REPORTAJES › SERGIO BERGMAN, DE LA SINAGOGA LIBERTAD

“Yo no soy el rabino de Blumberg”

Se hizo conocido con sus duros discursos en Memoria Activa, pero luego reapareció junto al ingeniero de la mano dura. No esconde que será candidato “si hay masa crítica”. Sus opiniones sobre derecha e izquierda y sobre la necesidad de juicios “a los subversivos terroristas”.

 Por Werner Pertot

No descarta ser candidato. Es más, podría decirse que trabaja en esa dirección: en las últimas semanas se lo vio con el ingeniero Juan Carlos Blumberg, con la líder del ARI, Elisa Carrió; con el jefe de Gobierno, Jorge Telerman, y con el diputado macrista Federico Pinedo. El rabino Sergio Bergman es una de las figuras religiosas que se acercaron a la política, primero con la marcha del padre de Axel a Plaza de Mayo y luego tras la derrota del oficialismo en Misiones. En diálogo con Página/12, habla de su relación con el cardenal Jorge Bergoglio, pondera la política de derechos humanos de Néstor Kirchner, pero plantea que se debería juzgar también a los “subversivos terroristas”.

Nieto de inmigrantes judíos de origen polaco, Bergman se mantuvo lejos del negocio familiar (una fábrica de envases de cartón). Poco queda en la actualidad de aquel Bergman que se recibió de farmacéutico en 1986. En cambio, su perfil público se asemeja al que supo obtener en sus flamígeros discursos frente a Tribunales en los actos de Memoria Activa. Bergman egresó en 1993 del Seminario Rabínico Latinoamericano, que proviene de la línea progresista del rabino Marshall Meyer. Más tarde se ganó a los sectores ortodoxos al ocuparse del templo de la calle Libertad. El rabino recibe a este diario en la Fundación Judaica, junto a ese templo, uno de los más imponentes y tradicionales de Buenos Aires.

–¿Cómo se define políticamente?

–Yo tengo una concepción que hoy no tiene una categoría clara en los partidos tradicionales, que es lo que llamo una socialdemocracia judeo-cristiana. Tengo una visión socialdemócrata: la equidad, la inclusión social. Habitualmente, a los religiosos nos ponen a opinar en una lista restringida de temas: el aborto, la planificación familiar, los pobres. Pero vos no le hacés una pregunta a un religioso sobre la economía, sobre política internacional...

–¿De qué partido se sentiría más cerca?

–Yo ya planteé que los referentes políticos con los que tengo mayor afinidad o empatía pueden ser Jorge Telerman en la ciudad, Elisa Carrió en los puntos que plantea sobre la calidad de vida democrática. En el caso de Pinedo, participé en la presentación de un libro que escribió. Pero eso no me alinea partidariamente. Por lo que fue mi participación en la Plaza de Mayo de Blumberg, se me asoció con las líneas de derecha. Y yo, en la medida en que puedo me muevo lo más rápido posible para no quedar en una de estas categorías.

–¿Con Macri siente afinidad?

–No tengo sintonía, salvo con algunos referentes como (el ex embajador menemista) Diego Guelar o (la legisladora) Gabriela Michetti.

–¿Por qué inició un diálogo con esos referentes políticos?

–Se hace necesario que nos encontremos en un espacio varios referentes de la sociedad civil, que sin tomar partido por un partido, tomemos partido por lo político-cívico. La propuesta es construir una interfase amigable de la sociedad civil en tránsito a política partidaria.

–¿Tendría que haber un alineamiento de los referentes opositores?

–Si la idea es que toda la oposición se va a juntar en contra de un oficialismo, lo veo débil y pobre. Si hay un conjunto de referentes que tienen una propuesta que compartir, no me parece mal una coalición. El problema es que acá las coaliciones son para colisiones. No lo veo maduro...

Sotanas, kipás y subversivos

Con su habitual kipá colorida, Bergman tipea mails frenéticamente mientras responde las preguntas. Como el fondo de su oficina, en la que se alternan los libros en hebreo y en castellano, el rabino se mueve sin problemas entre dos dialectos: el político y el religioso. Lo interrumpe su celular. Es un sacerdote cercano a Bergoglio. Se mandan abrazos de Navidad y de Hanucca.

–¿Qué influencia tiene Bergoglio en esta construcción?

–Bergoglio para mí es un referente inspirador y una línea en la que me siento representado. Está planteando cómo tiene que ser la práctica social, espiritual y ética de un ejercicio ciudadano. Es una visión. Lo quieren poner en el lugar de un operador político. No es un político. Lo que no significa que no mande una línea que uno interpreta. Como no tengo la restricción de ser sacerdote, puedo extenderme aún más en los campos que tienen más limitados algunos hermanos.

