ESPECTáCULOS

Un obsesivo del guión

Además de dirigir, Campanella es guionista de sus propias películas. Incluso, en su única y recordada participación en la TV local, escribió los libros de Culpables, el unitario de Pol-Ka que ganó un Martín Fierro. Campanella se reconoce como un obsesivo de los guiones. De hecho, el libro de El mismo amor, la misma lluvia le llevó más de dos años, mientras que el de El hijo de la novia tuvo quince reescrituras. El guión de Luna de Avellaneda, en tanto, le demandó un año y medio. Pero no menos trabajo. “Dejamos pasar –dice– menos tiempo entre reescrituras. Pero hubo casi tantas reescrituras. Como es una película mucho más coral, fue muy complejo hilvanar todas las historias. Lo más complicado de Luna... fue encontrarle una estructura sólida a la película, teniendo en cuenta que tiene una duración un poco mayor a la convencional, de poco más de dos horas. Fue importante mantener el ritmo de la película para que no decaiga. No me preocupaba que fuera larga: lo que me preocupaba era que el público no la sintiera larga.” Una de las razones que explica su obsesión, dice, es por su propia manera de entender el cine. “Mi cine –detalla– es un cine más de palabras que de imágenes: nuestro paisaje principal son las caras y lo que ellas demuestran. Históricamente, a mí me gusta el cine de diálogo. Por eso, junto con los actores, para mí el guión es la etapa más importante de un film.”

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