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Viejas señales y nuevos escenarios

La posibilidad del debate sobre una nueva ley de servicios audiovisuales de comunicación reinstala preguntas sobre la comunicación popular y su papel en relación con la construcción social. También sobre la articulación entre comunicación popular y movimientos sociales.

 Por Pablo Castillo*

La tensión entre la comunicación popular y los movimientos sociales termina configurándose en las coordenadas del mapa ideológico, la mayoría de las veces como malentendido. Los análisis de los procesos de implementación de las políticas sociales, desde el punto de vista de la gestión comunicacional, aparecen –en no pocos razonamientos– desagregados de los procesos de vinculación entre la construcción del Estado y la sociedad civil.

Es necesario, pues, precisar lo público y su nuevo lugar en la cadena de significantes sociales considerando al menos dos efectos de supresión: 1) el creciente desdibujamiento de las fronteras políticas de los Estados-nación y, 2) la disminución de las fronteras en que históricamente la dimensión pública funcionaba separada de la privada.

Sin embargo, esta redefinición que interpela todas las construcciones en el campo de la comunicación popular de los últimos años es insuficiente para explicar el nuevo cuadro de situación que adquiere visibilidad en la Argentina, y en especial en los grandes centros urbanos, a partir del 2001-2002.

Una mirada sobre la necesaria articulación entre comunicación popular y movimientos sociales deberá dar cuenta también de tres elementos que se constituyen formando parte –consciente o inconscientemente– de esta narrativa: a) la crisis de representatividad, b) la irrupción de actores desiguales y heterogéneos y c) la incipiente configuración de una nueva percepción del Estado en una doble vía: tanto como actor inteligente que busca superar los esquemas de fragmentación y anulación, heredados de los noventa, como también entendiendo lo estatal como terreno de conflicto y disputa material y simbólica con otros actores y sectores internos y externos.

Un balance de los puntos de acuerdo y ruptura entre la comunicación popular y los movimientos sociales en la Argentina no puede examinarse por fuera de los contextos histórico-sociales y políticos en los cuales esas prácticas se inscribían.

La posibilidad de contrastar hoy –desde la lógica de la comunicación popular– la producción de los movimientos sociales como actores (reales o potenciales) que merecen ser puestos en cuestión, supone también hacerse cargo, en algún punto, de la cuestión massmediática de la política.

No vamos a entrar en un debate sobre los modos en que las nuevas tecnologías impactan en la construcción de los procesos globales, ni cómo se articulan con las demandas de sujetos relevantes, más allá de las formas en que éstos se conformen. Pero, independientemente de cuál fuera nuestro punto de partida, la pérdida de la centralidad de los grandes metarrelatos como lugares de identificación y construcción colectiva, terminan configurando las líneas principales de un escenario en donde lo que prevalece es la labilidad e inestabilidad de los discursos.

Esta cuestión coloca a la comunicación popular en un escenario contradictorio y hasta, en cierta forma, novedoso. Sin embargo, esta instancia, lejos de abolir al espacio barrial-territorial propiamente dicho –como aún sostienen todavía algunas investigaciones– lo rearticula desde los límites de una dimensión más amplia y específica, operando en un sentido catalizador entre las condiciones materiales de existencia y la formulación del vínculo que los sujetos establecen con ellas.

El tema se ha complejizado. Hablar sobre la comunicación popular, el papel de las nuevas tecnologías y la crisis de saberes supone también preguntarse por el lugar que las ciencias sociales y el “mundo académico” le otorgan al relevamiento de estas premisas.

Por lo tanto, si además de despojarnos de la mirada funcionalista de estigmatizar a la tele como “la caja boba” también somos capaces de revisar ciertos vicios iluministas que aún permanecen en algunos desarrollos de la comunicación popular, estaremos en condiciones más favorables para analizar la circulación de sujetos interpelados por modelos culturales específicos.

Sin embargo, no partimos de cero. Como suele suceder, siempre hay una historia que nos marca: la rica producción local y latinoamericana es una buena base de sustentación para procesar en términos colectivos, los desafíos de estos nuevos y mejores tiempos.

* Magister en Planificación de Procesos Comunicacionales UNLP.

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