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Semana Santa de luz roja por un “tercer atentado”

Las embajadas de Israel y los países árabes e instituciones de las comunidades judía y árabe en Buenos Aires fueron puestas bajo vigilancia reforzada. El turismo de Semana Santa agrega un problema adicional en las fronteras.

 Por Raúl Kollmann

“Lo único que nos falta es que haya un tercer atentado”, razonaba anoche un alto funcionario del Gobierno mientras verificaba que todo el aparato de seguridad estatal esté atento y dándole mayor cobertura a las fronteras y los edificios de las comunidades árabe y judía. “El atentado contra la embajada de Israel fue una sorpresa absoluta, no teníamos la menor preparación. Cuando ocurrió la AMIA, recién empezábamos a tomar medidas. Ahora, tenemos más estructura en las fronteras, podemos chequear antecedentes on-line y no sólo hay un mayor intercambio con las fuerzas de seguridad de Brasil, Paraguay y Estados Unidos, sino que existe un intercambio entre nuestras propias fuerzas de seguridad, algo que antes no había. Competíamos y hasta nos hacíamos maniobras entre nosotros”, explicó a este diario el máximo responsable de una de las fuerzas encargadas del operativo preventivo.
“Desde hace varios días, cuando comenzó a agudizarse el conflicto, ya hemos tomado recaudos y hemos reforzado la seguridad de los objetivos que pueden verse afectados por esta situación”, dijo el secretario de Seguridad, Juan José Alvarez. El funcionario, así como fuentes de inteligencia, le dijeron anoche a Página/12 que no hay ninguna amenaza concreta, ningún dato llegado de Estados Unidos alertando sobre un peligro puntual. “Igualmente tenemos la obligación de prevenir”, redondeó Alvarez.
En verdad las mayores preocupaciones devienen siempre del mismo razonamiento: en la Argentina hubo dos atentados que los terroristas seguramente consideraron exitosos y las respectivas investigaciones no permitieron detener ni a los propios terroristas ni a sus colaboradores más cercanos ni a lo que puede considerarse como la conexión local. En el caso de la AMIA se está enjuiciando a un grupo que, si se logra probar, habría tenido una participación secundaria suministrando el vehículo después convertido en coche-bomba.
–Los que participaron en aquellos atentados, bien podrían volver a intervenir. No hay ninguna evidencia de que se hayan ido –le preguntó este diario a uno de los investigadores.
–Bueno, es difícil saberlo. Se puede hacer la conjetura que los que actuaron como conexión local aquellas dos veces terminaron yéndose, pero es sólo una conjetura.
De acuerdo con las fuerzas de seguridad, el fin de semana larguísimo ya trae problemas en la frontera por la afluencia de gente de los países vecinos. El conflicto de Medio Oriente obligó a tomar medidas adicionales: una vez entrado a la Argentina y a algunos kilómetros de la zona limítrofe, se empezaron a escanear los equipajes para detectar armas o explosivos. En días de mucha afluencia, ese control era más relajado, pero ayer se puso en alerta a todas las unidades de la Gendarmería.
En la Capital Federal y las principales ciudades del interior las fuerzas policiales reforzaron el control en los edificios que podrían ser blancos de un ataque: en especial las embajadas de Israel y los países árabes, la mezquita de la zona de Palermo y las sedes de la AMIA y los clubes e instituciones judías y árabes. Además, se dispuso un patrullaje adicional para supervisar todas las guardias. Debe recordarse que tanto en el atentado contra la embajada de Israel como contra la AMIA los policías federales encargados de las custodias no estaban en sus puestos. En la Embajada adujeron que se quedaron en el cuartel a realizar trabajos de talabartería y en la AMIA uno de los custodios dijo que fue al baño de un bar vecino y el otro manifestó que estaba tirado en el asiento arreglando la radio de la patrulla.

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