SOCIEDAD › EL MISMO DONDE SE LANZO MACRI

Refugiados en un club

“Me dejaron acá tirada y se lavaron las manos”, dice Paola Ojeda (25) para describir el trato que le brindó ayer el Ministerio de Desarrollo Social de la Ciudad. Tras ser desalojados de las viviendas que ocupaban en Villa Soldati, 102 personas –37 mujeres y 65 chicos– fueron llevadas por el gobierno porteño al club 17 de Agosto, ubicado en Albarello 2935, en Villa Pueyrredón. Las madres denunciaron que les dieron “muy poca comida” y que no hubo un control sanitario –hay embarazadas, bebés de meses y hasta una mujer con “principio de tuberculosis”–. Además, las camas preparadas para pasar la noche eran 60. Hasta anoche no sabían qué sería de su futuro, ya que nadie del Ejecutivo se había hecho presente. Desde la Defensoría General del Poder Judicial porteño definieron el cuadro: “Esto es una desorganización total”.

Una fuente de ese organismo aseguró que los trabajadores del club “se enteraron el mismo día” que debían preparar el lugar para que duerman 100 personas. Todavía no se sabe por cuánto tiempo estarán allí. La institución donde se ubicó a este grupo es la misma en la que el 7 de mayo pasado, Mauricio Macri anunció que buscaría la reelección como jefe de Gobierno en las próximas elecciones.

El contingente llegó al 17 de Agosto cerca de las 14. Desde entonces, según coincidieron las entrevistadas por Página/12, “no hubo más contacto” con funcionarios del gobierno porteño. Allí sólo tenían como referencia a “cuatro empleados”, identificados con camperas de Desarrollo Social que hacían tareas de logística. Este diario consultó a esas personas sobre cuáles serían los próximos pasos pero prefirieron no hablar.

La asistencia a los desalojados consistió en un almuerzo a las 16, que consistió en “un sanguchito de pollo, muy chiquito”, contó Cristina Zabala (59). Cerca de las 19 les sirvieron mate cocido y algunas galletitas. “Es una miseria lo que nos dieron. Con el frío los chicos tienen más hambre. Y en la toma aunque sea nos cocinábamos bien”, se lamentó.

Las mujeres también se quejaron porque no les habían permitido traer sus pertenencias, como por ejemplo colchones, frazadas, ropa y ollas, entre otras, y ahora no sabían cómo las recuperarían. “Nos dijeron que acá nos daban todas cosas nuevas”, contó Zabala, pero según una fuente de la Defensoría no había ropa de cama “para todas las personas alojadas”.

La fuente de la Defensoría enumeró: “No saben si les van a dar transporte para llevar a los chicos a la escuela –casi todos asisten a la primaria en Flores o Soldati–, no entregaron leche ni pañales, no las revisó un médico, y una mujer por su cuenta fue al hospital porque se descompuso y se enteró hoy que tiene tuberculosis”. El lugar, preparado para que pasen la noche, cuenta con 60 plazas, por lo que “no sabemos dónde va a dormir el resto”, agregó.

Un funcionario de la Defensoría, que recorrió los distintos paradores, definió la situación: “Esto es una desorganización total. Desde el 17 de mayo estaba la orden de la Corte para el desalojo y hoy (por ayer) no sabían dónde llevar a la gente”.

Informe: Leonardo Rossi.

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Imagen: Luciana Granovsky
 
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