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Una llamada a la madrugada

A las 3.30, en plena vigilia, los miles de fieles que celebraban en la Plaza de Mayo la inminente consagración del papa Francisco en el Vaticano recibieron una llamada del Sumo Pontífice. Antes, mientras preparaban la comunicación para que se oyera por los altoparlantes, el padre Alejandro Russo, rector de la Catedral porteña, anunció que se venía una sorpresa. “Que no haya odios, peleas, dejen de lado la envidia”, rogó el nuevo papa. Y agregó: “No le saquen el cuero a nadie, dialoguen”.

Francisco pidió a los feligreses que entre ellos “este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón”. Luego pidió que se acerquen a Dios porque “Dios es bueno, Dios siempre perdona, Dios comprende, no le tengan miedo. Dios es padre. Acérquense a él. Y que la Virgen los bendiga mucho, que ella como madre los cuide”. El Papa, emocionado, pidió a su fieles que no se olviden “de este obispo que está lejos, pero los quiere mucho, recen por mí”.

Finalmente, Francisco bendijo a la multitud, dos horas antes de que otra multitud lo consagrara en la Plaza San Pedro. “Por la intercesión de Santa María siempre Virgen y del ángel guardián de cada uno, el glorioso patriarca San José, de Santa Teresita del Niño Jesús y los santos protectores de ustedes, que los bendiga Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, culminó, en medio de una ovación porteña, en plena noche y mientras todavía persistían las peñas y recitales en la Plaza de Mayo.

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