SOCIEDAD › EL SACERDOTE RESPONDIó EN EL JUICIO LAS PREGUNTAS SOBRE SU SEXUALIDAD

Las puertitas del señor Grassi

Ante el tribunal y respondiendo a la querella, el cura habló sobre erecciones, polución nocturna, masturbaciones y orientación sexual. “Demostramos que ni era complot ni es asexuado”, dijo uno de los abogados.

 Por Horacio Cecchi

Ayer llegó para Grassi el día de las preguntas quizá más incómodas, las que le debían realizar los representantes de las tres partes querellantes: Sergio Piris (abogado del joven conocido con el seudónimo de Gabriel); Jorge Calcagno (representante de Luis G.) y Juan Pablo Gallego, abogado del Comité por los Derechos de los Niños (Casacidn). Ya había superado, sin holgura y con bastante nerviosismo, las preguntas de la fiscalía; ya habían quedado atrás las audiencias que dedicó a dar una versión sobre el complot farándulo-televisivo y de sí mismo una imagen angelical, distanciada del sexo, al que intentó barrer bajo una alfombra de años y de olvido. Ayer, las preguntas de las querellas introdujeron grietas en el andamiaje defensivo y ampliaron –cuando respondió sobre sus intimidades– la brecha entre la devota imagen angelical y las incandescencias del eros y la libido de un Grassi más terrenal.

“Estoy preparado para responder todas las preguntas de la querella”, aseguró Julio Grassi antes de entrar a los tribunales de Morón, donde lo juzgan bajo la acusación de 17 situaciones de abuso sexual con chicos internos de la Fundación Felices los Niños, de la que es titular. Durante la mañana, iniciaron las preguntas los abogados particulares, Piris y Calcagno. “No dio respuestas claras a las preguntas sobre los hechos que se investigan e incurrió en contradicciones que se van a dirimir más adelante”, dijo Piris, en un paréntesis de la audiencia. “Se lo vio nervioso y dubitativo en varias oportunidades e incómodo en otras, sobre todo cuando se refirió a algunos chicos de la Fundación”, comentó Calcagno.

Después, llegó el turno de las preguntas de Gallego. Las dos estrategias, la de la defensa y la de la querella, comenzaron a tomar forma y se ponían en juego, como si en ese momento se definiera todo.

Que el momento era diferente estaba claro desde antes de empezar. Hasta ese momento, todas las partes preguntaron sentados desde sus respectivos lugares. Gallego pidió permiso para hacerlo de pie y mirando al acusado. Tras algunos inconvenientes técnicos como la extensión de los cables del micrófono, etcétera, el querellante obtuvo el permiso y comenzaron las preguntas.

“Primero, quedó en claro que el complot al que se vino refiriendo durante estos días, en los que acusaba a Susana Giménez y a algunos medios, no fue cierto. Esto en palabras de él –dijo Gallego a este diario–. Contrasté todas sus declaraciones con la primera indagatoria que tuvo en esta causa, en enero de 2002, en la que no acusó a Susana Giménez ni a los medios sino que acusó a ex empleados de la Fundación. Con eso quedó en claro que lo del complot era un invento.”

Después, las preguntas avanzaron un poco más. Grassi había dicho el día anterior, a la fiscalía, que hasta los 19 años había tenido “algunos noviazgos”, y que después había hecho los votos de castidad a los 19 y que se mantenía célibe y virgen. Ayer, Gallego encontró una brecha de diez años, un bache. “Estamos en un problema –le dijo Gallego a Grassi–, usted dijo que hizo los votos de castidad en el ’84.” Grassi admitió. “Entonces la cuenta da que los votos los hizo a los 29 y no a los 19.”

Qué importancia tienen diez años más, diez años menos. Al parecer, ninguna. Salvo en las estrategias. “Grassi, todos estos días, estuvo dando de él una imagen angelical y asexuada. Me dediqué a sacarlo de ahí. Y creo que lo logré. Admitió que tiene erecciones como cualquier hombre, que tiene poluciones nocturnas, que se masturba. No tiene nada de malo, en sí mismo no es acusatorio, pero lo saqué de ese terreno donde durante seis días había dado su versión: el complot y la asexualidad. Demostramos que ni era complot ni es asexuado.”

Al término de las preguntas, concluida la etapa de la declaración indagatoria, las querellas pasaron los dos tapes de Telenoche Investiga, utilizados para iniciar el caso. Hoy está prevista la declaración de una de las víctimas.

A la salida, Grassi aseguró a los medios que “soy un hombre normal. No soy pedófilo, no soy homosexual, no soy abusador. Cuando tengan que venir a declarar los peritos no van a poder decir que soy un delincuente”. Se refería a los peritos de Santa Cruz que dictaminaron que tenía “control excesivo intelectual sobre aspectos pulsionales sexuales”, “inmadurez”, “perturbación en el funcionamiento del ego”, y que se notaban “indicadores similares” al “perfil psicológico que poseen los delincuentes sexuales”.

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Grassi vivió ayer su día más incómodo en el juicio que se le sigue por abuso de menores.
 
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