EL PAíS

Cinco preguntas y pico sobre la CTA

 Por Mario Wainfeld

El Presidente dice anhelar que Argentina sea un país “normal”. En los países “normales” del centro o de la periferia no existe una central única de trabajadores, con las prerrogativas que tiene la CGT. La Central de Trabajadores Argentinos (CTA) exige que se le reconozca legalmente su personería. Casi todo el equipo de Gobierno reconoce, en la intimidad, que tiene suficiente derecho. La mora estatal es reprochada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cuyas tarjetas amarillas lesionan la autoestima del Gobierno. La enumeración llevaría a una conclusión obvia: el reconocimiento está al caer. Pero a esa suma debe restarse un gran sustraendo, que es la tenaz resistencia de la CGT. La definición sigue pendiente, en tanto el mandato de Néstor Kirchner está tocando a su fin. ¿Se llevará esa deuda, injustificable? ¿O la reparará in extremis?

El reclamo de la CTA ante el Ministerio de Trabajo tiene su condigna carátula pero no sentencia. La CGT se opuso y mocionó el archivo del expediente. El ministerio se ha ingeniado para no hacer lugar a ninguno de los reclamos. El trámite sigue abierto, la resolución definitiva no se dicta. El mensaje es obvio, para el Gobierno no es una cuestión puramente técnica, sino política. No la zanjará un dictamen sino una decisión. La tomará, cuándo no, el Presidente. Repasemos algunos interrogantes, que ilustran cuál es el actual cuadro de situación.

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¿Todo está como
era entonces?

La conferencia de prensa conjunta de Moyano y Hugo Yasky repudiando el asesinato de Carlos Fuentealba fue un gesto valioso, priorizando su representatividad por sobre sus diferencias y conflictos. La unidad ante esa situación límite no expresa el promedio de lo que sucede a diario aunque quizá, por la potencia histórica del hecho detonante, alumbre una nueva etapa. Por ahora, esa hipótesis es pura especulación.

De cualquier manera, el Gobierno ha producido medidas reconociendo competencias a la CTA. La incluyó en el Consejo del Salario y le reconoció una banca en el directorio del PAMI. En ambos casos se institucionalizó un espacio minoritario, para lo cual hubo que desestimar el veto cegetista. La valoración de la importancia de esos cambios, inéditos en la legislación argentina, es distinta entre el Gobierno y la CTA y también entre distintos sectores de la CTA.

Carlos Tomada, que gusta describirse como “un integrador”, comenta intramuros que el reconocimiento de la personería es “inexorable” lo que lo motiva a buscar un acuerdo CGT-CTA que sea superador del conflicto. Pero, alerta, el impacto sobre un modelo sindical muy arraigado produciría efectos en las representaciones sindicales y empresarias y en las representaciones colectivas. Su afán, sintetiza un allegado cercano al ministro de Trabajo, es ir achicando la brecha de diferencias entre las centrales obreras, “lograr una solución desde el movimiento obrero y no desde el Estado”.

En pos de ese (extremo) optimismo de la voluntad Tomada promueve desde hace rato reuniones entre representantes de los dos sectores. Un día sentó a tirios y troyanos a almorzar con Cleopatra. Usted dirá...

2

...¿Quién es
Cleopatra?

Cleopatra Doumbia-Henry es funcionaria de la OIT, directora del departamento de normas internacionales del trabajo. Conoce el “caso argentino” al dedillo y departió sobre él (mesa bien servida de por medio) con Hugo Yasky (secretario general de la CTA), Gerardo Martínez (idem de la Uocra) y Carlos Tomada. Martínez es secretario de Relaciones internacionales de la CGT. La charla, concuerdan tres versiones, fue cordial pues todos sinceraron sus necesidades y sus límites. El ministro enfatizó ante la invitada la calidad de la convivencia existente, pidió tiempo y dio cuenta de que el dirigente docente y el cegetista se reúnen con periodicidad. Yasky, según un testigo presencial, reconoció la existencia del diálogo, pero lo aderezó con una metáfora familiera. “Nosotros somos como la amante. Algunos hombres las tienen, les gusta mostrarla, pero es una unión de hecho, los papeles los tiene la otra mujer”. De eso se trata a esta altura.

3

¿Qué pasará
en la OIT?

