SOCIEDAD › EN UNA GUARDERIA SE CUIDA, EDUCA Y SOCIALIZA A 145 CHICOS, HIJOS DE CARTONEROS

Trascartón, hicieron la guardería

La fundación Che Pibe está a cargo de la guardería El Amanecer de los Pibes. Sus padres, antes de salir a recolectar cartón, los dejan al cuidado de educadores, psicólogos, médicos, para evitar que permanezcan en la calle durante la noche.

La fachada nocturna de las dos casas de la fundación Che Pibe, en Villa Fiorito, se ha transformado desde septiembre último. No sólo sus luces se mantienen encendidas hasta altas horas de la noche, sino que además el bullicio y el movimiento ya son parte del lugar hasta el último momento del día. El cambio también se hace evidente en sus habitantes nocturnos, los chicos. No sólo han incorporado nuevos hábitos, sino que han modificado su comportamiento y la forma de relacionarse con los demás de manera muy positiva, contaron orgullosos y emocionados los integrantes de esa organización social, que funcionan como coordinadores en El Amanecer de los Pibes, una guardería para los hijos de los cartoneros de la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros. El proyecto es de educación integral, y alberga a 145 niños. La fundación Che Pibe es la que se encarga de llevar adelante la iniciativa y sus instalaciones funcionan como el segundo hogar de los chicos cuyos papás, durante las últimas horas del día, deben salir a trabajar.

“La alimentación, la higiene, la salud y el juego, como herramientas de aprendizaje, son los cuatro pilares que sostienen al proyecto”, sintetizó Marcela Val, la presidenta de la fundación Che Pibe, una organización que hace 23 años asiste a bebés, niños y adolescentes en las dos casas que tiene en el barrio de Villa Fiorito, en Lomas de Zamora. Trabaja con más de 500 chicos realizando diversas tareas, entre ellas, de contención, alimentación, higiene, talleres preventivos, actividades con los padres, de recreación y excursiones. Así fue como por su extensa trayectoria, la fundación tomó las riendas de esta nueva iniciativa, llamada El Amanecer de los Pibes, que está en funcionamiento desde septiembre último. Es una especie de guardería, que brinda asistencia a 145 chicos todos ellos hijos de los trabajadores que integran la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros, que reúne gente de Villa Fiorito y Villa Caraza, del partido de Lomas de Zamora, y que van a hacer la recolección a la ciudad.

Este proyecto comenzó a gestarse a principios de 2009, en un trabajo conjunto entre la fundación Che Pibe y la cooperativa El Amanecer de los Cartoneros. Si bien el Gobierno de la Ciudad es el que se hace cargo de los gastos operativos de la guardería –tal como lo especifica un convenio firmado entre los grupos de cartoneros y las autoridades porteñas–, “cuesta mucho que haya un debido cumplimiento por parte de la Ciudad, que constantemente se retrasa en los depósitos”, por lo que “el proyecto continúa en marcha gracias al esfuerzo y la lucha constante de la gente de la cooperativa”, afirmó Sergio Val, fundador de Che Pibe.

En el trabajo diario

Como los chicos no pueden ir a trabajar con sus padres a la calle, desde las 17, hasta que ellos vuelven, alrededor de la medianoche, las dos casas de la fundación funcionan como sus hogares nocturnos, donde meriendan, juegan, hacen sus tareas, se bañan, cenan, ven películas o leen cuentos, mientras que a los más chiquitos, al finalizar la jornada, se los hace dormir hasta que sus padres los retiran. “Antes, esos pibes estaban en las calles de la Capital durante toda la noche. La guardería les cambió la vida: ahora cuentan con atención médica, psicólogos, apoyo escolar y talleres”, afirmó Juan Martín Carpenco, integrante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).

Val explica que se trata de un “proyecto integral” porque abarca distintos puntos que son fundamentales en la formación de un chico: además de la alimentación, se incluyen juegos, apoyo escolar, talleres, deportes y el cuidado de la salud. “Cuando ingresaron se les hizo a todos un control médico completo, se actualizaron las vacunas, y a los chicos que presentaban algún grado de desnutrición se los derivó a un centro de atención primaria”, informó la presidenta.

