoria es seguir creciendo. El vaciamiento del Parque de la Memoria o la amenaza de su vaciamiento es otro signo inequívoco no sólo de olvido e impunidad. Es un signo político en sentido inverso: cuestionar lo que la memoria significó para los argentinos en la última década es cuestionar también las políticas (como la política de la integración latinoamericana) que vieron la luz en el marco de la reivindicación de la memoria. De la construcción de un derecho nuevo, basado en la integración regional, inseparable de la memoria colectiva. Los procesos de la memoria no se pueden, pues, separar de los procesos de integración latinoamericana que se vivieron en los últimos años. Los dos procesos van de la mano. La integración es la base de la identidad. Y de la lucha colectiva por formar parte de la historia. Es decir, alcanzar la justicia. Ser reconocido.

Con la historia y el derecho se construye el porvenir. Ya no hay pueblos sin historia. Ya no quedan pueblos sin derecho. Ya no hay (pueblos) desaparecidos. La misión de la memoria fue reconstruir lo que la historia no había visto. Lo que los historiadores, como decía Viñas, no quisieron decir.

* UBA-Conicet.

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