SOCIEDAD › A DOS AÑOS DE SANCIONADA, LA IMPLEMENTACION DE LA LEY DE EDUCACION SEXUAL AUN ES “INCIPIENTE”

Lo difícil de hablar de sexo en la escuela

Representantes del área educativa de todas las provincias se reunieron en el Ministerio de Educación nacional para evaluar la marcha de la ley de educación sexual. Las conclusiones no fueron alentadoras. Algunos ejemplos de las provincias.

 Por Mariana Carbajal

A dos años de la sanción de la ley nacional de educación sexual integral, todavía es “incipiente” su implementación en el país. Esta fue la principal conclusión de la primera reunión federal para evaluar el camino recorrido hacia las aulas, con representantes de la mayoría de las provincias. El encuentro se desarrolló entre el miércoles y ayer en el Ministerio de Educación.

Es decir, finaliza otro año lectivo sin que todos los alumnos del país, desde el nivel inicial hasta el secundario –como marca la normativa—, hayan podido acceder a través de contenidos sistemáticos y transversales a conocimientos básicos para evitar y prevenir el abuso sexual, entre los más pequeños, y un embarazo no planificado o el contagio del VIH entre los prepúberes y adolescentes. Como muestra de las dificultades que debe sortear la educación sexual para llegar efectivamente a los chicos y chicas vale mencionar el caso de Entre Ríos, donde hay una ley provincial desde hace cinco años, desde hace tres existe “una decisión política” de aplicarla y hasta ahora apenas “60 escuelas tienen proyectos institucionales” sobre la temática, según informó ayer la profesora Nora de Clari, coordinadora provincial del Programa de Educación Sexual Escolar.

El proceso de implementación de la ley “es lento con respecto a los países del Primer Mundo. Pero no estamos tan mal si miramos la región, donde en algunos países latinoamericanos y del Caribe la homosexualidad es un delito penal”, evaluó en diálogo con Página/12 el viceministro de Educación, Alberto Sileoni, principal negociador con las provincias de los lineamientos básicos curriculares para la educación sexual integral, aprobados por todas las jurisdicciones a fines de mayo en el marco del Consejo Federal de Educación. Ese programa constituye el piso mínimo que debe llegar a las aulas, tanto públicas como privadas, religiosas y no confesionales, de acuerdo con los niveles educativos.

Sileoni identificó tres denominadores comunes que obstaculizan en distintos puntos del país que la educación sexual integral sea finalmente una realidad en las 45 mil escuelas de la Argentina: “Presiones de grupos conservadores, el hecho de que la educación sexual ocupa un lugar invisible en los ministerios de Educación provinciales y la falta de instrumentos para trabajar el tema con los padres”.

Durante dos días, representantes de veinte provincias compartieron sus experiencias, plantearon los avances en la implementación de programas y las dificultades que enfrentan en sus jurisdicciones. No concurrieron, sin aviso, Mendoza, Neuquén y San Luis; funcionarios de Corrientes no pudieron estar por problemas en el traslado en avión, según se informó. La reunión fue convocada por el Programa Nacional de Educación Sexual Integral, que lidera Mirta Marina, y que es el encargado de monitorear el cumplimiento de la ley, y de generar contenidos para capacitar a los docentes. Marina señaló a este diario que hasta ahora donde más experiencias se observan es en el secundario, y en mucha menor medida en nivel inicial, pero son escasísimas en la primaria. “Todavía la implementación de la ley es incipiente. Y está lejos de ser una política pública”, advirtió Eleonor Faur, especialista en el tema y titular de la oficina local del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa). Antes de llegar a ese cargo, Faur dirigió entre 2007 y 2008 una experiencia piloto de educación sexual en la Escuela Media Nº 2 de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires, que consistió en la formación de los docentes para que pudieran ellos mismos llevar la temática a las aulas. Fue un proyecto del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín. Ayer, en el marco del encuentro, Faur destacó los resultados del trabajo y contó que los alumnos les hacían a los profesores “reproches positivos”: “Decían: ‘¿cómo no nos dieron esto antes?’ y preguntaban ‘¿cuándo va a ser la próxima clase?’ Nos señalaban que cada vez querían más hablar del tema”.

Sileoni precisó que distintos relevamientos realizados por el Ministerio de Educación indican que más del 90 por ciento de los docentes están de acuerdo con que las escuelas den educación sexual integral, pero la mitad dice que no está preparado para darla. En Entre Ríos se entrevistó a unos 6 mil docentes que participaron en 2007 en cursos de formación en la temática. Al inicio de la capacitación, se les pidió una definición de “sexualidad”: casi 7 de cada 10 dieron respuestas “vagas”, como “enamorarse” o “mantener relaciones sexuales”, reveló ayer el profesor Juan Carlos Bourbotte, del Programa de Educación Escolar del gobierno de Entre Ríos. “Desde las provincias nos piden apoyo a la Nación para poder desarrollar los programas porque hay muchas resistencias. Para decirlo en criollo, hay sectores que quieren embarrar la cancha”, dijo el viceministro a Página/12.

Los lineamientos básicos curriculares fueron aprobados por unanimidad seis meses atrás y definen lo que todos los alumnos del país tienen que aprender. Las temáticas deben adaptarse a la edad de los alumnos. Algunos de los “aprendizajes comunes y obligatorios” se refieren a las distintas formas “de organización familiar”, el respeto a la intimidad propia y ajena, la prevención del abuso sexual, las relaciones de género entre varones y mujeres, el respeto por la diversidad de identidades, y la necesidad de luchar contra las discriminaciones y los estereotipos. En el ciclo básico del secundario los estudiantes deberán conocer, entre otros aspectos, “todos los métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad existentes” y el “análisis de sus ventajas y desventajas”, pero se deberá enfatizar que “el preservativo es el único método” disponible “para prevenir el VIH/sida”, un punto muy criticado por los sectores más conservadores vinculados con la Iglesia Católica.

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El 90 por ciento de los docentes está de acuerdo con la educación sexual, pero la mitad dice que no está preparado para darla.
 
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