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Comunicación de la ciencia

A raíz del lanzamiento exitoso del satélite Arsat-1, Martín Pablo Sosa replantea la importancia de la comunicación de la ciencia entendida como política de Estado y como una forma de establecer límites a posiciones políticas poco sustentadas sobre el tema.

 Por Martín Pablo Sosa *

Hace algunas semanas se lanzó con éxito el Arsat-1, primer satélite geoestacionario desarrollado en el país y el primero de Latinoamérica. Su lanzamiento y puesta en órbita representan un hito, no sólo desde el punto de vista científico-tecnológico, sino también desde el comunicacional.

No es sencillo encontrar políticos que manifiesten públicamente su oposición al desarrollo científico-tecnológico nacional. Ya lo señalaba Diego Golombek (investigador principal del Conicet y divulgador científico) en una entrevista de hace algunos años: “Nadie te va a decir que está en contra de apoyar a la ciencia, eso se aprende en Comunicación Política I”. Sin embargo, todos conocemos momentos en que desde el Estado se han hecho recortes presupuestarios al sistema científico nacional y/o no se ha apoyado suficientemente su desarrollo. Entonces, no es que estos posicionamientos políticos no existan en nuestro país, sino que expresarlos en público tiene mala prensa, por lo que a veces hay que prestar especial atención a las declaraciones que se hacen sobre el tema.

Mauricio Macri, por ejemplo, no tuvo problema, hace algunos meses, en manifestar su concepción político-ideológica sobre el desarrollo científico-tecnológico argentino: concebir la inversión en Ciencia y Tecnología (CyT) como un gasto, uno más. Así lo sostuvo a principios de septiembre, en una reunión con la CAME (Cámara Argentina de la Mediana Empresa). El líder del PRO expresó: “Hay mucho despilfarro. Nunca vi un gobierno que malgaste tanto los recursos. Hacen empresas tecnológicas que no hacen falta, se generan empresas satelitales que no funcionan...”. Eran los inicios de septiembre y todavía restaban 45 días para el lanzamiento del Arsat-1 desde la Guayana Francesa.

Recientemente, se difundieron los resultados de la Tercera Encuesta Nacional de Percepción Social de la Ciencia impulsada por el Ministerio de Ciencia y Tecnología (Mincyt). Esta se realizó en diciembre de 2012 sobre la base de una “muestra nacional aleatoria y domiciliaria de población adulta urbana, estratificada según región, sexo y edad” (Mincyt, 2014, La percepción de los argentinos sobre la investigación científica en el país (Tercera Encuesta Nacional (2012), Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mincyt). Sus resultados nos permiten afirmar que el apoyo a la actividad científico-tecnológico es firme y contundente en todos los sectores de población: 9 de cada 10 personas creen que el Estado debe incrementar el financiamiento en CyT. Aun cuando se introduce la variable de que los recursos públicos son limitados, 8 de cada 10 personas continúan sosteniendo la postura del aumento.

Entendemos que la difusión de información sobre CyT contribuye a ese posicionamiento social y así lo señalábamos meses atrás en una columna como ésta. Es una herramienta de vital importancia ya que, por medio de ella, la sociedad puede conocer “las distintas investigaciones que el Estado sostiene con fondos públicos y sus respectivos resultados”. Destacábamos entonces que, de no hacerlo, “se correría el riesgo de que una sociedad desinformada desestime la importancia de la investigación científico-tecnológica nacional y, en épocas de vacas flacas, apoye políticas que promuevan el recorte presupuestario de este tipo de actividades”.

Finalmente llegó el día: 16 de octubre de 2014, televisado en vivo para todo el país por la televisión pública y replicado miles de veces en redes sociales, el lanzamiento del satélite Arsat-1 fue todo un éxito científicotecnológico y comunicacional. De pronto, los programas vinculados con la farándula hacían mención del satélite y hasta ¡discutían sobre políticas científicas en vivo! Por un breve lapso, la noticia había inundado todos los medios y soportes: la sociedad había respondido positivamente, con un gran interés por el tema. Hasta el propio Macri se vio obligado a rectificar sus dichos de hacía sólo 45 días, al punto de afirmar que debe existir una “continuidad en la política de CyT de este gobierno (nacional)”, a la que calificó como “muy buena”. Y esto no era casual, la comunicación de la ciencia lo había hecho posible: mediante la difusión de información se había empoderado a la sociedad, dándole a conocer los resultados de un largo y arduo trabajo, generado tras años y años de apoyo y financiamiento público.

Encontrar políticos que manifiesten públicamente su oposición al desarrollo científico-tecnológico nacional no es fácil, menos aún si existe una sociedad informada que los ponga en su lugar.

* Licenciado en Periodismo de la Universidad del Salvador (USAL) @MPSosa88 AmerSur, [email protected]

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