EL PAíS › EL EX MINISTRO, CON FUERTES ASPIRACIONES PERO LEJOS DE UN PROYECTO DE LA OPOSICION

Lavagna ya pide pista en la arena política

 Por Sergio Moreno

La rentreé del ex ministro de Economía Roberto Lavagna en el escenario político, además de sazonarlo, ha aportado otra mirada sobre la marcha del Gobierno. Muchos dirigentes, de distintos partidos, sueñan asimilarlo a sus filas para confrontar con el kirchnerismo en 2007. El ex ministro y dos veces embajador ha conversado, en estos últimos días, con sus hombres de confianza y, aunque no lleva prisa, definió algunas cuestiones. “No cuenten conmigo para ningún proyecto de oposición al Presidente. Quien crea que yo pueda participar en un movimiento de oposición al Presidente y al Gobierno, se equivoca. No me van a encontrar ahí”, confió a sus más íntimos quien fuera el negociador de la deuda en default. Sin embargo, Lavagna no descarta nada, ni siquiera candidaturas. “Yo no me excluyo. Estoy viendo, sin ansiedad”, confesó.

Sin demasiado interés por la Ciudad de Buenos Aires, el ex ministro espera tranquilo lo que vendrá, ya que, entiende, es demasiado temprano para hablar de aspiraciones electorales. Dicho esto, Lavagna mantendrá su “dialéctica con el Presidente”, verbigracia, sus diferencias con algunas políticas del Gobierno, ocupando un espacio que considera haber ganado tras sus labores como funcionario y aprovechando el papel menesteroso que juega la oposición en cuanto a aporte de ideas y construcción de alternativas.

Página/12 expuso en dos oportunidades que el presidente Néstor Kirchner había fijado su atención en su ex ministro, imaginándolo candidato a jefe de Gobierno porteño para 2007, con sus blasones. Posteriormente, algunas versiones lo “reunieron” con Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde, en una suerte de complot que nunca existió, ya que tal encuentro no existió. Sí se produjo la reunión con Alfonsín, donde el caudillo radical lo instó, sin eufemismos, a ser el candidato de una coalición a formar entre los sectores más de centroizquierda de la UCR, el Partido Socialista y alguna que otra fuerza afín. Los detalles de dicho encuentro fueron expuestos por este cronista en su columna del domingo pasado.

Diez días atrás, tras un seminario en Washington, invitado por sus viejos archirrivales del FMI, Lavagna habló con dos corresponsales argentinos. Dijo entonces que no descartaba candidaturas, que tenía diferencias con algunas medidas del Gobierno, expuso cuáles eran las más salientes y las que más le preocupaban. Así se produjo el regreso del ex jefe del Palacio de Hacienda, que está decidido a ocupar un lugar en el universo de la política criolla.

Al respecto, tras el fin de semana pasado, Lavagna estuvo reunido con algunos de sus fieles colaboradores. El suele llamarlos amigos, aunque a alguno lo trate de usted. Ahí, ante la ansiedad de sus contertulios, Lavagna definió algunas cuestiones, las susceptibles de definirse en este tiempo, las que presagian el escenario que se avecina tocado por su acción.

Lavagna seguirá manteniendo conversaciones con dirigentes, sean políticos, empresarios, sociales. No con todos, confesó el ex ministro, ya que no le interesa nada que provenga “de la derecha”, como suele definir al establishment de la city porteña y a sus think tanks ultraliberales, más a Mauricio Macri, Jorge Sobisch y Ricardo López Murphy, entre otros. “Tampoco al ARI”, abundó frente a sus colaboradores.

Defensor de su individualidad, convencido de su aporte al país tras la faena efectuada para salir de la crisis de 2002 y del default, Lavagna entiende que ha ganado un espacio desde donde polemizar y exponer su pensamiento. “Voy a cuidarlo y a utilizarlo (dicho espacio)”, confió.

No faltarán, en sus futuras apariciones, críticas y acotaciones a la marcha de algunas áreas del Gobierno. Lavagna está convencido de que esa “dialéctica que mantengo con el Presidente” va a aportar, que será positiva para el propio Gobierno. En la Casa Rosada y adyacencias hay varios funcionarios que no piensan lo mismo.

Hasta ahora, Kirchner no ha reaccionado adversamente ante las evaluaciones de su ex ministro. Incluso, el Presidente nombró a Alberto Coto, un estrecho centurión del ex ministro, en el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). “Nos respetamos. Yo sé que me respeta. Yo lo respeto. Para mí el mejor de todos en este gobierno, largamente”, sostiene sobre Kirchner Lavagna, quien desde que dejó el Gobierno habló dos veces con él. En ambas oportunidades fue el economista quien marcó el número. La primera por una cuestión del FMI, la segunda por otro tema. En los dos casos para pasarle información importante.

Pero, como ante un sacerdote de otra religión, el respeto no anula las diferencias. Lavagna cree que no es buena tanta acumulación de poder que ejecuta el Gobierno, que ha habido una lectura equivocada del resultado de las elecciones de octubre del año pasado, que aquel 40 por ciento –a pesar de que el segundo obtuvo menos de la mitad– no otorga invulnerabilidad y que debería haber mayor apertura en la administración.

