SOCIEDAD › DOS GRUPOS PELEARON POR DEFENDER A UN DISCAPACITADO Y LA POLICíA LOS REPRIMIó A TODOS

Una batalla campal en plena Rambla

Todo se inició con un incidente menor con un cuidacoches, una inoportuna intervención policial, que agredió a un discapacitado, la reacción de turistas y la intervención de otros, que participaron sin saber de qué se trataba.

 Por Carlos Rodríguez

Desde Mar del Plata

Jonathan Carballo es un marplatense muy conocido en la zona de la playa Popular, a la que se llega caminando por la peatonal San Martín. Aunque se moviliza en una silla de ruedas o en un triciclo con motor que es su vehículo para cubrir distancias largas, se gana la vida como cuidacoches, pero su verdadera misión en la vida es la de animador. En eso estaba el primer día del año, como siempre, piropeando a las turistas, haciendo bromas y de paso, juntando algunos pesos. Nadie sabe muy bien por qué, de repente se vio envuelto en una batalla campal en la que abundaron las piedras y las botellas voladoras, algún striptease forzado o mujeres arrojadas al piso arrastradas de los pelos –por “mano policial”– como dicen que ocurría en la Edad de Piedra, y hasta la triste escena de un adolescente down llorando sobre la acera con los ojos irritados por el gas pimienta que arrojaron “las fuerzas del orden” para “calmar las cosas”, como se dice frente a hechos que son incomprensibles e inexplicables. Como corolario se escucharon varios disparos de bala de goma y entrada la noche, un carro policial se llevó a Carballo “demorado” por promover disturbios en la vía pública. Además de gritar su nombre ante una pregunta de Página/12, mientras se lo llevaban, Carballo dijo que la herida sangrante que tenía en el rostro era “del oficial”, como decía una vieja canción de Sui Generis.

Los disturbios se iniciaron sobre la Rambla, en la tarde-noche del domingo, a partir de alguna expresión de Carballo mal recibida por algún novio celoso o por un tercero en discordia más papista que Benedicto. Primero llegaron unos pocos policías, que maltrataron al hombre sentado en su silla de ruedas. Algunos jóvenes comedidos saltaron a defender al discapacitado y allí comenzaron las primeras escaramuzas. Como los polis quedaron en inferioridad numérica, recordaron aquello de “soldado que huye...” y se cruzaron a la vereda de enfrente, a esperar refuerzos. Ya habían entrado en escena los palos, los golpes y las escopetas amenazantes, prontas a disparar balas de goma. Y comenzaron a volar las piedras del lado del mar, respondidas desde “la vereda policial” por otros jóvenes que no sabían bien de qué se trataba la cosa, pero pensaron que arrojar piedras y botellas es muy copado a esta altura del año.

Cuando este diario preguntó a los artilleros del lado policial por qué hacían lo que hacían, algunos respondieron: “Porque le quisieron robar la plata a un discapacitado”. En suma, todos defendían al discapacitado de la silla de ruedas, pero se peleaban entre ellos, como si disputaran el título de custodia oficial de Carballo. En eso estaban cuando llegaron los refuerzos policiales, que sacaron una simple conclusión: “Si todos defienden a Carballo, hay que pegarles a todos”. La primera en caer fue una mujer que venía cruzando la calle, procedente de la playa Popular, con un pantaloncito corto y blanco y un top a la moda. La pobre señora quiso resistirse y fue arrastrada al piso por un brazo uniformado que salía de un patrullero. En la caída perdió el top y su desnudo superó en audacia al de cualquiera de los que se hacen en el caño de Showmatch. La mujer pudo levantarse y superar la humillación mirando fijo a los ojos al único fotógrafo presente.

Una mujer joven reaccionó frente a la afrenta sufrida por su par de género y comenzó a arrojar piedras contra los policías. El problema se dramatizó cuando la policía comenzó a disparar balas de goma. La mujer joven fue arrastrada por el suelo, tomada de los pelos, con la misma impiedad con que la señora del top había sido mancillada. La batalla llevaba cerca de una hora y seguía sin que nadie le pusiera freno. Pasadas las ocho de la noche, se interrumpió totalmente el tránsito. Durante el combate, muchos colectivos pasaron por la línea de fuego con los pasajeros agachados para evitar posibles impactos. El tránsito por la zona es intenso, porque corren paralelas la calle Buenos Aires y el Boulevard Marítimo, como si fueran la 9 de Julio de Buenos Aires.

En la madrugada de ayer, en la zona del Casino, Carballo y su silla de ruedas fueron detenidos por personal a bordo del patrullero de la Bonaerense chapa KJQ 929. Los amigos y compañeros de tareas de Carballo dijeron que “los que le pegaron son policías que llegaron de afuera para el Operativo Sol. Nosotros no tenemos problemas con la policía local, porque nos conocen a todos y saben que no jodemos a nadie”. El parte policial sólo habló de desmanes provocados por “grupos de jóvenes”. Dijeron que hubo “siete demorados y dos policías heridos”. Ni una palabra del adolescente down ni de la mujer que quedó en tarlipes en el medio de la calle.

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Los turistas fueron golpeados por la policía, que les tiró de los pelos y terminó arrojando gases.
 
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