EL PAíS › LA NOVENA JORNADA DEL JUICIO CONTRA HECTOR FEBRES

“Dónde llevaron a los bebés”

Héctor Febres era “una pieza muy importante de esa máquina de horror y muerte que funcionaba en la ESMA”. El prefecto fue nuevamente acusado de participar en las sesiones de tortura y de conocer el destino de los bebés nacidos en cautiverio. “Sería importante que algún día dijese dónde llevaba a los recién nacidos, son algunas de las respuestas que estamos esperando así como quisiera saber dónde está el cuerpo del padre de mis hijos”, expresó ayer Ana María Soffiantini, ante el Tribunal Oral Federal (TOF) Número 5. Durante su testimonio, relató cómo Febres golpeaba con una manguera a las monjas francesas, Alice Domon y Leonie Duquet. Otra de las testigos, Ana María Martí, contó que él les pedía a las embarazadas que le anoten la dirección dónde querían que fueran entregados sus hijos, lugar al que nunca llegaban.

La novena audiencia en el juicio que se le sigue al prefecto comenzó con un planteo de uno de los abogados querellantes. Rodolfo Yanzón, representante de algunas víctimas, hizo saber al tribunal que la casa de José Miño, quien declaró en la causa el martes pasado, fue “saqueada” días después de presentarse ante el tribunal (ver recuadro).

Acto seguido, comenzaron los testimonios de los sobrevivientes. Soffiantini fue secuestrada junto a sus hijos el 16 de agosto de 1977. Alfredo Astiz entregó los niños a sus abuelos mientras Febres la desnudó preparándola para la tortura. La ataron a un camastro y la picanearon. Las descargas eléctricas formaban parte del “paisaje cotidiano de gritos de dolor por las torturas y ruidos de grilletes”, le explicó al tribunal. “Perverso, hipócrita y asqueroso”, definió al jefe del sector cuatro, “uno de los que más presencia tenía ahí adentro”.

También relató cómo Horacio Maggio, al que le decían “nariz”, “se escapó, lo volvieron a capturar, lo mataron y trajeron su cuerpo a la ESMA para mostrar qué hacían con quienes intentaban fugarse”. Por medio de los oficiales ella supo de los “asaditos”. La quema de cadáveres que se realizaba en el campo deportivo ubicado detrás del centro clandestino. Los abogados del colectivo Justicia Ya pidieron al presidente del tribunal, Guillermo Gordo, que sea enviada una transcripción del testimonio al juez Sergio Torres, para que se realice una excavación en busca de posibles cuerpos.

Ana María Martí, secuestrada por el Ejército junto con sus hijos de seis y ocho años, era objeto de burlas sobre el destino de sus hijos. Le decían que no sabían si se los iban a devolver porque estaban muy politizados. Ella contó que en la ESMA vio alrededor de 15 embarazadas y que las iba a visitar. Después de ayudar en los partos, veía entrar a Febres con el ajuar. Allí les decían que escribieran bien las direcciones donde querían que fueran enviados sus hijos para que no haya ningún error y fueran llevados a otro lado.

A principios del ’79, Febres la llevó a una quinta en Del Viso donde se reunió con sus hijos y el mismo prefecto los acompañó a Ezeiza cuando salieron del país. Se fue a vivir a España, a un pueblito remoto cerca de Valencia, sin decirle a nadie dónde estaba. Un día, sonó el timbre de su casa. Era Febres, la pasó a “visitar”. Estuvo cerca de una hora y se fue. En noviembre de ese año, fue una de las tres mujeres que desde París denunciaron las atrocidades cometidas por los militares. Su abuela que vivía en Europa recibió una amenaza del propio Febres. Pronto iban a recibir noticias de él.

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