En junio se reúne la Asamblea General de la OIT, escenario de los planteos y las denuncias de la CTA. Hace mucho que el organismo censura al Estado argentino. Sus recriminaciones no hicieron mucha mella en gobiernos anteriores pero a Néstor Kirchner le caen indigestas. El Presidente se solaza lidiando y apostrofando a los organismos internacionales de crédito. Pero su autoestima también se infla cuando recibe plácemes de ultramar por su política de derechos humanos o por los avances de la economía. Ser una especie de oveja negra por el arcaico modelo sindical argentino lo incordia bastante. Claro que la perspectiva de que la bronca de Moyano haga zozobrar la gobernabilidad lo incordia más.

Los dirigentes de la CTA, que como Jorge Luis Borges han fatigado mucho los laberintos de Ginebra, comentan que este año les será especialmente auspicioso. El mapa de las representaciones internacionales se ha modificado, describen. En el primer mundo, ancho y ajeno durante la guerra fría, mucho han cambiado las cosas desde los ’90. El dumping social, la migración de empresas hacia países con mano de obra barata o cuasi esclava, cambiaron la condición obrera y, en alguna medida, la percepción del mundo de sus jerarcas sindicales. En ese contexto, la CTA se integró a una amplísima central internacional (en la que también revista la CUT brasileña) a la que atribuyen gran peso político. El pronóstico para Ginebra es lapidario para el Gobierno, sí que se expresa en términos simples: “les van a dar con un caño”.

El oficialismo debería anticiparse, para evitarse un nuevo revés. Todo indica que no lo hará. Las convenciones colectivas irán cerrando recién entonces, el Consejo del Salario se reuniría en julio, las elecciones escalonadas, que rematan en la presidencial de octubre son los datos que más importan a Kirchner.

4

¿Y los frentes
internos?

Los tres actores en danza –Gobierno, CGT y CTA– albergan distintas posiciones en su interior. En el Gabinete priman quienes opinan que, manejando los tiempos políticos, debe reconocerse la personería de tercer grado a la central alternativa. “El único que pone muchas cortapisas es Julio De Vido –chimenta uno de sus pares–. Julio es un peronista muy ortodoxo y se apega mucho a la tradición en esos casos.” También pesará, imagina este diario, su estrecha relación política con Moyano, que se nutre por varios vasos comunicantes.

Del otro lado, Alberto Fernández es uno de los más convencidos, compartiendo con Tomada la necesidad de manejar los tiempos políticos y de acercar a las partes. “No tenemos ningún argumento serio para negarnos”, confiesa el jefe de Ministros entre cuatro paredes acolchadas. Confidentes creíbles agregan que le dijo algo similar al ex secretario general de la CTA Víctor De Gennaro, en las dos reuniones largas que sostuvieron en los últimos meses, en algún caso compartiendo un almuerzo bastante frugal. Fue un reencuentro tras muchos meses de distancia. Desde ambos costados de la mesa se resumen los paliques como “buenos”.

El “tano” De Gennaro, eterno referente de la CTA, es uno de los más recelosos frente al Gobierno. Otros dirigentes, sin bajar la guardia, confían más en la prédica oficial.

Martínez, describen en Trabajo y en la CTA, es un interlocutor bien dispuesto y abierto. Pero, ay, no integra el círculo aúlico de Moyano, que más bien lo ve como un contradictor interno que espera su hora.

5

¿Será para la Pascua
o para Navidad?

“No les quedará otra”, dicen los optimistas de la CTA –“pero no va a ser en junio, se comerán el garrón de la OIT y nuestra protesta en la calle”–. A las razones estructurales ya reseñadas añaden una coyuntural. “Kirchner está con bronca por el tono y los discursos de las movilizaciones de la CTA contra el asesinato de Carlos Fuentealba. También por nuestra posición en el conflicto docente de Santa Cruz.”

“Por ahí, aflojan antes de diciembre pero va a haber que leer bien. La letra chica puede limitar, desdibujar”, alertan los más críticos, cercanos a De Gennaro. En Trabajo y Jefatura de Gabinete se da por hecho que el reconocimiento sería como central representativa de gremios con personería, un modelo que (creen) no disgustaría a los más altos dirigentes de la CTA.

“Kirchner define” comentan, hueros de originalidad, dos ministros. “Difícil que sea antes de las elecciones. Un momento sugestivo sería después, en la transición”, intuyen, no informan. El limbo no existe pero la transición puede fungir de tal, con fines específicos.

“Por ahí, quedará para los primeros meses del gobierno de Cristina. Recuerde que su período será el de la consolidación institucional”, especula un ministro afín a la senadora, dando por concretadas una cantidad pasmosa de variables.

Por ahora, como en la parábola de la amante, los papeles no aparecen.

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Imagen: Télam
 
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