SOCIEDAD

Una confesión que apunta al peor de los desenlaces

La mujer detenida por el secuestro de Fernanda admitió haber participado en el hecho y dijo que, según su marido, el fallecido Miguel Angel Lencina, la adolescente había muerto ahorcada.

 Por Pedro Lipcovich

Mirta Chávez, detenida por el secuestro de la niña Fernanda Aguirre, admitió haber participado en el hecho y sostuvo que, el mismo día del secuestro, su marido –Miguel Angel Lencina, el principal sospechoso, que apareció ahorcado en su celda– quemó las zapatillas de la chica y le dijo a ella que Fernanda “se ahorcó”. En su testimonio ante el fiscal, la imputada reconoció haber efectuado las llamadas telefónicas para pedir el rescate y sostuvo que Lencina se llevó a la víctima en un auto junto con otros dos hombres que no identificó. Las declaraciones se orientan en la perspectiva de que Fernanda Aguirre fue asesinada. De todos modos, tanto el fiscal federal de Paraná, a cargo de la causa, como el abogado de la familia Aguirre destacaron que “mientras haya una posibilidad de que esté viva, hay que hacer todos los esfuerzos para encontrarla”. El abogado de la familia está convencido de que Chávez sigue ocultando información. Por lo demás, su declaración –que, como la de todo imputado, no está obligada a ser veraz– se inscribe en la estrategia de su actual defensor, consistente en admitir su participación pero sostener que actuó obligada por violencias físicas a las que la sometía Lencina.
El secuestro de Fernanda ocurrió el 25 de julio en San Benito, cerca de Paraná. Mirta Chávez, detenida y procesada en la causa, declaró por primera vez ante el fiscal, Mario Silva: se había negado a hacerlo desde su detención, hace varias semanas. La imputada admitió haber efectuado cuatro llamados telefónicos a la familia Aguirre, el mismo día del secuestro, y haber participado en el cobro de un rescate de 2000 pesos. Afirmó no haber visto “nunca” a Fernanda durante el secuestro, y narró que, alrededor de las cuatro de la tarde de ese día, estaba con Lencina en casa de los padres de éste cuando llegó “un auto largo, grande, sin patente, bien cuidado” que sería de color “bordó”. En el auto venían dos hombres, que Chávez dijo no poder identificar. Su marido se fue con ellos y volvió a los 15 minutos. Según la declaración, Lencina traía “un par de zapatillas que le pregunté de quién eran y me dijo que eran de la nena”. El hombre “quemó en un tacho” las zapatillas. “Le pregunté qué había hecho con la nena y me dijo: ‘Se ahorcó’.”
Una fuente próxima a la investigación dijo que “la declaración fue así, lacónica”; ayer circularon versiones de que, según Chávez, Lencina habría atado a la niña a un árbol y la habría violado, pero ello no consta en su declaración.
“¡Se ahorcó sola! ¡Me van a decir que Chávez no le preguntó más nada a él, después de haber participado en un secuestro extorsivo y sabiendo que la responsabilidad es mayor cuando muere el secuestrado!”, exclamó Julio Federik, abogado de los padres de Fernanda. “Seguro que Chávez tiene más información”, afirmó.
Federik insistió en “la otra hipótesis: que Fernanda fue entregada a otros hombres que se la llevaron a otro lugar. Esto plantea la posibilidad de que la chica esté viva, y con que exista una sospecha en este sentido, una mera posibilidad, es suficiente para agotar todos los esfuerzos en busca de encontrarla”. También el fiscal Silva “sigue con la hipótesis de que la niña está con vida –puntualizó la fuente de la investigación–; corresponde presumirla con vida mientras no se demuestre lo contrario, y sólo habría certeza de su muerte si se encontrara el cadáver”.
Sin perjuicio de ello, la incineración de las zapatillas es más consistente con la hipótesis del crimen.
En cualquier caso, “no hay que olvidar que las declaraciones de Chávez no son de un testigo sino de un imputado, que como tal no está bajo juramento”, recordó Federik. La estrategia de la defensa de Mirta Chávez –que acaba de asumir el abogado Luis de Aguirre– apunta a admitir la participación en el secuestro pero sosteniendo que actuó obligada mediante “amenazas” y “golpes” de Lencina. Sin embargo, “esto contradice otras pruebas e indicios con que cuenta la fiscalía”, según la fuente. La hipótesis de que Fernanda pudo ser entregada a una organización de prostitución de menores llevó a rastrearla en Santa Fe, Rosario y Córdoba –donde la investigación sacó a la luz una red de prostitución de adolescentes en Río Cuarto–. Un pedido de auxilio escrito llevó a buscarla en Santiago del Estero y Tucumán; sin embargo, el último peritaje sobre ese texto indicó, hace una semana, que no había sido escrito por la niña. Lencina, principal sospechoso, apareció ahorcado en la cárcel de Paraná. Raúl Monzón, primo de Lencina, está detenido como “partícipe necesario”.

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Pese a todo, los padres de Fernanda Aguirre mantienen viva la esperanza de encontrarla con vida.
 
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