SOCIEDAD › INCREIBLE CAMPAñA EN VILLA LURO CONTRA LA PRESENCIA DE TRAVESTIS

“Un arma habla más que mil palabras”

Una volanteada firmada por supuestos “vecinos anónimos” llama a “eliminar” a las travestis en ese barrio. Para eso propone hostigarlas de todas maneras posibles y hasta “dispararles en las piernas”. Las travestis denuncian que ya recibieron ataques.

 Por Emilio Ruchansky

El panfleto apareció debajo de la puerta de las casas de Villa Luro y su contenido invita a pensar si realmente se han ido los dinosaurios, a 33 años del último golpe militar. El encabezado dice “Basta de travestis, basta de inseguridad” y la propuesta central es “echar o eliminar” a estas personas en situación de prostitución que paran en las calles Ramón Falcón, Homero, Rafaela y Escalada porque “ensucian, desvalorizan y arruinan” este barrio porteño. Vale todo: huevos, piedras, botellas, tiros. “Me resulta gracioso, piensan que no vamos a responder a la violencia pero nosotras estamos acostumbradas a defendernos, es algo innato”, le dijo a Página/12, Diana Sacayán, activista del Movimiento Antidiscriminación de Liberación.

La iniciativa parte de un grupo de vecinos anónimos “que se decidió definitivamente a entrar en guerra con estos hombres vestidos de mujer” y cuyo plan de acción es impartir más inseguridad de la que dicen sentir. “Vamos a trabajar en forma anónima y desvinculada, como lo hace el terrorismo –explica el texto–, es decir, no tenemos que juntarnos ni discutir nada, sólo tenemos un objetivo en común, que es eliminar a estos travestis de nuestro barrio; para hacerlo, todo tipo de agresión hacia ellos es válida, cuanto más violenta, más miedo les va a causar y más rápido se van a ir.”

Entre otras acciones, se proponen los llamados masivos al 911, las intimidaciones desde terrazas, balcones y ventanas con huevos, piedras, botellas. “También podemos pedir a amigos y familiares que pasen con autos que no sean conocidos y los agredan”, sugiere el panfleto, que recomienda a “los más osados que saben que un arma habla más que mil palabras” que disparen contras ellas. “Sería muy efectivo para echarlos definitivamente. Claro que esto va para los que tengan un arma no declarada, que luego tiene que ser escondida o desaparecer, un tiro en las piernas no los va a matar y les va a doler.”

El asesinato es la segunda causa de muerte de las travestis en la Argentina, según La Gesta del nombre propio, un informe publicado en 2005 por la editorial de la Madres de Plaza Mayo y elaborado por la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (Alitt). En este libro se relevaron 420 muertes, de las cuales el 60 por ciento se debió al sida y el 17, a los asesinatos. El panfleto contiene una queja insistente por la supuesta inacción policial para reprimirlas; sin embargo, según el informe de Alitt, más del 80 por ciento de las 300 personas encuestadas aseguró haber sufrido persecución y violencia de parte de los uniformados que piden los vecinos anónimos. El promedio de vida de las travestis no llega a los 35 años.

Lorena, una travesti que para en la zona de Villa Luro desde el principio –según ella “a mediados del ’82”– le aseguró a este diario que los consejos son seguidos al pie de la letra. “Nos tiran con piedras desde los autos o lanzan huevos desde los edificios”, contó. Desde que circula el volante travestofóbico, aseguró, las cosas “se pudren” casi todas las noches. Cuando lo vio sintió “mucha impotencia y bronca”. “Encima tenemos que pagar peaje para andar por la calle y si no pagamos nos pegan también, es una locura”, se quejó.

En la parada hay entre 30 y 40 travestis argentinas, peruanas y colombianas. Por ahora “y gracias a Dios”, no hubo víctimas fatales. Todas están enteradas del volante, porque la semana pasada aparecieron unos chicos y se los repartieron. “Alguien les habrá pagado para hacerlo, ellos quieren que sepamos, no me cabe duda. Las chicas se pusieron histéricas por este tema”, contó Lorena. “Ni en los ’80, ni los ’90 hubo violencia o problemas como ahora.”

Para el “grupo de vecinos anónimos”, las consecuencias de la presencia de estas travestis, o “villeros del interior”, como también se las menciona, son varias. Ensucian, venden cocaína, hacen que las calles sean más inseguras. “Al estar en la puerta de nuestras casas hacen tranquilamente un trabajo de inteligencia, y así saben todos nuestros movimientos, y tanto a malandras, que tienen como clientes, como a los que tienen como vecinos, pueden venderles información”, justifica el panfleto.

“No es la primera vez que oigo esto, hace tres meses en Tucumán aparecieron afiches pegados en las calles que decían algo parecido, sólo que no eran tan atrevidos”, comentó Sacayán, quien acaba de recibir un premio por su trayectoria de parte de la agrupación Libres del Sur. “Desde la niñez estamos a la defensiva de cualquier tipo de agresión, y no solo de personas, sino de parte de las instituciones. Conocemos la calle desde adolescentes y estamos acostumbradas a esto”, lamentó la activista.

Durante su discurso ante los militantes de Libres del Sur, Sacayán habló de la complicidad y el silencio que rodearon a la dictadura y comparó esta actitud con lo ocurre con la comunidad travesti, “una comunidad hostigada por gran parte de la sociedad y el propio Estado”, subrayó.

“Si sos travesti y este volante llegó a tu sucia mano, tenés dos opciones: una irte del barrio, y otra, hacernos frente con todo el riesgo que eso significa para tu salud”, dice el panfleto. Sacayán se reía mientras este cronista leía la advertencia. “Yo no sé si están preparados para pelear”, dijo después, “porque nosotras sí y sabemos cómo defendernos”.

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Las travestis paran en las calles Ramón Falcón, Homero, Rafaela y Escalada y prometen defenderse.
Imagen: Alfredo Srur
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