EL PAíS › NUEVE DE DOCE PRESIDENTES FIRMARON
EL NACIMIENTO DE LA COMUNIDAD SUDAMERICANA

Como el sueño de Bolívar, pero más light

Sólo faltaron Kirchner, el uruguayo Batlle, el paraguayo Duarte Frutos y el ecuatoriano Gutiérrez, que enviaron representantes. Se comprometieron a realizar 31 obras de infraestructura pro integración y a que en el futuro haya libre comercio, moneda y pasaporte único en la región.

 Por Fernando Cibeira

Sólo el tiempo dirá cuánto de histórica tuvo la jornada de ayer en Cusco, la antigua capital del Imperio Inca que anoche fue sede del lanzamiento de la Comunidad Sudamericana de Naciones con la participación de los doce países que integran la región. En principio, podría decirse que la comunidad nació renga: faltaron tres de los cuatro presidentes del Mercosur, entre ellos Néstor Kirchner. No por ello habría que adelantarse a hablar de un mal augurio y no darles crédito a los entusiastas de la flamante unión de espíritu bolivariano que anticipan que en unos quince años los sudamericanos tendremos cero arancel aduanero, una única moneda y un pasaporte común. Para evitar la acusación de voluntarismo, los jefes de Estado y representantes de las doce naciones reunidas anunciaron la inmediata puesta en marcha de 31 obras de infraestructura para integrar la nueva región que aglutinará a 360 millones de personas y un PBI cercano al billón de dólares.
La nueva criatura tiene su obvia inspiración en la Unión Europea, pero no hay especialista en el tema que no pueda mencionar en cuestión de minutos una larga serie de diferencias entre ambas experiencias, empezando por la estabilidad institucional de los participantes y las equivalencias de las economías en juego. Por otro lado, el ensayo europeo demandó un ensamble de años mientras que la unión sudamericana se aceleró en los últimos tiempos, pese a que todavía persisten muchos de los problemas históricos de integración de la región.
Ayer, además de Kirchner, faltaron los presidentes de Uruguay, Jorge Batlle, de Paraguay, Nicolás Duarte Frutos, y de Ecuador, Lucio Gutiérrez.
Con todo, los funcionarios argentinos remarcaban ayer la “vocación política” que habían mostrado los representantes de los doce países al firmar ayer la Declaración de Cusco, aunque el hilado fino de la alianza todavía está por verse. En principio, su conducción quedará en manos de una comisión integrada por los doce vicecancilleres que deberán organizar una segunda cumbre para abril, que podría realizarse en Brasil o Uruguay.
La Comunidad Sudamericana tiene el antecedente inmediato del acuerdo de libre comercio firmado en octubre entre el Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y la Comunidad Andina de Naciones (CAN, que agrupa a Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela). Chile está asociado a ellas, con lo que sólo quedarían fuera las pequeñas Guyana y Surinam, cuyos presidentes también se sumaron a la cumbre de ayer.
Uno de los riesgos que marcaron los funcionarios de la Cancillería argentina era que se debía evitar que la nueva unión ignorara los recurrentes inconvenientes que debe superar cada país a veces para ponerse de acuerdo con sus vecinos como, por ejemplo, sucede entre la Argentina y Brasil por las ventas de sus productos. Por eso, la delegación argentina fue de las que propuso una institucionalización de la Comunidad Sudamericana a paso cansino y no apurar la marcha con parlamentos o jefaturas comunitarias. “Primero debemos avanzar en el Mercosur y recién después avanzar con lo más grande”, explicaban.
La institucionalización y cuestiones que podrían considerarse paralelas, como la proliferación de cumbres continentales, fueron motivo de discusión entre los presidentes en la reunión que celebraron en la antigua sacristía del templo Qoricancha. El colombiano Alvaro Uribe curiosamente coincidió con el venezolano Hugo Chávez en hablar de las burocracias continentales y proliferación de cumbres que pocas veces sirven de algo. El chileno Ricardo Lagos subrayó que esas cumbres marcan distintos niveles de unión continental, en tanto que el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva las consideró necesarias para poder avanzar en acuerdos. “Me voy a reunir cuántas veces haga falta para que coincidamos en un destino común”, le replicó Lula a Chávez.
