ESPECTáCULOS › DANIELROSENFELD HABLA DE SU FILM LA QUIMERA DE LOS HEROES

“Hay héroes que son peligrosos”

La nueva película del director de Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos se anima con un personaje difícil: un ex nazi metido a entrenador del primer equipo de rugby interracial.

 Por Horacio Bernades

Parecería que a Daniel Rosenfeld le gusta buscarse problemas. Repitiendo su experiencia anterior con Saluzzi, ensayo para bandoneón y tres hermanos –que le había llevado un buen par de años estrenar–, una vez más decidió ser su propio productor y distribuidor. Con lo cual se ganó, por estos días, una buena dosis extra de corridas, transpiración e incertidumbres. Hasta que finalmente logró “colocar” en el circuito cinematográfico porteño tres copias de su opus dos, La quimera de los héroes, que tras su debut en el último Bafici viene de ganar varios premios internacionales. Entre ellos, dos en la sección “Controcorrente”, la paralela más importante del Festival de Venecia.
Para complicar más las cosas, el tiempo de Rosenfeld se ve últimamente muy acotado por sus compromisos con la publicidad. Un terreno que no tendrá mucho de quimérico o heroico, pero permite compensar los dolores de cabeza devenidos de hacer cine independiente en la Argentina. A las jaquecas habituales, Rosenfeld les sumó por estos días una más. Sucede que las dos salas capitalinas dependientes del Incaa –en cuyo concurso de documentales La quimera ... había ganado un premio, tres años atrás– tienen obturada la salida. El Gaumont-Km 0, por reparaciones en el hall de entrada. El Complejo Tita Merello, porque durante esta semana tiene lugar allí Buenos Aires Rojo Sangre V. Y en ese festival de películas de terror no parece tener demasiada cabida La quimera de los héroes, que narra la preparación de un equipo de rugby –compuesto casi íntegramente por indios tobas– para enfrentar a Los Pumitas, versión joven de la selección argentina de la especialidad.
Como compensación, una cuarta copia de La quimera de los héroes viaja en estos momentos rumbo a Formosa, donde transcurre la acción de la película. En el cine Italia (el único que queda en pie en toda la provincia), los lugareños tendrán ocasión de ver La quimera ..., desde el sábado. A partir de ese momento, esa cuarta copia de La quimera de los héroes comenzará a girar por el norte argentino, en busca de su propia quimera. Más sencillo le resultó a Rosenfeld (que tiene sólo 30 años y en sus comienzos ambicionó ser músico de cine) encontrar el apoyo de importantes fundaciones extranjeras, repitiendo también allí la experiencia de Saluzzi. Si para ésta había contado con el espaldarazo de algunas de las más importantes en este terreno (como Hubert Bals y la Fundación Rockefeller), en el caso de La quimera... las que prestaron su aval fueron la holandesa Jan Vrijman Foundation, la productora francesa Les films d’Ici y la danesa Zentropa.
Esta última no es otra que la productora dirigida por Lars Von Trier, el de Contra viento y marea y Dogville, que decidió en esta ocasión mover una ficha en el campo del documental. Pero, ¿puede considerarse documental una película que su director define como “de ficción, con personajes reales”? Otro de los problemas en los que le gusta meterse a Rosenfeld, el de la indefinición entre lo real y lo inventado. A lo que habría que sumarle la propia figura del protagonista de La quimera ..., un ex nazi metido a entrenador del primer equipo de rugby interracial de la historia.
¿Es Eduardo Rossi el héroe o el villano de La quimera de los héroes? Sobre el mito del héroe y su encarnación en una figura que en el mejor de los casos resulta problemática habló Rosenfeld con Página/12. Además, se extendió sobre las relaciones entre documental y ficción y entre el rugby y el país, entre otros temas igualmente resbaladizos.
–¿Cómo dio con Eduardo Rossi?
