PSICOLOGíA › EL PSICOANALISIS Y LOS LIMITES DE LA RESPONSABILIDAD

Las víctimas no son desechos

Por Juan Bautista Ritvo *

El 11 de noviembre publiqué en este diario una nota donde, a propósito del crimen de Junior en Carmen de Patagones, alertaba, entre otras cosas, sobre las consecuencias nocivas de los reclamos de prevención, algo que llevaba a ubicar al psicólogo en un auxiliar ya no del psiquiatra, sino de la policía.
El último jueves y motivada por mi nota, Jacqueline Viviana Lejbowicz, integrante del “Programa de psicoanalistas de Suteba”, escribe: “No creo que alertar sobre los riesgos de una prevención totalizante y pseudopolicial nos exceptúe de la responsabilidad de plantearnos un quehacer allí”. Y luego cita una frase de Freud que se refiere a los objetivos que debería tener la educación secundaria: “Ha de infundirles el placer de vivir”.
Quiero responder con la mayor brevedad y precisión.
1) Yo no quería ni quiero desresponsabilizar a los educadores y psicólogos, sino señalar los límites de la responsabilidad, que son los límites de lo incurable: contra cierta demagogia que pretende curarlo todo y no cura nada, reitero que quizá (y me veo obligado a escribir este “quizá” por obvios motivos) sea posible curar la miseria social, pero no la crueldad entre los hombres.
Y en lo que respecta a los psicoanalistas creo que sí, que pueden intervenir en gabinetes psicopedagógicos y hasta en situaciones de catástrofe, a condición de que se demande su presencia; de lo contrario (y alerto aquí sobre la confusión extrema de muchos gobernantes) se convertiría en una suerte de bombero, con la diferencia de que el bombero es necesario.
2) La frase de Freud citada tiene su valor, pero es un valor particular que responde a una interrogación particular. Fuera de contexto y convertida en consigna general es de una tal generalidad y equivocidad que ya no sirve para nada; o peor, sirve para disfrazar la confusión y para tranquilizarnos ante lo que no entendemos.
Yo quiero, por ahora, dar un ejemplo particular de cosas que sí se pueden hacer en la terrible coyuntura actual, en la que hay tanta marginación y desprotección, especialmente de las minorías étnicas, como los tobas, pongo por caso.
¿Son víctimas? Por cierto; es algo que no admite discusión: pero si por culpa se los victimiza, entonces se los despoja de su cualidad y dignidad de sujetos y así se los identifica como desechos, se los congela en objeto de caridad, el que sólo puede adoptar la actitud del eterno pedigüeño de favores oficiales. Quiero decir: muchos educadores, muchos psicólogos, muchos trabajadores sociales, tienden a desresponsabilizarlos (y así se irresponsabilizan ellos mismos, claro) en el punto en que deberían reclamarles hacerse cargo activamente de lo suyo. Los niños marginales sufren la miseria, pero también que los padres no les hablen ni les dirijan esa palabra que puede sostener a alguien en momentos de desamparo. La falta de recursos simbólicos es también un constituyente esencial de la miseria.
Quiero dar un ejemplo revelador. Hay lugares de Rosario en los que predomina absolutamente la desnutrición infantil; no obstante, algunos chicos muy pobres están adecudamente alimentados porque sus madres van diariamente al mercado de concentración y recogen las verduras y frutas que se desechan, muchas de las cuales conservan sus propiedades alimenticias. Estas madres, a diferencia de las que esperan las cajas de alimentación, poseen recursos simbólicos.
Desde luego, podría multiplicar estos ejemplos en todos los niveles.

* Miembro del consejo de redacción de la revista Conjetural. Docente en el Doctorado de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario.

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