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El acuerdo unipartito

 Por Mario Wainfeld

“Nosotros como empresarios… queremos comprometernos a no reducir nuestro plantel de empleados durante al menos los próximos noventa días.” Así reza el párrafo más sustancioso del “Compromiso por el empleo” presentado ayer con pompa y circunstancia en la Casa Rosada.

El primer borrador del texto, que contiene otras cláusulas puramente declamatorias, fue redactado por funcionarios del Gobierno ayer mismo. Se envió desde la mañana, con pedido de aval y respuesta entre la crema de los empresarios. Estos formularon comentarios y se llegó a la redacción final, con algunas correcciones.

Las llamadas para convocar a la Casa de Gobierno empezaron desde mediodía. A la hora señalada, el presidente Mauricio Macri se reunió con una cantidad apreciable de empresarios entre los que circulaba una hoja en las que se firmaban las adhesiones.

La novedosa paritaria unilateral se suscribió por empresa, a título individual, pongalé. Como explicó amablemente a este diario el titular de una de las mayores centrales patronales, éstas no pueden asumir compromisos de ese tipo en representación de sus integrantes.

Las corporaciones patronales volverían hoy mismo a Balcarce 50 a firmar un acuerdo (aun) más general. Un rebusque para que las rúbricas de las corporaciones figuren aunque más no sea en una expresión de deseos.

Macri pronunció uno de sus discursos más cortos e insustanciales (ya es decir). Criticó al kirchnerismo, prometió crear millones de puestos de trabajo, enalteció al crecimiento. Coló una frase típica del fútbol cuando hay mucho en disputa: “pongamos lo que hay que poner”. No precisó qué hay que poner. En materia futbolera se sobreentiende o se sabe.

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Los dirigentes sindicales más empinados de las dos CGT fueron citados al mismo lugar, misma hora, con similar urgencia.

El oficialismo y sus medios afines propalaron que las representaciones gremiales también firmarían. No podía ocurrir, por definición: el compromiso es unipartito. También porque, como comentó a este diario uno de los aliados de Hugo Moyano que participó, “no se puede firmar ni hablar en serio de estos temas así no más. Tiene que haber un recorrido antes. Nos llamaron a mediodía, fuimos a hablar y escuchar pero hasta ahí llegamos”.

El Gobierno anunció a los compañeros cegetistas la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, el Empleo y el Salario (en adelante el Consejo) para el 19 de mayo.

Macri agregó que en ese Consejo se formará un grupo de trabajo para discutir modificaciones al mínimo no imponible del impuesto a las ganancias. Desde el otro lado de la mesa le manifestaron extrañeza por el ámbito elegido, algo exótico para abordar el tema. El macrismo aplica licencias poéticas a las instituciones, es muy decontracté en ese aspecto.

El convite a las centrales sindicales tuvo bolilla negra: los dos CTA fueron excluidas por el oficialismo. Macri en su discurso alabó al “diálogo” y expresó con mirada firme la necesidad de sentarse con todos en la clásica “mesa” para conversar. Pero la praxis oficial discrimina entre réprobos y elegidos, más allá de las palabras.

Tal vez el gobierno mide mal los tiempos que corren, de “unidad en la acción” de las distintas vertientes del movimiento obrero. Por si hace falta, dos dirigentes de la CGT Azopardo le recordaron que las CTA tienen representación en el Consejo del Salario y que es forzoso respetar ese derecho dentro de dos semanas. Es una de tantas herencias institucionales del kirchnerismo, padecidas por Cambiemos.

Los representantes de los trabajadores se retiraron sin hacer declaraciones ni asistir a la alocución presidencial. “No nos sumamos a la escenografía”, agregó uno de los más representativos.

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El documento, la liturgia del acto y la nueva cita para hoy evidencian que el empresariado banca los trapos del Gobierno. Poner, lo que dice poner algo más efectivo… es otro precio. La redacción del documento es confusa, tal vez forzada por la urgencia, tal vez adrede.

Si uno se pone puntilloso: es diferente decir “nos comprometemos” que “queremos comprometernos”. Media gran diferencia entre querer hacer algo y ponerlo en marcha. Las dietas, por ejemplo, se reprocha personalmente este cronista. O la creación del empleo o medidas pro-operarias si fuera el Gobierno quien se mira al espejo.

