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El color de la multitud, de Internet al sueño

Desde Milán, Mela Bosch expone sobre los distintos alcances de una convocatoria virtual que movió a diferentes formas de manifestación, pero sobre todo, a la expresión de un sueño, de un deseo, a través de un color.

 Por Mela Bosch

Desde Milán

Las teorías comunicacionales sobre el periodismo digital y global, con sustento en lógicas como la bayesiana, nos dicen que todo nuevo suceso se debe apoyar en las experiencias adquiridas para ponderar las tendencias futuras, de manera que se debe innovar en forma paulatina para tener éxito. Las actuales técnicas de imagen comunicacional nos dicen que el “no” no vende, que se debe enunciar en forma positiva, con sentidos claros y concisos. Se considera asimismo la importancia de adaptar los contenidos a las lenguas y las culturas y todos estamos de acuerdo en que el monopolio de los medios de comunicación ahoga la expresión social. También se afirma que el blog está muerto pues la gente escribe más de lo que lee, que las redes sociales sólo sirven para comunicar banalidad y recolectar datos de los usuarios. Finalmente los expertos en rating aseguran que es posible medir y seguir con precisión la participación en eventos mediáticos.

¿Es todo cierto? Quizá no. Quizás aún debemos aprender mucho. El 5 de diciembre de 2009 en multitud de lugares del mundo simultáneamente una convocatoria que se inició en forma virtual, al margen de los monopolios mediáticos, con contenido de oposición, polisémico, multilingüe, multicultural y que aún no ha podido ser realmente medida, nos alegró el invierno de la crisis europea.

El No B day, el Día No Berlusconi, se inició con un bloguero de Bari que aún no comprende cómo sucedió tal cosa, siguió por Facebook, Twitter, sms, e-mail y se planteó (el “se” aquí alude a un colectivo formado fundamentalmente por jóvenes y por adultos, predominantemente mujeres) un encuentro sin lugar fijo que se concretó en un festival en Roma, una marcha en Milán, en manifestaciones en París, Londres y Barcelona, entre otras ciudades europeas, en citas en bares y centros sociales de miles de lugares, en bailes, conciertos de rock, teatro alternativo, siendo a la vez que seguido por YouTube y todas las redes y con millares de mensajes de video y audio que viajan en los celulares, que llegan a radios y televisoras, que desistieron de responder las llamadas dejando que se llenaran los contestadores automáticos y con anotaciones que saturaron los blogs de los grandes medios en todo el mundo. A esta altura la discusión de si fueron miles o millones se vuelve inconsistente, al no haber una presencia que se pueda medir.

Es además multilingüe y multicutural porque los italianos y europeos que se han movilizado espontáneamente se expresan en inglés, francés, en español, en forma visual, artística, musical y su mensaje finalmente no se detiene en el patético premier italiano que se aferra al poder.

La convocatoria se valió además de mensajes polisémicos, palabra que significa “con muchos sentidos”, ya desde el nombre y el color que espontáneamente se usa: viola, el color violeta, que es políticamente incorrectísimo: color de la cuaresma o de la jerarquía eclesiástica con la que no tiene nada que ver y que no se puede identificar con ningún partido político.

¿De dónde sale? En italiano el color violeta se dice “viola” y también es el verbo violar. Viola es la flor, viola es el violín y Berlusconi viola la ley, es lo que aparece en carteles coloridos.

Todo es paradoja y con múltiples sentidos: No B es Sí. Se visten de violeta porque se sienten violados. Palabra terrible “violar”: es doblegar la voluntad y la dignidad, es romper, estuprar y paradójicamente es el color tomado como enseña de libertad de expresión, de resistencia a la burocracia de los políticos que piensan más en sus puestos que en las personas, es el color contra la sociedad entre poder político y mafias, de los jóvenes con trabajos eternamente precarios, de las mujeres no consideradas social ni políticamente, es la enseña de que al margen del poder de los multimedios se puede imponer un color.

¿Cómo logran esto? Lo están haciendo porque lo pueden hacer y sobre todo porque saben cómo hacerlo. Y ¿qué es lo que constituye este saber? Hace poco Luciano Sanguinetti, en este mismo espacio, hablaba de la importancia de la brecha cognitiva, nos decía que no sólo es importante disponer de medios digitales y telemáticos sino saber cómo usarlos y con qué convicciones.

Es cierto, no olvidemos que el conocer sin un componente que es la dimensión ética es consumo y aprovechamiento. La diferencia la hace no sólo disponer de celulares y de Internet, sino además la determinación de llevar adelante un deseo. Aun dolidos por el envío de tropas a Afganistán por parte del último Premio Nobel de la Paz, lo “violan” en miles de carteles y etiquetas en los sitios que le dicen y nos dicen: I have a dream, Yo tengo un sueño. El conocimiento y el sueño son la clave.

* Consultora lingüística y documental en Europa. Docente on line de la Cátedra Tecnologías en Comunicación Social de la Facultad de Periodismo de la UNLP.

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