EL PAíS › OPINION

Una patología social

 Por Joe Goldman *

Mi tarea para el domingo a la tarde fue bastante simple. Para un paquete televisivo sobre la elección en Argentina tenía que ir a la calle y entrevistar a los votantes saliendo, con tres cosas adicionales haciendo el trabajo un poco más difícil: tenía cuatro horas para llegar al satélite o tres para el FTP (Internet), a tiempo para ABC’s World News Tonight-Weekend, tenía que buscar gente pro y contra Cristina Kirchner para dar los dos lados y, por estas limitaciones de tiempo (sin un minuto para traducir) y por los gustos de los televidentes en EE.UU. (como dice mi jefe, “pensá en las viejitas de Iowa”), tuve que hacer las entrevistas en inglés.

Después de hablar con más o menos ochenta personas en la zona de Barrio Norte, me di cuenta de que no había ningún angloparlante que hubiera votado por Cristina. Peor todavía, la gente respondió con tanta vehemencia, tanta rabia en contra del Gobierno que fue sorprendente y a la vez sentí que estaba rodeado de psicóticos. Escuché respuestas con mucha bronca contra los Kirchner y gente puteando al gobierno K, algunos llegando a decir que es el peor gobierno de la historia, que nunca robaron tanto, que estamos mal, etcétera.

No pude menos que acordarme de otros momentos en que hice notas con la gente en Barrio Norte, también buscando angloparlantes, pero en un ambiente totalmente diferente. Me acordé de la entrevista en 2002 con un señor que tenía un piso muy lujoso por Las Heras y no tenía plata para pagar la factura de luz. El hablaba inglés a la perfección. El departamento estaba oscuro, con velas y las luces de la cámara alimentadas con pilas permitiendo la filmación. Me acordé también de ir con esa cámara a filmar a las señoras de Recoleta vendiendo sus pieles y otras posesiones en un centro de trueque en la calle Junín. ¡Qué bien hablaban inglés esas viejas!

Me acordé de la noche del 19 de diciembre de 2001 siguiendo la multitud en Barrio Norte que salió a la poca comodidad de la calle, de la protesta, motorizada y enfurecida por el discurso casi incomprensible en cadena nacional del entonces presidente De la Rúa. Caminaron a Plaza de Mayo, pero primero pasaron por el edificio del entonces ministro de Economía Domingo Cavallo para pedir la cabeza de la misma persona que seis meses antes era el salvador del país. Por lo menos para esa gente que, por supuesto, hablaba inglés y hoy putea contra los K porque no matan a los piqueteros que bloquean sus calles.

Me acordé de filmar las multitudes rompiendo vidrios en los bancos, en protesta contra el congelamiento de depósitos, impuesto por el mismo gobierno que ellos habían votado en masa sólo dos años antes. Muchos de aquellos vándalos hablaban perfectamente inglés y son hoy los mismos que putean contra los K por falta de políticas contra los criminales.

Quizá me estoy poniendo viejo, pero estas memorias son de hace apenas cinco o seis años. No estuve aquí durante el proceso, pero uno tiene que pensar, ¿son las mismas personas que pidieron el golpe militar en 1976?

Ahora tengo que decir que si yo pudiera votar aquí, el domingo mi voto probablemente habría sido para Cristina. Simplemente, creo que merecen un premio por cuatro años de una muy buena administración de la economía, que ha crecido como nunca con poco o nada de ayuda de afuera para apoyar este boom. Para los que hablan de los precios internacionales muy altos de granos, carnes, etc., hubo otros momentos propicios en la historia argentina que no fueron tan aprovechados. Es mi opinión.

Ahora, este gobierno está lejos de ser perfecto y creo que hay mucho de racional en no haber votado a Cristina. Hay otros candidatos que ofrecen proyectos interesantes y distintos que uno puede argumentar que podrían mejorar lo hecho durante los últimos años. Lo que me cuesta creer es la vehemencia, la rabia contra los Kirchner. Entre la gente que entrevisté el domingo pasado había varios que dijeron “Es el peor gobierno de la historia” y, refiriéndose a la segura elección de Cristina,“¡no va a durar dos años!” Si fuera por la gente de Barrio Norte y Recoleta, Argentina entraría al Guinness: el país que tendría un golpe militar en medio del mayor crecimiento y éxito de su historia. Hay cierta culpa del Gobierno por lo que se ve en esos barrios. La soberbia sin freno de este Gobierno, la campaña inexistente de Cristina, la poca habilidad y agilidad para explicar políticas de una presidencia con quizás el peor manejo de comunicaciones que he visto. Todo esto contribuyó a un clima adverso en centros urbanos del país. En lugar de puteadas, los Fernández y Cía. harían bien en mirarse al espejo y tratar de cambiar equivocaciones en políticas comunicacionales y actitudes en general.

Pero, ¿de dónde viene esta bronca? ¿Es gorilismo? Dudo, después de todo Kirchner ha hecho más que cualquier peronista por modernizar el partido, deshaciéndose de muchos de los dinosaurios del pasado. ¿Puede ser que el milagro económico no les ha tocado? Falso, son los que más se beneficiaron en los últimos tiempos. Pienso que este comportamiento irracional es una patología de cierto sector (por suerte pequeño) de la sociedad argentina que no va a cambiar sino alterar su manera a instancia de expresarlo.

Me acuerdo de cuando llegué la primera vez a la Argentina, hace un cuarto de siglo. En uno de mis primeros días aquí, una mañana primaveral bellísima, tomé un taxi de Barrio Norte al Centro con una amiga medio cheta. Al entrar al taxi ella comentó, “¡qué frío!” Quince minutos más tarde, bajó la ventana y dijo: “¡Este calor me mata!”

* Periodista nacido en el Bronx, Nueva York; corresponsal de ABC en el Cono Sur.

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