ESPECTáCULOS › “INFRAMUNDO”, UNA DE TERROR DIRIGIDA POR LEN WISEMAN

Una mordida que no deja marca

 Por Martín Pérez

Para los vampiros, estacas. Para los hombres lobo, balas de plata. Así es como la más clásica literatura de terror enseña a enfrentar a sus hijos más terroríficos. Es cierto que cada relectura moderna insiste en cambiar un poco las cosas, pero todo se complica demasiado en Inframundo. Aquí los vampiros luchan contra los hombres lobo, los primeros armados con balas de nitrato de plata, sus enemigos con balas lumínicas. Pero no se quedan ahí: los vampiros también tienen balas normales, que los hombres lobo más especiales simplemente expulsan con la fuerza de la voluntad. Y, claro está, siempre queda el recurso de enfrentarse a colmillo limpio.
Con una estética oscurísima, a tono con lo dark de sus planteos, Inframundo –al igual que Van Helsing– entrega varios monstruos al precio de uno. Y también cuenta con la misma belleza luchando por su clan: la inglesita Kate Beckinsale, aquí una hermosa vampira enfundada en un traje ajustado que la propia actriz supo denominar como “un condón con mangas”. Con una estética de sobretodos largos a lo Matrix del lado de los vampiros y una rudeza plebeya del lado de los hombres lobo que sólo se puede describir con el nombre de aquella mítica banda de Joe Cocker –Perros locos e ingleses–, Inframundo es una película que se va solo en promesas.
La sangre y las mordidas que anticipa un cruce de este tipo aparecen con cuentagotas. En su lugar, lo que ocupa gran parte de las largas dos horas de su metraje es una telenovela clasista, con un dejo de Romeo y Julieta. Julieta sería Selena (Kate Beckinsale), mientras que el papel de Romeo es para un aprendiz de médico que resulta un trofeo tanto para vampiros como para los hombres lobo, porque su sangre reúne las de ambas razas. Pero más que nada es el objeto amoroso de la solitaria Selena, que terminará con su identidad muy pero muy confundida. Los vampiros viven en castillos de lujo, los hombres lobo escondidos bajo tierra, y se pelean entre sí como gatos y perros. Y a pesar de las balas, cada tanto muestran los dientes. Habrá tiroteos en cámara lenta, a lo –otra vez– Matrix, muchos celos y traiciones. Habrá también recuerdos que se remonten bien lejos en la historia, así como un fascinante despertar de la tumba del vampiro mayor. Pero lo que falta es acción y dinamismo en una película que carga como un permanente lastre una pose estética que aburre demasiado rápido.

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