Lo antedicho puede tratarse de un detalle o un matiz. No lo es escribir “no reducir los planteles” en vez de “no despedir”. Las empresas afirman que mantendrán el número de trabajadores durante un trimestre pero se reservan el poder de echar y contratar a otros. Esto fue uno de los contados aspectos en los que fue retocada la redacción original, a pedido de algunos referentes patronales, confirman fuentes fidedignas del sector. La explicación es que hay despidos por mala conducta que no se pueden diferir.

Hubo otros empresarios que eran remisos a firmar porque no acostumbran despedir. “¿Por qué debería firmar una promesa de no drogarme si nunca lo hice?” transpolaba alguno. En general fueron disuadidos. Está en juego un gesto político, no es cuestión de reparar en detalles.

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La aceleración oficialista revela cuánto lo mortifica y preocupa la posible aprobación de la ley de Emergencia ocupacional en Diputados.

El anunciado veto de Macri es factible pero los estrategas oficiales leen que lo dejaría malparado.

La promesa patronal aspiraría a sustituir la ley, too much. Por lo pronto, en derecho no hay compromiso sin sanción. Los que aseguran que cumplirán podrían burlar su palabra hoy mismo, sin ninguna consecuencia ajena a su reputación. No pagarían doble indemnización desde ya, ni tendrían recargo en impuestos por fabular algo. Si el Estado hubiera suscripto el Compromiso podría haber estatuido alguna pena. Claro que sería exorbitante a la lógica del manifiesto, que es una gracia patronal.

Lo ofertado es un canje entre una ley (válida por un plazo más largo, con reglas claras, aplicable a todos los argentinos) por un ersatz. Una promesa retórica que solo atañe a los firmantes. Y cuya violación carecería de toda consecuencia para ellos. Para ser buena onda el Compromiso es más que nada. Para ser certero: apenas un cachito más que nada.

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La abstención oficial dejó indemnes a los empleados públicos frente a la avanzada de cesantías sin causa, ni fundamentación, ni respeto de derechos básicos. Tal vez por eso Macri menospreció a las CTA que congregan cantidad de gremios estatales. Los considera parias y los trata en consecuencia.

El “faltante” interpela a las dos CGT: si desamparan a los empleados públicos borrarían con el codo la bella página escrita el 29 de abril.

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El tuit del día lo proveyó el ex diputado y senador Jorge Yoma que, alejado de la lid cotidiana, puede darse varios gustos. Textual: “¿Presi, como hago para invitar a los mil empresarios en dos horas?” “Pedile a la Embajada de Panamá que te ayude.”

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El personal macrista pudo cumplir su cometido sin seguir los consejos de Yoma aunque algunos connotados empresarios se quejaron de haberse anoticiado casi sobre la hora.

Como fuera, el Gobierno, cariacontecido por haber perdido el dominio de la agenda, les pidió una pequeña ayuda a los amigos. Fue interpretado, se la concedieron.

Puestos a hacer favores, dijeron que dispensaban otro a sus empleados. De derechos nadie habla en la galaxia oficial y la jornada de ayer no hizo excepción.

Fue un nuevo encuentro entre integrantes de una misma clase social, desempeñando distintos roles. Pocas mujeres en el Gabinete y en las sillas para invitados, caramba.

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La autoexclusión del Gobierno trasunta su perspectiva ideológica. Se resiste, hasta la sobreactuación, que “la política” intervenga en el mercado, cruz diablo. Resquemor que se acentúa si la norma “polémica” restringe las potestades del capital, por transitoria que sea la limitación.

La primera percepción sugiere que el simulacro no disuadirá a las centrales sindicales peronistas ni a los diputados opositores.

El referente del Frente Renovador, el diputado Sergio Massa, volvía de Corrientes, de un viaje con el diputado José Ignacio de Mendiguren. Convocó a su bloque y sub bloques para una reunión hoy mismo. Queda por verse cómo se traduce “la ancha avenida del medio” ante el nimio cambio obrado ayer.

Los diputados opositores, en conjunto, quedaron con la pelota de su lado. Nada serio cambió el escenario, digamos, de anteayer. Si son coherentes (y ponen lo que hay que poner) está claro qué deben hacer.

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Imagen: Leandro Teysseire
 
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