SOCIEDAD › COMO SEDUCEN A LOS ALUMNOS LAS FACULTADES DE EE.UU.

Universidades cinco estrellas

Por Isabel Piquer*
Desde Nueva York

¿Cómo? ¿Que la universidad no tiene ni jacuzzi ni discoteca ni acuario ni servicio de manicura ni pista de hielo? Pues no interesa. Los estudiantes estadounidenses se han vuelto muy exigentes a la hora de elegir facultad, pero sus criterios de selección son cada vez menos académicos. En un país donde una carrera universitaria puede costar tranquilamente 100.000 dólares, los centros están dispuestos a satisfacer todos los caprichos y exigencias de sus clientes y ofrecerles las instalaciones más lujosas. La competencia llega a extremos insospechados.
Antes bastaba con tener una buena biblioteca, un laboratorio ultramoderno, una pista de atletismo, un clima agradable y la proximidad de un gran centro urbano. Ya no es el caso. Las universidades, sobre todo las de menor reputación, han decidido recurrir a otros alicientes. “Los estudiantes quieren quedarse impresionados”, comentaba al New York Times Michael Livingston, vicerrector de la Universidad de Cincinnati.
Es una cuestión de dinero y movilidad. Estudiar en Estados Unidos es una inversión y el aspirante a universitario está dispuesto a mudarse al otro extremo del país para sacarle el mayor rendimiento. Normalmente los padres empiezan a ahorrar cuando nacen sus retoños, con la vaga esperanza de que lleguen hasta la facultad. Muchos jóvenes también recurren a créditos desorbitados, sabiendo que deberán hipotecar sus primeros años de vida profesional pagando la deuda de sus inversiones académicas. Así que, puestos a pagar, por lo menos que lo pasen bien.
El resultado es que los campus se parecen cada vez más a parques de atracciones y hoteles de lujo. Los estudiantes de la Universidad de Wisconsin, en Oshkosh, tienen acceso a masajes, manicuras y pedicuras. Los de la Universidad del estado de Washington se jactan de tener el mayor jacuzzi de la costa oeste.
La Universidad de Houston acaba de gastarse 53 millones de dólares en un “centro de bienestar” que incluye un muro de entrenamiento para escalada. “Todos dicen que se parece a un balneario”, comentó Kathy Anzivino, coordinadora de las actividades del campus.
La Universidad de Indiana, en Pennsylvania, tiene un simulador que recrea las colinas de 52 campos de golf de todo el mundo. La vecina universidad estatal cuenta con dos salas de baile, tres galerías de arte, una sala de cine con sonido digital y un gigantesco acuario de agua salada con un amplio despliegue de corales de todo el mundo. La de Cincinnati se va a gastar 200 millones de dólares en algo muy parecido a un centro comercial donde se podrá tomar café en sus muchas terrazas.
La Universidad de Ohio ha gastado 140 millones en un complejo deportivo de 65.000 metros cuadrados, donde se dan hasta clases de piragüismo y rafting. Se quedará pequeño si la Universidad de Mississippi del Sur se lanza a construir un miniparque acuático, con cascadas y un río artificial y una cama mojada, una superficie plana de agua donde los estudiantes pueden tomar el sol sin padecer los efectos del calor.
“Es como una carrera armamentista –aseguraba Clare Cotton, presidenta de la Asociación de Institutos y Universidades Independientes de Massachusetts–. Desde fuera parece algo completamente loco, pero pensamos que es necesario.”
Para financiar estos lujos, las universidades se han endeudado considerablemente. En los primeros trimestres de este año, las facultades públicas y privadas habrían emitido bonos por valor de 12.000 millones de dólares, tres veces más que en 2000. Los nuevos gastos han repercutido en el costo de la enseñanza. Pero los estudiantes, que suelen participar en la decisión de los proyectos, parecen dispuestos a apoyar los riesgos económicos.

* De El País. Especial para Página/12.

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