EL PAIS › NABO BARREIRO INTEGRO EL COMANDO DE OPERACIONES EN LA PERLA

Torturador, nazi y amigo de Aldo Rico

Represor de oscuro pasado, sólo conocido por sus víctimas del centro clandestino de detención conocido como La Perla por sus proclamas nazis durante las sesiones de tortura, el ex mayor Ernesto Guillermo “Nabo” Barreiro ganó fama cuando en abril del ’87 anunció que no se presentaría a declarar en la Cámara Federal de Córdoba para responder a los cargos que pesaban sobre él en una causa en la que se investigaba la muerte de 28 detenidos en la cárcel provincial. Su actitud, urdida con un grupo de cómplices, detonó el levantamiento carapintada del entonces teniente coronel Aldo Rico y sus secuaces en Campo de Mayo de Semana Santa. De aquel Nabo al de hoy, persiste su aversión a presentarse en Tribunales para responder por aquello de que se jactaba a voz en cuello según numerosos testimonios de sus víctimas de las sesiones de tortura.

Después del represor Luciano Benjamín Menéndez, Barreiro reúne los cargos más graves en la causa abierta por los crímenes cometidos en La Perla, a pocos kilómetros de Córdoba capital. Egresado del Colegio Militar de la Nación como subteniente del arma de Infantería en 1966, Barreiro fue oficial de Inteligencia e integró los “Comandos Especiales” que operaban en aquel campo clandestino de detención durante la última dictadura militar. Allí, llegó a ser responsable del grupo de “Interrogadores” del CCD. De porte nacionalista y antisemita, este represor se preciaba por su fidelidad a la doctrina nazi.

Según la denuncia que realizó el CELS en su momento, Barreiro era un gran vanidoso. Creía que, sin que ellos se dieran cuenta, podía manejar a Menéndez y a cualquier otro de sus superiores. Hablaba de “la elite de los inteligentes”, sintiéndose él parte de ese grupo. Tenía la ambición de integrar un partido político militar que se mostrara como la continuación natural de la dictadura, una ilusión que compartía con sus camaradas de la joven oficialidad que encabezaba el capitán Von Diedrich. Según ellos, Jorge Rafael Videla era “un blando” y entre ellos idearon los primeros volantes de Famus (la agrupación pro dictadura que reunía a los “familiares de las víctimas de la subversión”) y de los grupos ultraintegristas Falange de la Fe y Tradición, Familia y Propiedad.

En La Perla tenía cuatro alias: “Nabo” –el más conocido–, “Hernández”, “Rubio” o “Gringo”. Las causas en su contra son muchas. Se lo señaló como responsable directo del secuestro de la embarazada Rita de Spíndola, de la captura y asesinato de Oscar Lineira, de la tortura y muerte de César Soria y María Luz Mugica, por nombrar algunos casos. La causa por la que se negó a declarar frente a la Cámara Federal era “Fermín Rivero y otros”, que estaba referida a la muerte de 28 detenidos en la cárcel de Córdoba. Luego de la Semana Santa del ’87, Barreiro se presentó a declarar y quedó en libertad, beneficiado por la ley de Obediencia Debida. La anulación de la ley lo dejó sin protección.

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Barreiro con un colega en los tiempos del alzamiento carapintada.
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