–Uno de esos campos es la política...

–Ellos no están habilitados al campo político-electoral. (Joaquín) Piña fue convencional, pero no fue a un cargo electivo de representación. Esa es la línea hoy de la Iglesia argentina. Yo no estoy restringido...

–¿Bergoglio ve bien su participación en la vida pública?

–Yo pienso que la orienta y la alienta.

–Veo que no descarta ser candidato.

–No, en absoluto. No sólo no lo descarto, sino que creo que queda ad referéndum de una masa crítica de ciudadanos que vayan involucrándose en una alternativa cívica y nuevos partidos. Pero hoy no las veo consolidadas, más allá de que me puedan decir que mido bien. Entiendo que un salto de la referencia social y religiosa a las actuales estructuras partidarias, en mi caso, sería un salto al vacío.

–¿Para Blumberg también sería un salto al vacío?

–Voy a esperar, como hemos acordado con él, el tiempo para su definición, que estimamos que va a ser a fin de mes. Aunque también le dije que en caso de que se transforme en candidato, yo no participaría en una lista de un cargo electivo de su propuesta. El tiene que evaluar si su capital social se potencia o se diluye.

–¿Por qué no acompañaría a Blumberg?

–No es que no lo acompañaría a él, sino que he decidido que no participo en una acción político electoral si no hay masa crítica.

–Pero, ¿usted comparte su propuesta?

–Hay algunos aspectos de la propuesta con las que acuerdo y hay otros puntos con los que no necesariamente coincido.

–¿Por ejemplo?

–No coincido en la disminución de la edad de imputabilidad. Pero no asumo el estereotipo de que Blumberg es de derecha, de que es un nazi. Lo que no significa que cuando nos agrupamos en una causa, estemos todos de acuerdo.

–Entre los que lo acompañan está el ex subsecretario de Justicia de la dictadura Roberto Durrieu.

–Obviamente, no hemos tenido una conversación sobre en qué coincidimos o no. Pero desde los antecedentes de cada uno... Evidentemente, yo no acepto esa estereotipación de que uno se corrió a la derecha. No hay ninguna duda de que yo participo como referente social y en la militancia por los derechos humanos en una línea progresista. No creo que todos esos antecedentes queden borrados por acompañarlo a Blumberg.

–O sea que no le molesta quedar como “el rabino de Blumberg”.

–Me preocupa, porque yo no soy el rabino de Blumberg. Soy un rabino que lo acompaña a Blumberg en determinadas acciones. Y me la banco. Y asumo el costo que eso tiene, de aquellos que dicen que adhiero a una determinada filosofía. Que tampoco le preguntan a Blumberg cuál es. Nadie le pregunta qué piensa o qué propone.

–Sin embargo, en una de las marchas criticó a “los derechos humanos de los delincuentes”.

–Es una expresión de oratoria. No una concepción de fondo. Lo que estaba planteando es lo que se llama el garantismo, como si fuera que los delincuentes tienen más garantías que el resto. Si es un dirigente social, no hay que hacerle una evaluación sobre toda su concepción de mundo. Si es un candidato, habrá que preguntar qué posiciones tiene. Si tiene posiciones de derecha o un poco duras, cada uno verá.

–¿Y usted cómo ve la política de derechos humanos del Gobierno?

–Los derechos humanos no son de izquierda ni de derecha, ni sólo para atrás, sino que hacen a la educación, a la salud, la Justicia y la seguridad. Hay un progreso digno de rescatar en el avance de la política que tiene que ver con recuperar la verdad y la justicia. Pero tiene que haber también un criterio donde los individuos –no los grupos– son iguales ante la ley y todos tienen que responder. Yo entiendo que lesa humanidad es toda acción de terror.

–Es decir que piensa que hay que juzgar a las organizaciones armadas.

–Sí. Por supuesto. Hablo del uso retórico y político de esos juicios cuando están sesgados sin que rindan cuenta aquellos que no solamente hicieron actos subversivos terroristas, sino que también entregaron a sus compañeros. Acá hay una especie de sesgo en que no toda la verdad histórica tiene que ser planteada. Y para mí tiene que ser planteada.

–¿Cuándo dice que “entregaron a sus compañeros” se refiere a algún hecho histórico?

–Me refiero al liderazgo de Montoneros, por ejemplo. Hay determinadas acciones que están prescriptas desde el punto de vista de los juicios, pero tienen que ser revisadas.

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Imagen: Bernardino Avila
 
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