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Cuestión de identidad

María Soledad Balsas cuestiona la exacerbación del conflicto en la televisión, usando como protagonista a una migrante latinoamericana.

 Por María Soledad Balsas *

Que los conflictos en vivo y en directo dan rédito en audiencia no es nada nuevo en la televisión argentina. Pero sí lo es –en cierto sentido– que éstos no tengan al empresario Fort como protagonista ni sean desencadenados por despechos sentimentales o rivalidades entre vedettes, sino por cuestiones de identidad.

Impregnada de un elocuente discurso xenófobo contra los migrantes latinoamericanos residentes en la Argentina, la discusión se desa-tó entre los ignotos participantes de un reality show para bajar de peso. Según Ibope, el programa de la discordia (8,1) superó por una diferencia de casi cuatro puntos a Intrusos (4,7), conducido por el autoproclamado rey del chisme. Todo comenzó cuando dos participantes fueron convocados por la conductora del cuestionado reality para dar sus versiones sobre su enfrentamiento. El conflicto se extendió al resto del grupo, que mediante uno de sus líderes respondió al supuesto “argentinos de m...” de la pareja de una participante colombiana en el medio de un entredicho fuera de cámara, con el repudio público de la presencia de migrantes latinoamericanos en la Argentina.

En una tajante distinción discursiva entre “ellos” y “nosotros”, varios de los participantes recordaron a su par colombiana que “esto es Argentina” y que debía “estar agradecida de estar aquí”. En respuesta, la paciente oriunda de Barranquilla puso de manifiesto que el líder del grupo, que en emisiones anteriores se había mostrado afectado por los sucesos de Villa Soldati, había expresado en una reunión su acuerdo con la sanción de leyes que impidieran el ingreso de extranjeros en el país.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando uno de los protagonistas de la pelea, herido por supuestas agresiones sobre su condición sexual, reveló al aire las confesiones que la concursante hizo al grupo sobre la necesidad de prostituirse en su país para sostener a su familia. Minutos antes, ella se había quejado de soportar reiterados comentarios sobre su nacionalidad, que la vinculaban con el narcotráfico y la prostitución.

Ante la virulencia de la situación, a la que no le faltaron toques de dramatismo (lágrimas en los ojos de la conductora, salida con asistencia médica de uno de los participantes tras la emotiva intervención de su madre) y suspenso (la expulsión de ambos concursantes quedó pendiente para el siguiente encuentro), el rechazo expresado por la conductora –también de origen caribeño– y el panel de especialistas que la acompaña quedó, por lo menos, corto. Sobre todo si se tiene en cuenta que no es la primera vez que se producen controversias por estas cuestiones en este programa.

Algunas semanas atrás, la misma conductora había comentado en público las discriminaciones sufridas en sus primeros tiempos en la Argentina. Hizo referencia a desagradables situaciones personales que le habría tocado vivir, producto del difundido estereotipo que asocia a la mujer caribeña con la prostitución.

Más allá del evidente “gancho” que provoca la espectacularización de la otredad –no sólo en la televisión argentina–, poco después de los hechos de Soldati, no parece azaroso que la exacerbación de la conflictividad tenga como protagonista a una migrante latinoamericana.

* Candidata al Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, y becaria del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

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