Con todo, y para alegría de Kirchner, hubo coincidencia en que hay cumbres que podrían unificarse y así evitar lo que sucederá la semana que viene, con una nueva reunión presidencial del Mercosur ampliado, en Ouro Preto.
No dobla
Cusco o Cusco (voz quechua que significa “ombligo del mundo” y acepta la “z” y la “s”) podía resultar la sede adecuada por múltiples razones: la fuerte resonancia histórica de haber sido asiento de la más avanzada civilización indígena de Sudamérica, su atractivo turístico y hasta su simbolismo arquitectónico, con una exquisita combinación del arte incaico con el colonial hispánico. El inconveniente son sus 3300 metros de altura, razón que adujo Kirchner para ausentarse, aunque las dudas por los verdaderos motivos volaron hasta aquí.
Hay quienes sostienen que el Presidente le quitó el cuerpo a una reunión movilizada por Eduardo Duhalde –presidente de la comisión permanente del Mercosur– para opacar su lucimiento. Además, en la Casa Rosada recelan del nivel de afinidad que existe entre Duhalde y Lula en sus movimientos internacionales. El brasileño se mostró muy interesado en el lanzamiento sudamericano y hay en el gobierno argentino quienes creen que aspira a convertirse en un lógico líder de la región que, en la suma, contará con un PBI similar al de Estados Unidos y reservas naturales en petróleo, gas y agua dulce únicos en el mundo.
La prensa brasileña insistió en preguntarle a cuanto funcionario argentino tuviera a tiro los verdaderos motivos de la ausencia de Kirchner y si eso debía considerarse un desplante a Lula. “Es que el Presidente es un hombre que viene de los llanos del sur”, le explicó Duhalde a un periodista brasileño antes de reconocer que él mismo estaba sufriendo los efectos del apunamiento (ver aparte). Incluso, los funcionarios de la Cancillería aseguraban que habían presionado hasta último momento al presidente de Perú, Alejandro Toledo, para que mudara la sede de la reunión a Lima, pero no hubo caso.
Finalmente, la delegación argentina estuvo encabezada por el vicepresidente Daniel Scioli, el canciller Rafael Bielsa y Duhalde –viajó junto a su mujer Chiche–, quienes volaron por separado en el pequeño Tango 10. El resto de la comitiva viajó en un Fokker de la Fuerza Aérea: el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados, Jorge Argüello, el jefe de gabinete de Cancillería, Eduardo Valdés, el asesor de Duhalde en el Mercosur, Eduardo Amadeo, el senador Antonio Cafiero y el sindicalista Julio Piumato, quien viajó en representación de la CGT. En tanto que el titular de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Ramón Puerta, misteriosamente desistió de volar cuando estaba a punto de embarcar en Aeroparque. Además, había otros funcionarios trabajando desde días antes en Perú, como el subsecretario de Política Latinoamericana, Darío Alessandro, y el de Integración Económica, Eduardo Sigal.
Por la noche, luego de las reuniones y poco antes de la ceremonia de clausura en la Iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en la céntrica Plaza de Armas, los funcionarios argentinos calificaban la cumbre como “un éxito”. “Estuvieron representados todos los países y hubo avances concretos”, decían cerca de Duhalde. De las 31 obras pautadas para la integración geográfica del continente por un total de 4300 millones de dólares (el financiamiento también es un interrogante) cuatro correspondían a la Argentina.

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El colombiano Alvaro Uribe, el venezolano Hugo Chávez y Eduardo Duhalde, ayer, en la cumbre.
 
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