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Volver a la estación de Haedo, seis meses después

Seis de los presos por los disturbios en la estación ferroviaria recuperaron la libertad. Pasaron más de seis meses en la cárcel. Ayer se hizo un acto en Haedo. Queda una persona detenida.

 Por Miguel Jorquera

Pasaron más de seis meses en la cárcel. Recién el viernes, seis de los últimos siete detenidos por los incidentes en la estación ferroviaria de Haedo recuperaron la libertad por decisión de la Cámara Federal Nº 1 de San Martín. Ayer por la tarde, sobre la misma estación que ardió en llamas en noviembre pasado, varios de ellos volvieron a reclamar la liberación del último de los presos acusados de promover los disturbios que terminaron con quince vagones ferroviarios quemados en medio de la rebelión de los usuarios contra el servicio que presta el concesionario TBA en la ex línea Sarmiento. Todos iniciaron causas contra el Estado por el maltrato al que fueron sometidos en las comisarías y penales donde estuvieron presos, pero igual siguen procesados e irán a juicio oral por supuestos delitos menores.

Matías Barreto y José Gutiérrez tienen la misma edad y el mismo “oficio”: 22 años y son cartoneros, aunque José padece un retraso mental que lo equipara con un chico de apenas 10 años. Julio Gutiérrez, de 20 años, y Fredy José, de 24, también compartían el modo de ganarse la vida como vendedores ambulantes arriba de los trenes. Rodrigo Valdez, de 26 años, es cortador de prendas, y Cristian Wenk, de 19, es estudiante de educación física. Todos estuvieron más de seis meses presos en comisarías y los penales de Ezeiza y Marcos Paz acusados –por el juez federal de Morón, Germán Castelli– de “promover” la revuelta de los usuarios contra TBA en la estación de Haedo, pero el viernes recuperaron su libertad.

La decisión de liberarlos la tomó la Cámara Federal Nº 1 de San Martín ante las apelaciones a las detenciones y procesamientos presentadas por los abogados de la Fundación Investigación y Defensa Legal Argentina (Fidela) y la Coordinadora por la Libertad de los Presos Políticos. El único que continúa detenido en el penal de Ezeiza es Roberto Raúl Contreras, un tapicero de 27 años y padre de cinco hijos.

“Las apelaciones se fundamentaron en la falta de pruebas y las graves irregularidades cometidas durante la instrucción de la causa. A Contreras le imputan que ‘se le cayó una pistola 9 milímetros’ cuando lo subían al patrullero y se lo llevaban detenido. Es al menos raro que no lo hubieran revisado antes de subirlo al vehículo policial”, argumentó Omar Dib (de Fidela) a Página/12. “A Contreras le aplicaron la Ley Blumberg que establece una pena de tres años y seis meses por portación de armas de fuego”, dijo a este diario otro de los defensores que sin embargo prefirió no emitir opinión sobre la resolución de la Cámara, de la que todavía no habían recibido la notificación oficial.

Para ayer, los vecinos de Haedo –que exigen a TBA la reconstrucción de la antigua estación ferroviaria y mejoras en el servicio– habían programado una marcha desde Haedo hasta el Juzgado federal de Castelli, en Morón, para reclamar la libertad de los detenidos. Pero la liberación de seis de ellos, el viernes pasado, transformó la marcha en un acto que realizaron sobre la misma estación y de la que participaron sólo algunos de los liberados. “No pudieron venir todos porque varios de ellos sufren trastornos psicológicos graves, por lo que pasaron en las cárceles”, aseguró a este diario Mirta, la mamá de Cristian Wenk, que agradeció a los vecinos “la solidaridad en esta lucha tan despareja”.

El primero de noviembre del año pasado, Cristian iba desde Merlo a Capital para entregar un “currículum de trabajo” cuando el tren en el que viajaba quedó parado a varias cuadras de Haedo, mientras dos formaciones ferroviarias ardían varadas en la estación. Llegó caminando hasta allí, pero poco después se desató una “represión indiscriminada” y se lo llevaron preso. Lo acusaron de “robo, resistencia a la autoridad y daño agravado en perjuicio de bienes de uso público”. Entre ellos el de haber participado en el “saqueo” del quiosco de la estación. La prueba era un montón de paquetes de cigarrillos que resultaron ser sólo marquillasvacías de una promoción que el joven guardaba para canjear por una entrada a un recital.

“Mi hijo estaba cartoneando”, relató entonces Graciela Taborda a Página/12. A Martín Barreto lo apresaron a tres cuadras de la estación de Haedo arriba de su carro tirado por un caballo. Lo acusaron de robarse “una silla de ruedas, varios chalecos antibalas de la policía provincial y material ferroviario”. Ninguno de esos elementos constaba en los secuestros policiales a los detenidos; ni siquiera el caballo, al que los vecinos rescataron y le dieron de comer hasta que Graciela se lo llevó de regreso a Rafael Castillo.

Estas son las historias de apenas dos de los 87 detenidos tras los disturbios en la estación de Haedo el primero de noviembre pasado. Sin embargo, ambos continúan procesados por supuestos delitos menores y a la espera de un juicio oral.

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En noviembre pasado la revuelta dejó quince vagones incendiados.
 
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