SOCIEDAD › UN FALLO PERMITE QUE UNA MUJER LESBIANA PUEDA HACER VISITAS íNTIMAS A SU PAREJA PRESA

Novia no es igual que amiga

En la cárcel de Ezeiza, una mujer excarcelada pidió visitar como “concubina” a su pareja que sigue presa. El jefe de la unidad lo negó. Ahora, un tribunal federal lo autorizó: “Negarlo sería violar el principio de igualdad”, dice el fallo.

 Por Soledad Vallejos

Un tribunal federal puso fin a la negativa que, durante año y medio, el Servicio Penitenciario Federal (SPF) esgrimía cada vez que una interna del penal de Ezeiza pedía autorización para tener visitas íntimas con su pareja, una mujer a quien había conocido dentro de la cárcel y que recuperó la libertad en mayo del año pasado. “Privar a Rosa G. P. de la posibilidad de acceder a visitas íntimas con su pareja, Gisela M., claramente debe traducirse en una violación al principio de igualdad y de no discriminación”, detalla el fallo firmado por los jueces Pablo Bertuzzi y Horacio Isaurralde, quienes destacaron que la oposición del SPF a conceder las visitas se sustentó, única y discriminatoriamente, en que se trataba de personas del mismo sexo. “Cuando encaramos esto, sabíamos que estábamos peleando por algo: porque se reconociera lo que soy, su pareja. Queremos que esto no vuelve a pasar a nadie más, que haya igualdad de derechos. Esta es la llave para que se abra la puerta a lo que queremos. Y no hay precedentes”, declaró a Página/12 Gisela M., desde la casa que comparte con su familia y su hijo de 9 años.

A la presentación judicial, iniciada formalmente por Rosa P. –la mujer todavía presa– con la asesoría de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), se fueron sumando amicus curiae al tribunal: la Procuración Penitenciaria de la Nación, autoridades de la CHA (el presidente, César Cigliutti, el secretario Marcelo Suntheim y el coordinador jurídico Pedro Paradiso Sottile), de la Defensoría General de la Nación y de la Comisión Provincial por la Memoria (Roberto Cipriano García y Laurana Malacalza). Todos ellos intercedieron ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata al entender que se violaban los derechos de la pareja.

Desde que recuperó la libertad, en mayo de 2008, y hasta noviembre de este año, Gisela M. intentó que el SPF le permitiera ingresar a la Unidad 31 en calidad de pareja de Rosa P., que lleva siete años de cárcel. “A las dos semanas, empecé a visitarla –cuenta Gisela–, pero cuando fui a la entrevista de rutina con la asistente social, me dijo ‘¿en calidad de qué?’, y cuando le dije que como concubina, y que en la Unidad siempre se supo que éramos pareja, me lo negaron.” Las visitas, hasta ahora, sólo fueron en calidad de amiga, tal como consta en los permisos concedidos. Sin embargo, Gisela M. y Rosa P. son pareja desde 2003, cuando ambas comenzaron a compartir los días en el Pabellón Nº 8. “Pero es que sistemáticamente ahí adentro el vínculo entre personas del mismo sexo está prohibido”, dice Gisela, quien recuerda que cuando veían a dos mujeres abrazadas o besándose, “les daban sanción leve por inmoralidad”.

A poco de que Gisela recuperara la libertad, Rosa P. entristeció y su sistema inmunológico comenzó a verse afectado; tras una serie de exámenes, se le diagnosticó VIH: dice que le fue contagiado en el centro médico de la Unidad, durante un tratamiento odontológico. “Yo me desesperaba”, cuenta Gisela, quien para entonces tramitaba ante el Registro de las Personas del gobierno porteño un certificado de concubinato. Lo obtuvo. En agosto de este año, lo presentó a las autoridades de la Unidad, que desconfiaron. “Me acusaron de haber adulterado el documento de concubinato. Les dije que si estaban seguros, me denunciaran, porque falsificar es delito. Dijeron que no, amenacé con denunciarlos, y me dijeron que iba a comenzar de nuevo el expediente”, recuerda Gisela. Hasta entonces, el SPF no había dado más que evasivas no formales, como subraya la resolución judicial, aun cuando Rosa P. tiene una “conducta ejemplar (10)”. Sólo en noviembre obtuvieron respuesta: una resolución negativa, firmada el prefecto Juan Carlos Beltramo, director de la Unidad, quien, recuerda la decisión judicial, “no hace lugar” a que Gisela visite a Rosa “como su concubina” pero “sí la autoriza para hacerlo en calidad de amiga”.

La resolución de Isaurralde y Bertuzzi fue notificada el viernes a la Unidad y ayer por la tarde a Rosa P. “Este es el principio de lo que vamos a buscar –explica Gisela–. Seguimos en la lucha. Pensarán en el SPF que ya está, pero se equivocan: es algo muy personal, no queremos que le pase a más gente lo mismo.”

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La cárcel de Ezeiza, cuyo jefe autorizaba las visitas, pero sólo en calidad de “amigas”.
 
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