Prácticamente no hay descanso. El Amanecer de los Pibes está en marcha todos los días menos los sábados. Durante las últimas horas del día, esos 145 chicos se distribuyen entre las dos casas de la fundación que están a pocas cuadras de distancia una de la otra. Los dos pisos del Materno Infantil hospedan a los más pequeños, los que tienen entre 45 días y 6 años. En las luminosas y coloridas salas es donde, a cargo de dos educadoras por grupo, realizan los talleres: juegan, aprenden e interactúan. “Si bien esto no es un jardín, muchos de los chicos no tienen la posibilidad de ir a uno por fuera de este proyecto. Por eso acá se intenta cubrir esos huecos”, comentó Natalia Zarza, una de las educadoras a cargo del grupo de entre 3 y 4 años. “Teníamos nenes que no hablaban, no jugaban, pero poco a poco se fueron soltando. La técnica de la musicoterapia nos ayuda mucho para la integración y formación.”

El otro edificio es La Casa del Niño, un lugar para los chicos de entre 7 y 15 años. Allí, también están divididos en grupos según las edades, pero esa división es una de las pocas pautas preexistentes. Si bien cuentan con distintas actividades a desarrollar, también tienen un tiempo para hacer lo que les gusta y dar rienda suelta a su imaginación.

Uno de los mayores desafíos fue hacer que incorporen distintos hábitos, como bañarse a diario, o hacer que respeten algunas normas de convivencia, explicó la coordinadora de la Casa del Niño, Liliana Ortiz. “Es que estos nenes antes hacían lo que querían en esas horas que estaban solitos, no tenían a nadie que los guiara”, relató en medio de las consultas que recibía de los chicos de tanto en tanto.

A Liliana se le llenaron los ojos de lágrimas al hablar de ellos, de sus extraordinarios progresos e ilusiones. “Es increíble ver sus caras de felicidad cuando se festeja algún cumpleaños. No lo pueden creer porque no es algo habitual para ellos”, relató. “También es muy emocionante verlos organizar el campamento” que harán en poco tiempo en Las Toninas. “Es que la mayoría no conoce el mar.” En los casi cinco meses que lleva en marcha el Amanecer, las cosas han cambiado profundamente: “En septiembre, cuando empezamos esto era una batalla campal. Ahora los chicos saben que éste es su lugar y se los nota felices”, agregó.

Educación popular

“Esto no es una guardería. ‘Yo no soy una cosa que se guarda’, le dijo uno de los chicos a su papá”, relató la educadora Natalia Zarza. “Esta es una de las ideas que priman entre todos los integrantes de este proyecto integral de formación”, agregó Sergio Val.

El objetivo es impartir una “educación popular” y para ello “los educadores se tienen que desprender de un montón de ataduras que impone el sistema educativo formal”, sostuvo. En el Amanecer de los Pibes los educadores son polifuncionales y deben adaptarse y actuar en base a la realidad de cada familia. Las personas que trabajan en este lugar “muchas veces deben hacer de enfermeros, en otras ocasiones deben ayudar a los chicos a rendir una materia, ponerles límites, escucharlos, negociar con ellos e incentivarlos”, afirmó Liliana Ortiz, la coordinadora.

El trabajo no está dedicado únicamente a los niños. “También intentamos generar hábitos en los padres; y la verdad que es con los que más cuesta”, afirmó una de las educadoras. No sólo porque “es más difícil trabajar con adultos”; sino también porque “no existen muchas posibilidades de dialogar con ellos respecto de la situación de los niños. Las circunstancias los obligan a no disponer de tiempo”, aseguró.

El Amanecer es una realidad a plazo fijo: el convenio con el Gobierno de la Ciudad vence a fines de este año. Los integrantes de la fundación ven con buenos ojos la posibilidad de continuar con el trabajo. Sin embargo, de las autoridades porteñas depende que estos chicos no vuelvan a la calle. Como así también de ellos depende la creación de proyectos similares que permitan a otros tantos hijos de cartoneros –hasta el momento sin amparo– no quedarse solos durante la noche, y contar con un lugar de contención.

Informe: Rocío Ilama.

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La guardería es necesaria porque permite que los hijos de los cartoneros jueguen y no lo hagan en la calle.
Imagen: Arnaldo Pampillón
 
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