En cuanto a la gestión –amén de lo que ya dijo a los periodistas en Washington–, el ex ministro detecta una anomalía en el funcionamiento general. Según su paladar (y tal como le dijo a sus allegados más estrechos), la calidad del Gobierno ha disminuido desde la elección de octubre. “Se ha armado un embudo a cuyo final se toman las decisiones. Lo de baja calidad es lo que entra en ese embudo. Entonces lo que llega al Presidente es una opción descorazonadora: debe elegir entre lo malo y lo malísimo. Como el Presidente es inteligente, elige lo malo, que es lo menos peor. Ese es un gran problema: la baja calidad de las ideas en la boca del embudo”, metaforizó ante los suyos.

Algunas otras cuestiones que expuso son el pago de jubilaciones a quienes no hicieron aportes. “Es insensato para el erario”, dijo; el aumento salarial del 19 por ciento a las provincias le significa un 70 por ciento, estima y se pregunta: “¿Cómo pagarán esos aumentos?”. Y su recurrente preocupación por las relaciones exteriores y lo que está ocurriendo en la región. Lavagna cree que la entente con Lula Da Silva funcionará hasta octubre, cuando el presidente brasileño obtenga su reelección. Luego, sostiene, Lula tensará la cuerda con Bolivia y Venezuela, imponiendo los intereses regionales de Brasil.

Vampiros

En la conversación con sus pretores, Lavagna expuso una preocupación que sobrevuela todo lo antedicho. Según confió uno de los contertulios de la charla de marras a este reportero, para el ex ministro “la derecha huele sangre. Y se prepara”. Siguiendo su razonamiento, el establishment económico de la city está agazapado para dar el zarpazo, entrar por la ventana, como han hecho siempre. El ex ministro destaca que de tres meses a la fecha los economistas más ortodoxos y ultraliberales – “los que conocemos todos”– halagan la política económica del Gobierno, más allá de alguna crítica de coyuntura. “Ellos están esperando porque creen que en 2008 la economía se va a complicar y los van a ir a buscar. El Gobierno ya ha metido algún zorro en el gallinero. La fecha para ellos es 2008 y están preparándose. Basta leer algunos artículos de estos economistas en algunos diarios para comprobar esa volubilidad”, ensayó el ex jefe de Hacienda.

La política

Ayunos de información más allá de lo publicado, los colaboradores del ex ministro derramaron su ansiedad respecto de las definiciones políticas. El hombre, que, como los viejos constructores de las catedrales medievales, no tiene apuro, expuso algunos de sus pareceres. “No hablo de candidaturas porque es muy temprano. Tampoco desecho nada”, sostuvo y se volvió a enojar cuando le mencionaron 2011. “Que no me tomen por tonto, porque no lo soy”, dijo con el gesto severo, como cuando se siente víctima de lo que considera alguna maniobra en su contra.

Uno de sus interlocutores le preguntó si le interesaba dar batalla por la ciudad de Buenos Aires. Lavagna dijo que no le entusiasma demasiado y que, simplemente, no lo tiene en la cabeza. “Es cierto que es una gran ciudad, que bien gestionada puede ser algo muy positivo”, reflexionó, pero quedó claro que su libido no está, hoy por hoy, en la Reina del Plata.

Acaso porque estuvo en el sitio de poder que estuvo, acaso porque la Ciudad Autónoma no se le presenta como un desafío. Pero también puede ser que su percepción respecto de la Capital sea producto de su convencimiento de que el oficialismo no ganará las elecciones porteñas en 2007, dándole chances a Macri. Lavagna ve que el oficialismo no tiene candidatos fuertes y que la tensión entre la Casa Rosada y el Palacio Municipal no ayuda a construir un triunfo. “Además, por sus características tan particulares, podría decirse que ésta es la ciudad donde mayor malestar hay con el gobierno nacional”, lee el ex ministro.

Finalmente, el ex ministro auguró ante sus íntimos que las elecciones presidenciales podrían ser en marzo y no en octubre porque los indicadores económicos estarían mejor en ese mes del año entrante, y porque, está convencido, Kirchner, at last, optará por ser reelecto.

Quizás esta última certeza, producto de sus conjeturas, ayuden a definir su futuro político.

Nada es fácil para quien está fuera del Gobierno. Kirchner y la senadora Cristina Fernández de Kirchner (CFK) tienen los más altos grados de popularidad e intención de voto según los sondeos conocidos. Lavagna los sigue con índices más que aceptables.

El ministro sabe que, como Teseo en el laberinto, para evitar al Minotauro hay que seguir el lazo de Ariadna. También para enfrentarlo. Esto último no parece, hoy día, estar en sus planes.

El tiempo, que todo lo muta, dará cuenta. Sólo hay que ser pacientes.

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El ex ministro de Economía Roberto Lavagna entiende que ha ganado un espacio desde donde polemizar y exponer su pensamiento.
 
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