EL PAIS › EL CANCILLER MORATINOS DIFERENCIO A SU PAIS DEL FMI

España no quiere un mal Rato

Miguel Angel Moratinos anunció que Rodríguez Zapatero vendrá al país a principios de 2005. En un encuentro con Kirchner anticipó el apoyo español a la negociación por la deuda externa.

 Por Martín Piqué

Los antecedentes no eran del todo propicios. En una reciente entrevista del diario madrileño El País, el canciller de España, Miguel Angel Moratinos, había dicho que pensaba “exigir a Kirchner que mantenga el diálogo y su relación” con el FMI. No son las palabras que se eligen para preparar el clima de un encuentro. Pero todo cambió tras la reunión con Néstor Kirchner y Rafael Bielsa en la Rosada. En público, todo fue diplomacia y elogios cruzados. Había que mostrar otra etapa en la relación tras la asunción de José Luis Rodríguez Zapatero. “Hemos encontrado una buena actitud del presidente Kirchner y del canciller Bielsa. Se está conversando y seguiremos haciéndolo para encontrar una solución”, dijo Moratinos sobre la deuda externa con los acreedores privados.
En una conferencia conjunta que dio con Bielsa en la Cancillería, Moratinos anunció que en “el primer trimestre” de 2005 Rodríguez Zapatero vendrá al país en una visita “larga, oficial y de trabajo”. Pero los dos presidentes se verán las caras mucho antes: en diez días se reunirán en Nueva York en el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Moratinos fue el primer funcionario del gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que visitó la Argentina. Llegó junto con el director de la Oficina Económica de España, Miguel Sebastián, un funcionario de mucha confianza de Zapatero, y el embajador español Manuel Alabart. Kirchner lo recibió con Bielsa y el representante argentino en Madrid, Carlos Bettini, un viejo conocido del PSOE.
Tras esperar veinte minutos en la antesala del despacho presidencial, Moratinos fue recibido por Kirch-
ner a las 10.20. La reunión duró cuarenta minutos. No fue su primer contacto con el gobierno argentino. A principios de la semana, Bielsa lo había llamado por teléfono para consultarlo –y expresarle cierto disgusto– por sus expresiones ante El País. Moratinos había dicho que su opinión tenía “un espíritu constructivo”. Con esos antecedentes era esperable que Kirchner se quejara por el trato español. Así fue: según contaron a Página/12 fuentes de la Cancillería, el Presidente exteriorizó su “inquietud” por la reciente visita del titular del FMI, Rodrigo Rato.
En una visita relámpago, Rato había insistido en su reclamo de “un acuerdo amplio y estable con los acreedores privados”. En números, eso significa una aceptación del 80 por ciento. Pero también había pedido información sobre la aprobación del presupuesto del año próximo. En un ejemplo de la injerencia del FMI en cuestiones internas, Rato había pedido “la aprobación de un presupuesto que profundice la senda de estabilidad y el aumento de la capacidad financiera del Estado argentino”. En otras palabras, reclamaba un aumento del superávit, anclado ahora en el 3 por ciento.
Ante la catarsis argentina, Moratinos reaccionó diferenciando a la administración de Rodríguez Zapatero de las opiniones de Rato. “España no es el FMI y la relación con Argentina es bilateral –subrayó ante los periodistas tras el encuentro con Kirchner–. España siempre ha ayudado a Argentina en su negociación con el FMI y nosotros respetamos la manera y el desarrollo de esas conversaciones.” Según fuentes diplomáticas argentinas, Moratinos “ratificó que Rodríguez Zapatero va a apoyarnos en el directorio del Fondo y en el G7”. “Separó las aguas entre Rato y el gobierno español”, interpretaron desde Cancillería.
En una muestra de esa sintonía, el canciller español se comprometió a revisar la ley de Extranjería para regularizar “a todos los argentinos que tienen ya contratos laborales y una vida establecida”. Como contraparte, el Gobierno firmó un convenio sobre seguridad social que beneficiará a los españoles que viven en la Argentina. Si el acuerdo parecía fácil en temas de inmigración, distinto fue el caso cuando la agenda giró hacia los intereses de las empresas españoles. Era imposible que ese punto, más allá de afinidades políticas y generacionales, no separara de alguna forma aargentinos y españoles. De hecho, Moratinos se reunió con la Fundación Cámara Española de Comercio, que agrupa a las empresas hispanas radicadas en el país. Allí volvió a escuchar el reclamo de aumentar las tarifas de las privatizadas para compensar la devaluación del peso.
“No hagamos de la relación con las empresas lo que tiene que ser la relación entre la Argentina y España”, propuso Moratinos para tranquilizar a sus anfitriones. Unas horas antes, Kirchner había prometido que en julio de 2005 “la situación se normalizaría”. En esa parte de la charla, el Presidente habría “dado garantías de que todo tiende a una normalización”. Las fuentes que contaron el encuentro no precisaron si la palabra “normalización” significaba una suba de tarifas.
Después de la reunión en la Rosada, Moratinos compartió un almuerzo con Bielsa en el Palacio San Martín. Mientras tanto, lejos de las cámaras y los micrófonos, el asesor preferido de Zapatero en temas económicos, Miguel Sebastián, se entrevistó a solas con el ministro Roberto Lavagna en el Palacio de Hacienda. En el Gobierno nadie informó del encuentro ni dio precisiones sobre lo que conversaron los dos economistas.

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El canciller español, Miguel Angel Moratinos, había dicho que su país iba a exigir diálogo.
 
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