PSICOLOGíA › EL SENTIDO COMúN Y LO INCONSCIENTE

La razón natural

 Por Jaime Szpilka *

La idealización de la naturaleza y de lo natural culmina con una lógica acerca del derecho natural, de la ética natural y de la significación natural: naturalidades todas que encuentran su expresión máxima en lo que podríamos llamar la lógica del sentido común, no cuestionado, inmediato, y que crea el cobijo del compartir con el otro el placer gozoso de lo familiar, de lo heimlich, del estar en casa. Lógica que esconde, detrás de su aparente inocencia, la negación absoluta de lo inconsciente. Su posición represora instituye un ser; como toda institución, instituye una lógica represiva, obtura lo que el inconsciente mismo instala y delata: la ruina y la imposibilidad del ser.

Vale la pena insistir en que uno de los más trascendentes descubrimientos freudianos fue el de la destitución del júbilo de la palabra. Las promesas que ese júbilo prometía a lo largo del desarrollo del pensamiento occidental –la verdad y el saber del ser– se delataron finalmente en su propia imposibilidad; lo que la propia promesa había abierto es lo que, finalmente, la hizo devenir imposible.

Pero detrás de ese heimlich, detrás de ese placer gozoso de compartir un sentido común, como lo más natural del mundo, se esconde siempre una dosis de violencia contra un tercero necesario como víctima, lo Unheimlich negado. Como que el sentido común implica siempre una complicidad narcisista, sea en la amistad, en la pareja, en los que comparten una patria, una religión, un equipo de fútbol, una ideología política, un esquema referencial, que solamente se sostiene contra un tercero hostil que implica siempre la posibilidad de una perspectiva ajena que amenaza la unidad imaginaria instituida en la complicidad.

Otro ojo, otra mirada, otra significación, otro sentido, otro significante, ponen siempre en riesgo el abrigo narcisista de lo compartido, lo común, que inevitablemente se constituye sobre algo ajeno y no común, rechazado y temido.

Por eso el psicoanálisis no puede entrar a la manera común en la clásica discusión entre el racionalismo y lo irracional, justamente porque plantea la cuestión de frontera donde lo irracional no es más que la diferencia perenne entre la razón y la verdad, entre lo que se puede decir porque se dice y lo que no se puede decir porque se dice, diferencia cuyo producto es la consideración del deseo inconsciente. Desde esta perspectiva, planteamos discutir la clásica tesis aristotélica, que define al hombre como animal racional, sustituyéndolo por: el hombre es el animal deseante.

Renegar esa falta en ser, renegar de que el ser es un efecto mítico retrospectivo por efecto del habla, constituye la esencia del pensamiento y de la ideología fascista, en tanto presenta un ser que es por naturaleza, un ser que es frente a otro ser inferior que no es y que debe ser aniquilado para no contaminar la perfección del ser superior.

Pero eso, tan evidente y caricaturesco en el fascismo burdo, también acompaña a todo pensamiento anclado sólo en el sentido común y a toda razón que se pretenda autoritaria y absoluta, que se disimula tantas veces en la complicidad gozosa de los que comparten una misma perspectiva, un determinado sentido común, una posición que puede disfrazarse tantas veces de amor, de altruismo y de ideal compartido. La razón absoluta y totalitaria es la razón que se olvida del inconsciente, del cual se olvida también el fascismo y toda formación totalitaria que implique un abrigo narcisista común, aunque se llame enamoramiento. La razón absoluta “sabe” lo que el ser es: lo que es un hombre, una mujer, una patria, una religión, el bien, el mal. En la razón totalitaria, se sabe lo que el significado significa.

Por eso desde estas posiciones absolutas y totalitarias se cree en la naturaleza, como se cree en el Paraíso. Se olvida que el paraíso es una construcción a posteriori, paraíso perdido que solamente queda constituido por la pérdida. Igual ocurre con el concepto de naturaleza, engendrado por el mito romántico de un antes construido después de su imposibilidad. No hay nada menos natural que la naturaleza, concebida como si fuera una existencia real perdida y corrompida por el hombre.

* Texto extractado de Crítica de la razón natural. La mentalidad moderna, el sentido común y lo inconsciente.

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