–Hace como diez años, yo trabajaba en un programa de televisión que se llamaba Tercer Ojo, dedicado a historias curiosas del ámbito deportivo. Fue allí que dimos con este extraño equipo de rugby, llamado Aborigen Rugby Club, integrado casi exclusivamente por indios tobas. En ese momento no le di mayor importancia al asunto, me pareció apenas una nota pintoresca, de color. Pero bastante después me reencontré con Rossi y me contó su historia de ex nazi “regenerado”. Yo en ese momento estaba muy interesado en el mito del héroe, a la luz de ciertas lecturas como los libros de Joseph Campbell, y también escritos de Carlyle, Emerson y Jung. Vi en la historia de Rossi cómo se encarnaban algunas cuestiones: el tema del viaje del héroe, el de los grupos y los líderes, cierta épica, en definitiva.
–¿A qué se refiere?
–El héroe clásico sale de su pueblo, emprende un viaje y al cruzar el umbral enfrenta a dragones o demonios. Luego regresa a su comunidad, transformado, y transmite lo aprendido en ese viaje.
–¿Y qué tendría que ver todo esto con la historia de este ex nazi, coleccionista de cascos de guerra y armas, que aún al día de hoy se emociona en los desfiles militares?
–Los actos heroicos no son necesariamente reflejo del bien. Hay héroes peligrosos. En este caso, lo que yo percibía en Rossi era una energía transformadora y combativa (me refiero al modo en que encara el partido con Los Pumitas, como un combate del débil contra el fuerte) y la fuerza necesaria para llevar adelante una gran empresa. Esa empresa puede ser equivocada, inmoral, loca o maravillosa. Yo procuré no juzgar, apenas registrar lo que pasa por la cabeza de este personaje “más grande que la vida”.
–Sin embargo, usted mismo define la película como “de ficción”, y toda película de ficción supone, a diferencia del documental “puro”, algo más que un mero registro. Concretamente, ¿cuánto tiene La quimera de los héroes de documental y cuánto de ficción?
–No hay nada inventado. Lo que hay son ciertos desplazamientos, recreación de cosas que en verdad ocurrieron en el pasado y yo incluí en el presente de la película. En la realidad, el personaje de Rossi es menos complejo, menos ambiguo que en la película. Lo que hice se parece a lo de Abbas Kiarostami en Primer plano. Con la salvedad de que yo no había visto la película de Kiarostami hasta hace unos días. Y me pareció maravillosa. Kiarostami dirige a personajes reales para que interpreten ciertos hechos, que ellos mismos habían protagonizado poco antes. Eso es, básicamente, lo que hice en La quimera de los héroes.
–¿El partido contra Los Pumitas, que es justamente la quimera a la que aspiran estos “héroes”, ocurrió en realidad?
–Eso es parte de la puesta en escena de la película, lo mismo que los entrenamientos previos.
–Ciertas líneas de diálogo suenan como escritas previamente. Como una en la que un militar le dice a Rossi algo así como “Señor Rossi, aquí tiene su tanque”, en referencia al tanque Sherman que el ejército cede al museo que el hombre tiene en Formosa. O la del final, en la que Rossi define al Aborigen Rugby Club como “un ejército de las sombras”.
–Podría decirse que algunas están escritas. Pero si suenan raro es por el doblaje.
–¿Hubo dirección de actores?
–No les di un texto para repetir. Traté de crear las condiciones para que todos los “intérpretes” se comportaran naturalmente en cada escena. La cámara y el equipo tenían que ser invisibles. De allí que filmé con el equipo más chico posible, sin luz artificial y con sonido directo.
–¿Por qué las únicas líneas de diálogo que tienen los aborígenes es cuando repiten las consignas que el entrenador les baja?
–Preferí que la voz de ellos esté expresada de otra manera. Es la imagen la que les da voz. Como ocurre muchas veces en el arte, esa ausencia los vuelve todavía más presentes, porque permite que los espectadores imaginen aquello que no escuchan. Pero además, el hecho de casi no hablar los iguala en su condición de grupo y los diferencia del líder, haciendo de ellos un héroe colectivo. Por eso el título de la película está expresado en plural. Si no, se llamaría La quimera del héroe.

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“Procuré no juzgar, apenas registrar lo que pasa por la cabeza de este personaje”, dice Rosenfeld.
 
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