SOCIEDAD › DOS MUJERES RECONOCIDAS POR LA EMBAJADA DE ESTADOS UNIDOS

Premio a la lucha contra la violencia

 Por Mariana Carbajal

Felipa “Nelly” Borquez sufrió la violencia doméstica en su propio cuerpo. Fue hace ya varias décadas. Hoy, a los 62 años, coordina una red de catorce centros de atención a mujeres víctimas de violencia machista en el partido de La Matanza. Por su destacada trayectoria fue ayer premiada por el embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne, en el marco de las celebraciones del Día Internacional de la Mujer. También fue distinguida la comisaria Ester Mabel Franco, quien en 1995 creó el primer centro de la Policía Federal destinado a asistir a víctimas de violencia sexual y que desde hace dos años trabaja en forma articulada con el Programa Las Víctimas contra las Violencias, que encabeza Eva Giberti en el Ministerio de Justicia.

La entrega de los dos premios se hizo en la residencia del embajador, en una agasajo a mujeres desta- cadas de distintos ámbitos donde estuvieron presentes desde la ministra de la Corte Suprema Elena Highton de Nolasco y Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo, hasta la conductora Mirtha Legrand, varias legisladoras, algunas funcionarias, activistas de ONG y periodistas. Wayne explicó que Borquez y Franco fueron elegidas “por su coraje y liderazgo para fortalecer a las víctimas” y ayudarlas a “vivir una vida libre de violencia doméstica y sexual”.

Borquez fue pionera en La Matanza en el trabajo de prevención y tratamiento de la violencia de género, desde la Casa de la Mujer Roza Chazarreta. “Soy militante cristiana y feminista”, se definió en diálogo con este diario. Alineada con el pensamiento de la Teología de la Liberación, es coordinadora de los seminarios de formación teológica. Se metió con la problemática de la violencia doméstica en 1989, luego de padecerla con su pareja de entonces. “Era la época de la hiperinflación y en el barrio organizamos ollas populares. Ahí empezamos con otras mujeres a hablar de nuestros problemas, de nosotras mismas”, contó. Desde 1993 también “trabaja con varones agresores” derivados de juzgados de menores y de familia. Su labor recibe el apoyo de Unifem, el Fondo de Naciones Unidas para la Mujer. “No es un premio para mí: es para tantas mujeres que quieren salir de situaciones de violencia. Y para que puedan salir necesitamos decisiones políticas”, señaló Borquez cuando recibió el diploma de manos del embajador estadounidense. Se refirió, dijo luego a este diario, a la necesidad de una política integral contra la violencia machista y a una nueva ley que brinde más herramientas para prevenirla y combatirla. El Senado dio media sanción a fin de 2008 a un proyecto de ley que apunta en ese sentido. La iniciativa podría tratarse hoy en la Cámara de Diputados. Borquez coordina catorce centros de atención en La Matanza.

–Según su experiencia, ¿un maltratador deja de maltratar? –le preguntó este diario.

–Hasta el día de hoy estamos convencidas de que la violencia es una conducta aprendida basada en una relación de asimetría. Cuando es excluido del hogar, el maltratador se transforma en un varón soltero que deja de tener obligaciones con sus hijos. Si reconoce que tiene culpa y asume su rol de padre, se pueden obtener cambios. Trabajamos en la reparación del vínculo dañado. Nunca mediamos entre la víctima y el agresor: no hay mediación posible en situaciones de violencia, no se puede mediar entre un torturador y un torturado. Trabajamos para reducir el daño a la mujer y a los hijos. Con las mujeres, fundamentalmente buscamos que recuperen su autoestima.

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