SOCIEDAD › OPINIóN

¿Quién rescata a los despenalizados?

 Por Alberto Croce *

El aumento de la problemática del tráfico y consumo de drogas, en primer lugar, y las diferentes adicciones de la sociedad en general, a las que los adolescentes están mucho más expuestos, plantean fenómenos que causan estragos en los dos extremos socioeconómicos: el paco, en los barrios populares, y el éxtasis en los lugares VIP.

El reciente debate por la despenalización de la tenencia de droga hace foco en las consecuencias penales pero, hasta el momento, posterga estrategias y herramientas que permitan tratar la rehabilitación efectiva de estos jóvenes.

Mientras tanto, la recuperación de los adictos de drogas “costosas” se transformó, en algunos casos, en mejores servicios comerciales, despojados de sentido social. En medio de estas situaciones, distintas ONG asumieron este servicio con mucho esfuerzo y generosidad. Pero no alcanza.

Por otra parte, el problema es muy complejo en los sectores pobres. Son pocos los que se ocupan de la recuperación y de la atención de los adolescentes que recurren al paco, al pegamento o que son adictos al alcohol. En general, quienes asumen cualquiera de los otros proyectos ya mencionados deben, a su vez, tratar de hacer algo con los que son víctimas de estas adicciones sin contar con los recursos necesarios, ni con la imprescindible capacitación.

Además, la imposibilidad de tomar distancia de las condiciones sociales que llevan al consumo indebido de drogas hace que los jóvenes en situación de pobreza que pasan por instituciones de rehabilitación, cuando regresan a sus barrios, vuelvan sin excepción a instancias idénticas o peores que las que se creía que ya habían superado.

En este contexto, adentrarnos en la cultura y en el lenguaje de estos jóvenes puede darnos pistas sobre su percepción del tema. Los adolescentes de los barrios del Gran Buenos Aires usan cada vez, con mayor frecuencia, la expresión recatate. Entenderla nos puede ayudar a saber algo más de su realidad actual.

Cuando un chico está por cometer una tropelía y un amigo le dice: “Por favor, recatate” lo impulsa a detenerse y a no seguir con lo que está haciendo, ya que alguien puede salir dañado. Recatarse es, en realidad, una deformación de “rescatarse”. Y el “rescatarse” alude a estar en situación de riesgo.

Conversando con jóvenes les hacía pensar sobre esta expresión y me decían que lo contrario al rescate es ser un náufrago, hundirse. Creo que se trata de una expresión que pone en evidencia algo muy profundo. Los adolescentes saben que se están hundiendo y, por eso, llaman a recatarse. Y es importante que el aviso sea hecho al que está en peligro, porque encierra la conciencia de que sólo puede salvarse si él lo decide. Recatarse es un llamado desesperado a la responsabilidad personal.

Quizá no haya palabra más clara para entender hoy su realidad. Ellos sienten que están en riesgo de “naufragar en sus vidas”. Y no es un riesgo simbólico, es un riesgo real, donde la pobreza, la violencia o las drogas son su boleto en el “Titanic”.

* Presidente de Fundación SES.

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