EL PAíS › OPINION

En casa de herrero

 Por Paula Español *

Se le suele exigir al sector industrial que sea competitivo y, para ello, el ingreso de productos importados se propone como herramienta disciplinadora. Sin dudas, las empresas deben invertir para mejorar su productividad y, de esta manera, no sólo vender su producto localmente sino también volcarse al mercado externo. Sin embargo, se deben equilibrar las exigencias de competitividad en un contexto internacional como el actual: exceso de oferta mundial, capacidad instalada ociosa y fuerte competencia desleal, sumado a los extremadamente bajos salarios de los países asiáticos. Sin tener esto en mente, difícilmente podría explicarse que incluso el sector agroalimentario –cuya competitividad no es materia de objeción– esté sufriendo los efectos de la apertura importadora en un mundo con elevados saldos exportables. En efecto, en estos meses, se observa un inusitado ingreso de productos alimenticios que invaden las góndolas de los supermercados, tanto de productos elaborados como del sector frutihortícola.

Los datos agregados muestran una reducción de las importaciones totales medidas en dólares de un 5,8% para el primer semestre, según datos oficiales del INDEC. No obstante, si tomamos las importaciones en cantidad de bienes (eliminando el efecto de las variaciones de precios internacionales), se observa un resultado opuesto: el ingreso de la totalidad de productos crece un 9,1% y, en particular, los bienes de consumo un 22,2%.

Este crecimiento de las importaciones resulta llamativo en un contexto de contracción del consumo interno en general, incluso en la demanda de bienes de primera necesidad como son los alimentos. En efecto, consultoras privadas y diversos organismos estiman para junio una reducción de entre el 5 y el 7% interanual en el rubro de alimentos y bebidas.

Tomemos el changuito y demos una vuelta por el supermercado. Empezamos por la góndola de carnes. En este primer semestre, la importación de carne de cerdo de origen brasileño y danés se duplicó (con embutidos y chacinados que saltaron un 250%), y para la carne aviar el ingreso de producto importado se multiplicó casi por 10.

También aumentan las importaciones de otros rubros emblemáticos para nuestro país como golosinas (+60%), chocolates (+36%), galletitas dulces (+74%), galletitas sin sal (+370%) y yerba mate (+145%). Si nos acercamos a la góndola de los lácteos, los quesos importados ganaron un 30% en estos mismos seis meses, y empezamos a encontrar manteca y yogures que atravesaron la frontera para ser consumidos. De la misma manera, podemos ahora preparar una rica cena con pastas importadas (+55%) bien condimentadas con pimienta y queso rallado también importados, y acompañarla con cervezas de los más diversos orígenes –cuyas importaciones se duplicaron en este mismo período– o con agua mineral europea. Si decidimos hacer una salsa natural, podremos prepararla con cebolla seca que viajó desde India (principal origen que explica el incremento del 350%) y con tomates oriundos de Brasil (producto sin importación en años previos).

En esta misma línea, en un contexto en el que las economías regionales sufren el impacto de la baja del consumo y de las exportaciones, se observa un llamativo ingreso de productos frutihortícolas. En el primer semestre, por ejemplo, se importaron 5.000 toneladas de zanahorias y papas y 3.500 toneladas de naranjas. También se encuentran importaciones de frutillas, mandarinas, ciruelas, espinaca, uvas secas, nueces, entre otros.

En síntesis, la ola importadora alcanza a todas las ramas productivas, incluyendo un sector tan representativo de nuestro país como el de alimentos y bebidas, con el consecuente efecto negativo en el empleo que muestran las estadísticas oficiales. Es por ello que se debe ser cauto al analizar la competitividad de nuestra industria, y tener en cuenta las condiciones imperantes actualmente en los mercados externos. En un mundo más ávido por vender que por comprar, sería razonable llevar adelante una administración del comercio más cuidadosa.

* Ex subsecretaria de Comercio Exterior. Directora de Radar Consultora.

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